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El piojo

En su momento fue considerado como la gran promesa argentina destinada a recuperar el título mundial que, años antes, habían lucido orgullosamente Pascual Pérez y Horacio Accavallo cuando reinaron en la categoría de los moscas. Sin embargo nunca llegó a pelear por ese título sino que lo hizo por una división menor, creada tiempo después de aquellos ilustres reinados. Pero lo que motiva esta evocación es que en su trayectoria deportiva dejó grabado a fuego un nombre, nuestro nombre: Pehuajó, ciudad que visitó en varias ocasiones.

RODRÍGUEZ

Rodolfo Gregorio Rodríguez, dado que de él se trata, nació el 23 de agosto de 1954 en Paraná, Entre Ríos, pero cuando tenía apenas un año de edad, su familia se mudó a Isidro Casanova perteneciente al partido de La Matanza, en el Conurbano bonaerense. Allí creció y aprendió a defenderse en riñas callejeras cuando, siendo lustrabotas, terminaba disputando a los puños el mejor lugar para desarrollar su tarea que no era otro que la puerta del bar más concurrido de ese momento.

De baja estatura y un peso que no llegaba a los 50 kilogramos, fue admitido en un gimnasio a donde concurrió para dedicarse al boxeo, y aunque a los pocos meses lo abandonó, cansado de entrenar y no pelear, tiempo después comprendió razones y retornó.

Así comenzó su camino en el pugilismo.

AMATEUR

Lo más difícil de conseguir fue que su madre le firmara la documentación para autorizarlo a pelear, dado que tenía 16 años y era menor de edad. Pero una vez conseguida la firma, quedó despejado el camino hacia el debut como boxeador amateur, el cual se produjo el 25 de enero de 1971 cuando le ganó por puntos a Saturnino Centurión, iniciando a partir de entonces, una muy importante trayectoria.

PEHUAJÓ

En 1973, el técnico cordobés Armando Marchisio se radicó en Pehuajó y con él comenzó una gran etapa en la historia del pugilismo lugareño. Por su intermedio llegó a nuestra ciudad el salteño Américo Marino Suárez, y al poco tiempo también fue un pehuajense más. Aquí realizó cinco peleas exitosas y ante la exigencia de elevar el nivel de sus rivales, se pensó en un muchacho con quien Américo había peleado en tres ocasiones y, tras dos empates en los primeros enfrentamientos, la tercera pelea había dejado a Suárez con la sangre en el ojo y ansias de desquite ante una derrota por decisión de los jurados. Ese muchacho era Rodolfo Gregorio Rodríguez.

LA RIVALIDAD

En septiembre de 1972, Suárez y Rodríguez habían combatido en el Luna Park de Buenos Aires, registrándose un empate en las tarjetas luego de una muy pareja pelea. Un mes después volvieron a combatir sin sacarse ventajas y otra vez los jurados fallaron empate. Esta situación generó que ya no despertara interés una nueva pelea, pero cuando el entrerriano se trasladó a Tres Arroyos, donde combatió varias veces como local, se hizo la tercera pelea entre ambos. La misma se llevó a cabo en enero de 1973 y le fue otorgada la victoria a “el Piojo” Rodríguez, como lo conocían en su barrio de la infancia.

Por eso Suárez pedía un desquite y Pehuajó le dio esa posibilidad.

FRENTE A SUÁREZ

El 17 de noviembre de 1973, Américo Suárez y Rodolfo Rodríguez se enfrentaron en el gimnasio del Club San Martín de nuestra ciudad, donde al cabo de cinco ardorosos asaltos, la victoria le fue otorgada al local, con lo que se equilibró la rivalidad, con un triunfo para cada uno y dos empates. Siempre dentro del campo amateur.

Quedaron ganas de volver a verlos frente a frente, máxime por lo que habían brindado en las peleas anteriores, donde a pesar de los errores propios de la inexperiencia y de no haberse consolidado debidamente como grandes boxeadores todavía, eran reconocidos valores de gran proyección futura y ofrecieron siempre un muy buen espectáculo, buscando la victoria desde el mismo inicio del combate.

OTRAS VISITAS

No sería la única vez que Rodolfo Rodríguez, quien había cosechado grandes éxitos internacionales en campeonatos latinoamericanos y sudamericanos, visitara Pehuajó, pero hubo una pelea que dejó el nombre de nuestra ciudad escrito para siempre en la historia y fue cuando el entrerriano decidió pasar al campo rentado. Porque si bien ese trascendental paso que da un pugilista al hacerse profesional deja marcado en la historia la fecha de ese debut, también incorpora el nombre del lugar donde el boxeador debutó, lo que quiere decir que, si a partir de allí edifica una carrera importante, esa ciudad del debut quedará definitivamente ligada a su trayectoria y será mencionada toda vez que se repase el récord de dicho boxeador.

PROFESIONAL

El 5 de abril de 1974 se produjo uno de los debuts más importantes entre los realizados en este medio y fue el del entrerriano Rodolfo Gregorio Rodríguez, quien por entonces era un muy conocido valor para los pehuajenses, dado que había combatido frente al crédito local Américo Marino Suárez, obviamente en el campo amateur. Por ello y teniendo en cuenta lo demostrado por el litoraleño, se esperaba con sumo interés el debut. El mismo se llevó a cabo en el gimnasio del Club Atlético General San Martín, en una velada donde se presentaron, entre otros, el bolivarense Héctor López ante el bragadense Carlos “gato” Olivera que luego sería campeón argentino profesional y el local Américo Suárez que enfrentó en el semifondo a Hugo San Miguel de 9 de Julio.

El rival elegido para Rodríguez fue José Izquierdo y la pelea duró tres asaltos, pero podría decirse que, dada la superioridad del entrerriano, la misma se había definido mucho antes. Sin embargo, la estadística dirá que Rodolfo Rodríguez ganó por abandono en el tercer asalto e inició una campaña en la que alcanzaría los títulos de campeón argentino y sudamericano en las categorías mini mosca y mosca y llegaría a ser retador oficial al título mundial.

CHANCE MUNDIALISTA

Dos años después de su debut, cuando tenía 22 años de edad y atesoraba un invicto de 24 peleas, con 23 victorias (7 de ellas antes del límite) y un empate, surgió la posibilidad de combatir por el título mundial de la categoría minimosca en la versión del Concejo Mundial de Boxeo (CMB), en cuyo ranking mundial el entrerriano ocupaba el tercer lugar.

La flamante categoría no tenía campeón vigente por lo que su rival también era aspirante. Se trataba del venezolano Luis “Lumumba” Estaba, un boxeador longilíneo de buena técnica y eficaces desplazamientos sobre el cuadrilátero que, en ese momento, tenía un récord de 42 peleas como profesional, con 33 victorias (23 de ellas por fuera de combate), 2 empates y 7 derrotas. Un pugilista que, legalmente, acusaba 35 años, aunque muchos dudaban de ese número.

LA PELEA

La pelea, programada para el 26 de septiembre de 1976, se pactó a 15 asaltos y tuvo como escenario el Nuevo Circo, en Caracas, Venezuela, donde el morocho caribeño era local.

Los argentinos habían depositado grandes esperanzas en el pequeño gladiador entrerriano por su condición de invicto, su entrega por el espectáculo y su estilo combativo a ultranza. Pero su rival no era conocido ni por Rodríguez y cuando éste lo conoció ya era tarde. Lumumba dominó el comienzo del combate con un boxeo de buen estilo, peleando desde afuera y desplazándose correctamente hacia lo laterales para dejar permanentemente a Rodríguez sin objetivos de ataque, lo que pareció enfurecer al argentino que, olvidándose del plan cauteloso a aplicar en un principio, salió dispuesto a perseguir al moreno buscando asestarle golpes por donde pudiera, y ello benefició al planteo del venezolano. Se fueron así nueve asaltos, pero en el décimo el entrerriano logró alcanzar al rival y castigarlo, dándolo todo en búsqueda de una definición categórica que decidiera el pleito. No alcanzó. Sobre el final, Rodríguez perdió su protector bucal y cuando detuvo su accionar esperando que el árbitro parara el combate para que pude volver a colocárselo, Lumumba aprovechó y lo castigó y hasta le abrió una herida en el rostro, lo que enfureció a todo el rincón argentino porque vieron claramente un cabezazo. Esto generó que, aun después de la campana, siguieran trenzados ambos boxeadores. De hecho, cuando el árbitro intentó forzar la separación, terminó en el suelo. Todo se tornó desordenado y confuso, pero la pelea no seguiría. El médico subió a ver a Rodríguez y determinó que por la herida que tenía, no podría continuar y se declaró ganador al venezolano por knock out técnico al considerar que esa herida había sido producto de golpes lícitos.

LA TRAYECTORIA

Rodolfo Rodríguez fue un boxeador netamente ofensivo, de buen respaldo físico y capacidad aeróbica como para poder mantener un ataque constante sin dar respiro al adversario y no dejarlo pensar, pero no tuvo la potencia suficiente en su pegada como para definir sus combates, de hecho, solo un 20% de sus victorias fueron antes del límite. Y si bien, tras aquel frustrado intento mundialista en Caracas no volvió a combatir por el título ecuménico, prolongó su carrera hasta 1984 completando 93 peleas como profesional, dilatada trayectoria en la que fue rival de figuras como Santos Laciar, Gustavo Ballas, Ramón Balbino Soria, Miguel Lazarte, Carlos Escalante, Héctor Patri, el español Ángel Lois Fernández y el venezolano Betulio González, entre otros.

Un grande que dejó incorporado el nombre de Pehuajó en la historia del boxeo profesional argentino.

Roberto F. Rodríguez.

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