Deportivas

Curiosos casos de otros tiempos

El boxeo, como una de las actividades deportivas preferidas por los argentinos y con millones de seguidores en el mundo, ha tenido etapas de impresionante predicamento en todo el planeta, debido a la presencia de grandes figuras del más alto nivel en diferentes categorías. Figuras cuyas imágenes eran conocidas debido a la justificada fama y por la existencia de apenas 8 categorías. Es decir: a principio de los años ’60, con la solitaria presencia de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), solamente había 8 campeones mundiales reinando sobre el planeta pugilístico: mosca, gallo, pluma, liviano, medio mediano, mediano, medio pesado y pesado.

DEMASIADOS CAMPEONES

Pero poco a poco empezaron a aparecer otras entidades, entre las que el Concejo Mundial de Boxeo (CMB) tuvo un exponencial crecimiento, lo que sumado a la aparición de nuevas divisiones como las de peso mínimo, mini moscas, super moscas, gallos juniors, plumas juniors, livianos juniors, medianos juniors, supermediano, crucero, etc., etc., empezó a perderse la cuenta de quienes y cuántos eran los campeones. Por ejemplo: con cuatro entidades rectoras y 17 categorías, el boxeo, llegó a tener 68 campeones vigentes, lo que atentó contra la esencia piramidal de clasificación de calidad.

Hoy, y aun cuando contamos con una tecnología en comunicación absolutamente impensada hace años, es muy difícil conocer a todos los campeones y a sus principales retadores en cada categoría. Algo que no ocurría hace más de medio siglo cuando solo había 8 titulares en cada división.

Sin embargo, lo que ocurría antes, es decir a principio de la centuria pasada, estaba directamente emparentado con el tema comunicacional. Y es el punto al que pretendo referirme.

OCULTANDO IDENTIDAD

En ese tiempo, cuando los medios de comunicación no tenían una llegada masiva a todo el territorio nacional y, por ende, las imágenes de los grandes boxeadores de aquel tiempo no eran difundidas en el país, muchos de ellos, aprovechando esa particular “ventaja” solían presentarse en distintos festivales boxísticos realizados en el interior, pero haciéndolo con nombre “falso” o un nombre de “guerra” que ocultaba su verdadera identidad y en especial su fama y condiciones pugilísticas. Por tal razón no les resultaba difícil que, siendo tratados como verdaderos desconocidos, se le organizara un combate frente al crédito local, por el jugoso premio de una importante bolsa obtenida de la recaudación. Naturalmente y para sorpresa de la afición, el triunfo era para el ignoto visitante quien ya no volvía por esos lares aun cuando se le prometiera otra muy buena bolsa.

Con el tiempo, los grandes campeones y principales figuras del boxeo nacional se vieron impedidos de realizar esta maniobra por el conocimiento general que para entonces se tenía de ellos aún en los lugares más apartados, pero la posibilidad de continuar con ese viejo sistema quedó en poder de los profesionales de segunda o tercera línea, poco conocidos en el interior del país.

UN CASO EN PEHUAJÓ

En julio de 1965 se presentó en las instalaciones del Club Deportivo Argentino de nuestra ciudad, el gallo Juan Carlos Montevero, un boxeador que había tentado suerte en el campo profesional, pero había sido noqueado en dos ocasiones por el gran Pascual Pérez, ex – campeón mundial mosca y quizá el más grande boxeador argentino de todos los tiempos.

Montevero, siendo profesional y aparentemente inactivo en ese campo por entonces, fue presentado en Pehuajó como un experimentado amateur y debió enfrentar al ascendente local Rafael “Cacharro” González, notable valor que mostraba día a día grandes progresos. Cacharro contaba con 17 años de edad y su foja apenas superaba una de cena de peleas entre aficionados, pero su calidad era notable y, haciendo gala de ella, apoyándose en su juventud y en un muy superior estado atlético, no tuvo inconvenientes en superar a su rival, desbordándolo y venciéndolo antes del límite.

EN TRENQUE LAUQUEN

Otro caso similar ocurrió en la ciudad de Trenque Lauquen en el transcurso del año 1976, cuando se presentó allí el medio pesado Julio Cuellar, quien tenía licencia profesional y combatió como amateur ante el local Abel Bruer, quien lo venció por puntos.

Bruer, llegó a ser representante del Club Calaveras de nuestra ciudad cuando obtuvo el título nacional amateur llamado: “Campeonato argentino de los trabajadores” en 1974.

IMPOSTOR

Pero el caso más curioso ocurrió también en Trenque Lauquen, aunque se relaciona directamente con la historia de nuestro pugilismo, habiendo dado origen a un episodio anecdótico que no muchos conocen y que alguna vez evocamos a través de “Puños Pehuajenses”, columna sabatina que publicó semanalmente NOTICIAS a principio de la primera década de este siglo.

A diferencia de los dos casos anteriores, no se trató de un tema de ocultamiento de categoría sino de identidad.

Fue el 7 de febrero de 1969 durante un festival que contaría con la presencia de varios de los principales pugilistas amateurs de la ciudad organizadora en aquellos días, vale decir: Juan José “Pepillo” Gómez; Hugo Tacunau y Hugo “Mono” Gómez, entre otros, hallándose previsto además un doble fondo estelar a cinco rounds de dos por uno, peleas éstas que serían protagonizadas por el pehuajense Luis Figueroa ante Carlos Estrada de la ciudad de Luján, y por el reconocido liviano local Ángel “Huracán” Rincón ante otro representante de Luján, en este caso, presentado como Carlos Diógenes.

EL FESTIVAL

El festival se desarrolló con absoluta normalidad en lo que respecta a los combates preliminares y peleas de semifondo, pero al llegar el turno de Figueroa, se produjo una situación inesperada: El pehuajense subió al ring y recibió el saludo de todo el estadio, público ante el que ya había combatido en varias oportunidades dejando siempre una muy buena imagen. Su rival también ascendió al cuadrilátero y todo pareció normal hasta que el árbitro los llamó al centro de la escena para impartir las instrucciones de rigor. Grande fue la sorpresa de Luis cuando al tener frente a su rostro al supuesto Carlos Estrada, advirtió que en realidad quien estaba frente suyo era nada menos que el reconocido profesional Héctor Morales de la ciudad de Luján. No cabía duda alguna. Además, casi tres años antes y cuando Morales ya había tramitado su licencia profesional, ambos se habían enfrentado en la ciudad de Bragado. En aquella oportunidad Luis estaba en un excelente nivel y se registró un empate, pero el recuerdo de aquel duro combate había quedado lo suficientemente grabado en su memoria como para reconocer inmediatamente a Morales cuando lo viera. Sin embargo, Luis escuchó las indicaciones del árbitro y regresó a su rincón sin decir palabra al respecto.

HÉCTOR MORALES

A esta altura resulta válido recordar que, tras una interesante campaña amateur, Héctor Morales, nacido el 1 de enero de 1945, había debutado como profesional en la Capital Federal, perdiendo por puntos ante Antonio Romero, pero al culminar el año 1968 su récord profesional era de 23 peleas, de las que solo había perdido 5, todas por puntos, habiendo combatido con ascendentes figuras de aquellos años como el pampeano Mario Paladino y Juan “Yanny” García, entre otros. Naturalmente, Luis sabía que otorgaba grandes ventajas, puesto que debía enfrentar a un profesional que venía actuando de menor a mayor y llegaba al combate en muy buen nivel, además de estar acostumbrado a disputar asaltos de 3 minutos, lo que hacía prever que, al realizarse esta pelea con rounds de solo dos minutos, no tendría inconvenientes en mantener una ofensiva constante en razón de sobrarle respaldo aeróbico. La situación era sumamente difícil, pero tampoco podía darse el lujo de negarse a combatir y desatar un escándalo, por lo que Luis decidió cortar por lo sano y encontró una solución.

LA PELEA

La campana los llamó a combatir y como era de prever, Morales (quien para todos los presentes era Carlos Estrada) se fue encima de Luis. El pehuajense no rehuyó la lucha y lo esperó a pie firme. Aguantó las primeras manos y cuando pudo, lo amarró. En ese momento y cuando estuvo pegado a él, Luis le dijo al oído: “Sé que sos Héctor Morales. Sos profesional y si intentás ganar te denuncio.”. El árbitro los separó y en el próximo amarre, Morales le dijo al oído: “No te preocupes que vamos a empatar”, pero Luis le replicó de inmediato: “Nada de empate. Acá gano yo o te denuncio”. A partir de allí Morales cambió el plan de pelea y solo se limitó a defenderse, contragolpeando esporádicamente. Luis mantuvo la iniciativa el resto de la pelea y terminó imponiéndose por puntos según el fallo de los jurados. Ambos protagonistas se saludaron en el centro del ring y Figueroa agregó en su frondoso récord, una destacada victoria ante Carlos Estrada. Nunca más se volvió hablar del tema.

Episodios curiosos que jalonan nuestra historia deportiva y que me tomé el atrevimiento de evocar como para mantener fresco su recuerdo.

Roberto F. Rodríguez.

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