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Dicen que fue el mejor

Hace mucho que ya no está en esta tierra y sin embargo su figura se agiganta día a día. Muchos dicen que fue el mejor, el más completo. Y no me atrevo a discutirlo porque, como me ocurre con algunas otras figuras de nuestro deporte, la admiración que data de mis tiempos de niñez, cuando los veía como gigantes, difícilmente me permita tener la objetividad necesaria. Pero visto a través del tiempo, coincido en que Ángel Planes reunía la gran mayoría de los atributos necesarios para ocupar tan ingrata posición en el fútbol.

Iniciado en las divisiones menores del Club Unión de Curarú, fue llevado siendo un adolescente a Estudiantes de la Plata, incorporándose a dicha institución con mucha incertidumbre ante todo lo nuevo que se presentaba frente a sus sorprendidos ojos.

Eran tiempos donde el albirrojo platense comenzaba a sumar protagonismo con un plantel que luego ganaría el campeonato Metropolitano de 1967 y llegaría a lo más alto del plano internacional de la mano de Osvaldo Zubeldía en los años inmediatos. Una institución que no tenía problemas de arqueros porque contaba con pibes que miraban con admiración al Flaco Poletti, dueño del arco pincharrata, y entre los que estaban Gabriel “Bambi” Flores, Carlos Leone, Oscar Pezzano y Héctor “Chocolate” Baley, alimentando el sueño de reemplazarlo alguna vez. Con el tiempo, todos llegaron a ser grandes arqueros profesionales y fue precisamente a esa troupe de arqueros en crecimiento a la que se sumó Ángel Planes a mediado de los años ’60, pero enseguida retornó a su lugar en el mundo, al contacto con su gente y con las actividades que tenía acostumbrado realizar.

Poco después, Pehuajó vio a Maderense coronarse campeón en 1967 cuando todo parecía indicar que iba a serlo Calaveras debido a su delantera contundente y goleadora.

Para el año siguiente el Cala aumentó el poder ofensivo con nuevas incorporaciones, consolidó el medio campo con la promoción del juvenil Osvaldo Carrica, y fortificó su defensa con la experiencia de Luis Flores, pero tras los dos primeros partidos, el talón de Aquiles estaba en el arco. El campeonato estaba en marcha y el libro de pases a punto de cerrarse. Calaveras necesitaba un arquero para salir campeón.

Se supo que en Curarú había un pibe que había estado en las divisiones menores de Estudiantes de La Plata. Nadie sabía si mucho o poco, aunque estimaban que no demasiado debido a que solo contaba con 16 años, lo cual también parecía un obstáculo para quienes querían traerlo. La necesidad inclinó la balanza y fueron a buscarlo. Costó encontrarlo porque andaba perdido por los campos cazando liebres y cuando lo vieron, poca pinta de arquero tenía, aunque su estatura era más que respetable. Lo trajeron.

El 16 de junio de 1968 debutó en Calaveras. Fue en cancha de Boca ante Deportivo y su equipo ganó por 4 a 2, aunque todos hablaron del pibe que atajó para el vencedor porque en verdad había sido la figura del partido. Sereno, con buen dominio del área y mucha seguridad, el arquerito de Calaveras se había llevado todos los elogios.

Ratificó sus condiciones durante el año y Calaveras fue campeón con un equipo integrado por: Planes, García, Aveldaño, Flores y  Gromaz; Carrica y Rodolfo Pascual; Ortolachipe, Manuel Hernández, Héctor Hernández y Kilduff, en su formación más habitual.

La confianza y la continua actividad le permitieron levantar su nivel, máxime por tratarse de un arquero que estaba en plena etapa de desarrollo físico y futbolístico, y al año siguiente volvió a ser pieza clave para que Calaveras, con unas pocas modificaciones en el plantel, lograra el Torneo Preparación y el Campeonato Oficial local.

Su actuación resultó tan elogiada que, muy a pesar de su edad, fue convocado para el seleccionado que participaría en el campeonato argentino, en principio, como suplente del experimentado arquero Manuel Carlos.

Se formó un gran equipo que eliminó a Henderson pero, en la fase siguiente y al recibir a 9 de Julio, se sufrió una dura derrota por 4 a 3 en cancha de Calaveras, por lo que para la revancha, hubo varios cambios y el juvenil Planes ocupó el arco albiceleste.

Su actuación en 9 de Julio fue brillante e incluso contuvo un penal cuando estaban 1 a 0, lo que dio más confianza a su equipo que terminó ganando por 3 a 0 y pasando de ronda.

El siguiente rival fue Trenque Lauquen, cuya selección roja era quizá, la más importante de su rica historia futbolística. Pehuajó fue visitante en la ida y el partido resultó muy apretado. Cuando el local ganaba por la mínima diferencia y buscaba ampliar la ventaja para venir tranquilo a Pehuajó, Planes le atajó un penal a De María y todo quedó 1 a 0.

En la revancha, jugada ante una multitud en cancha de San Martín, el 1 a 1 clasificó a los rojos pero el fútbol pehuajense había quedado muy bien parado, mostrando tener un arquero para muchos campeonatos por delante.

No obstante, en 1972, siendo otra vez suplente de Manuel Carlos, vio desde el banco como Carlos Casares se floreaba en Pehuajó goleando al seleccionado albiceleste por 4 a 1 y dejándolo fuera del campeonato argentino en primera ronda. Fracaso total.

Los años’70, aunque sin títulos, mostraron a Planes en buen nivel. De hecho, Rodolfo Fucceneco, recordado volante correntino, ya profesional, con quien había compartido inferiores en Estudiantes, vino a buscarlo pero el querido “Caño” no quiso irse.

En 1975, con 24 años y una madurez suficiente, alcanzó otra vez un alto rendimiento. En ese tiempo fue parte del seleccionado que cumplió la más gloriosa campaña de nuestra historia futbolística, y aunque resignó la titularidad en manos de Jorge Erramouspe, otro gran arquero, Planes ocupó el arco de la selección en los partidos nocturnos.

Fue un año donde la Liga Pehuajense contó con enormes arqueros como Acuña (exSan Lorenzo), Piovoso (exGimnasia y Esgrima La Plata), y otros grandes guardavallas como Landaburu, Ocampo, Estrada y De Antón, por citar algunos.

En 1977 pasó a San Martín, integrando un gran equipo que habitualmente formaba con: Planes, Gorostieta, Báez, Pellegrini y Rojas; Rodolfo Pascual, Alanís e Ibarra; Jaime, Rodolfo Rodríguez y Kilduff, aunque  el conjunto se quedó en la fase clasificatoria.

Siguió su carrera en el fútbol nuevejuliense y retornó al seleccionado albiceleste completando 40 partidos. El último fue en 1979 frente a Tres Lomas en cancha de Boca, donde durante el partido contuvo un penal, el tercero por campeonatos argentinos, pero luego se llegó a una definición con disparos desde los 12 pasos y allí erró el que le tocó ejecutar, despidiéndose de la selección luego de más de 10 años y de una manera que nunca hubiera querido, dado que Pehuajó quedó fuera del torneo en esa tarde.

En 1980 cumplió buena campaña en un equipo de Boca integrado por: Planes, Franghi, Peña, Laporta y Garabito; Mocheggiani, Díaz y Mylek, Juárez, Miguel y Moraga.

Dos años después formó parte del joven elenco de Calaveras que iba camino a  un nuevo título, pero tras interrumpirse el torneo, lo sorprendió la muerte en un accidente laboral en el verano de 1983. Tenía apenas 31 años. Moría el hombre y nacía la leyenda.

Muchos de quienes lo vieron atajar no ahorran calificativos y lo ubican en lo más alto. La memoria nos dice que Ángel Planes fue un arquero de muy buena estatura e imponente estructura física, con músculos fibrosos y elásticos, y una significativa potencia en las piernas como para volar al ángulo más alejado en un movimiento tan felino como espectacular. Decidido y osado solía descolgar centros con una sola mano, asegurando el dominio del balón e iniciando rápidos contraataques. Ágil, mental y físicamente, contaba con grandes reflejos y la capacidad de saber dar los pasos necesarios en la dirección correcta para achicar el ángulo de disparo al delantero que se encontraba ante una pregunta de difícil respuesta: ¿Cómo hacerle un gol a este arquero?

¿Acaso no tenía defectos? Sí, seguramente los tenía como todos. Quizá la falta de confianza en algunos momentos o la timidez natural llevaban a que no tuviera una autovaloración adecuada de sus capacidades. Era mucho más de lo que él mismo consideraba que era. Pero él nunca lo creyó y eso conspiró en su contra.

Lamentablemente, “el Caño” Planes se marchó muy joven tras sufrir una muerte traumática y dolorosa. Fue un hombre humilde, respetuoso en el trato y callado, alguien que se mostró enemigo del protagonismo y la figuración, y que a veces no exhibía su rostro en las fotografías donde generalmente se lo veía con la cabeza gacha, fuera por cábala o timidez, o por ambas cosas.

Un hombre que supo ganarse un lugar en lo más alto de la historia del fútbol lugareño. Para muchos, fue el mejor. Puede ser, aun cuando las comparaciones son odiosas, pero si hay algo que no deja dudas es que Ángel Planes, sacó patente de inolvidable. Para siempre.

Roberto F. Rodríguez.

FOTO 1: En cancha de Boca, donde debutó en 1968.

FOTO 2: Con la gran selección de 1969.

FOTO 3: Despertando el asombro del público en San Martín. Año 1977.

FOTO 4: En Calaveras junto a Julio Acuña en 1969.

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