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El Cabezón Ranciari

José María Ranciari, dado que de él se trata, nació en Pehuajó el 9 de septiembre de 1947, y transitó su infancia en un barrio próximo a la estación del Ferrocarril Sarmiento, aunque del otro lado de las vías, en razón que su casa paterna estaba en calle Gorostiaga nº 620.

Los amplios terrenos ferroviarios lo vieron disputar innumerables partidos informales, en los que, muchas veces, estaba en juego el prestigio futbolístico del barrio, lo que quiere decir que eran partidos a todo o nada.

Sus condiciones para defender la valla, pese a no contar con una elevada estatura, no pasaron desapercibidas y lo llevaron para probarlo en Atlético KDT donde quedó fichado.

KDT

Comenzó a asentarse en la primera albirroja en 1965, luego que KDT obtuviera el bicampeonato de 1963-64. El plantel había sufrido un cierto éxodo de importantes valores, pero aún quedaban referentes como: Jorge Galiani, Oscar Quarteroni, Julio Núbile, José Lanziotti y Nelson Ortelli, a los que se habían sumado jóvenes destacados como el caso de Roberto Aldo Salvatierra, quien poco después debutaría en la primera de Banfield y jugaría luego en Racing y Argentinos Juniors.

Ese año KDT tuvo una campaña aceptable, pero lejos de las dos anteriores, aunque la alegría de esos títulos estaba todavía tan presente que poco afectó el no haber llegado al objetivo común de todos los participantes. El campeón fue Maderense, con Pascual Barbera en la valla, quien al año siguiente pasó a KDT, relegando al juvenil Ranciari.

No obstante, el popular “Cabezón”, como se lo conoce, siguió luchando y, por sobre todas las cosas, entrenando a diario, y así quedó como titular indiscutido a partir de 1967.

LIGA DEL SUR

En 1968 era el dueño del arco albirrojo, pero fue convocado a cumplir con el servicio militar obligatorio de entonces y continuó su carrera en la Liga del Sur, con asiento en Bahía Blanca. Allí se incorporó al Club Sansinena y cumplió muy buenas actuaciones en un equipo que realizó una recordada campaña en una Liga tan competitiva y de elevado prestigio en su calidad de futbolistas.

Pero cuando en 1969 recibió la baja del servicio, retornó a KDT y se incorporó a un gran equipo que fue importante protagonista del torneo.

Lo mismo ocurrió en 1970, cuando KDT ganó una de las ruedas del certamen y accedió al cuadrangular final, llamado Petit Torneo, junto a:  Calaveras (bicampeón 1968-69), Maderense y Progreso de Juan José Paso, tres poderosísimos equipos que dieron vida a un inolvidable certamen que terminó en poder de los de Francisco Madero.

DE SELECCIÓN

El prestigio logrado por KDT en la década del ’60, con dos títulos y varias campañas destacadas, estaba en lo más alto, y el nivel de Ranciari también era muy elevado. De hecho, fue convocado a integrar el seleccionado pehuajense, distinción más que merecida, aun cuando en la Liga local hubiera grandes arqueros como “Maravilla” Mattioli, “Cholo” Etchepare, Ángel Planes y Manuel Carlos, por citar algunos, pero las performances del guardavalla de KDT ameritaban tal convocatoria.

En ese año ’70, Ranciari jugó contra un equipo de profesionales que habían sido enormes glorias de Vélez Sarsfield y luego contra la división reserva de Independiente de Avellaneda.

Su nombre ya estaba en lo alto del fútbol vernáculo.

En 1971 volvió al arco del seleccionado local en un nuevo partido frente a otra división reserva de Independiente, en la que vino el pehuajense Osvaldo Carrica que estaba haciendo su camino hacia la división mayor de los populares rojos de Avellaneda.

LOS GRANDES EQUIPOS

A la hora de mencionar grandes formaciones albirrojas, Ranciari, no duda en afirmar que los dos mejores equipos kadetistas que integró fueron los de 1971 y 1972, hecho que no hace más que reafirmar el predicamento que continuaba teniendo la institución en la nueva década.

Para el torneo oficial de la LPF de 1971, KDT logró formar un gran equipo integrado por: Ranciari, Marcelo Gómez, Jorge Galiani, Alberto Tamburri y Mario Cáliz; Miguel Ladaga, Carlos Ferreyra y Nelson Bernaulle; Oscar Calcagni, Ever José Badariotti y Jacinto Dameno, quienes regularmente eran los titulares.

El equipo clasificó para el reducido final y, al producirse un triple empate en el primer puesto, disputó un segundo minitorneo, triangular, junto a Progreso y Estudiantes Unidos.

KDT tenía todo para ser campeón, pero falló en el partido decisivo al caer en Juan José Paso ante Progreso, encuentro en el que Ranciari le contuvo un penal al goleador del torneo, Miguel García.

EL EQUIPO DEL ‘72

KDT se quedó con el subcampeonato y para el año siguiente, con la incorporación de nuevos valores, en especial los procedentes de Bragado, conformó un equipo que solía alinearse con: Ranciari, Gómez, Galiani, Luis Di Paolo y Robert Steinberg; Ferreira, Jorge Sayavedra y Benedetti; Daniel Jacue, Badariotti y Nelson Bernaulle. Un equipazo.

En esa temporada, KDT jugó una primera rueda en buen nivel logrando 6 victorias, 3 empates y 3 derrotas, pero la mayor diferencia la obtuvo en la segunda rueda donde ganó la misma, obligando a la realización del petit torneo. En esa rueda ganó 9 encuentros, empató 2 y perdió 1. Fue el equipo que más puntos logró a lo largo de toda la clasificación. Sin embargo, en el petit no le fue tan bien y aunque derrotó a Progreso por 4 a 2, cayó ante Deportivo Argentino en un encuentro decisivo. Igual realizó una excelente campaña.

Otra vez el título se escapó por muy poco. Pero Ranciari insiste con que esos dos equipos, los de 1971 y 1972, fueron los mejores que integró, aunque no le resultó fácil decidir porque en las temporadas inmediatamente anteriores como así en las que siguieron, KDT desplegó pasajes de muy buen fútbol, aunque el campeonato no se dio.

ADIÓS A KDT

Ranciari permaneció en KDT hasta la temporada de 1975, su último año en la institución albirroja, cuando el primer equipo solía formar con: Ranciari, Gómez, Ricardo Tevez, Alberto Pellegrini y Héctor Cruz; Jorge Franco, Gil González y Puglia; Pisaco, “Bocha” Alonso y Luis Marchi. La campaña fue discreta y no se obtuvo la clasificación para el cuadrangular final, aunque es justo mencionar que muchos muy buenos equipos tampoco la consiguieron dado que esa temporada ha sido considerada como una de las más altas en calidad y competitividad, aunque esto suene a consuelo.

Culminada la temporada, los dirigentes le indicaron a Ranciari que prescindirían de sus servicios y luego de más de una década defendiendo la valla albirroja, “el Cabezón” se fue del club dejando un grato recuerdo y la mención eterna hacia Jorge Galiani y Oscar Quarteroni, con quienes conformó, durante años, el último bastión defensivo albirrojo.

AZULGRANA

En 1976 pasó a Defensores del Este, cuyo primer equipo estaba rearmándose luego del mayúsculo éxodo sufrido tras el tricampeonato obtenido (1973/74/75). Allí formó parte, como arquero titular, del primer equipo del Defe que, generalmente estaba integrado por: Ranciari; Martino, Vivas, Posse y Medina; Osvaldo Tolosa, Acosta y Ricardo Almirón, Canelo, Rubén Omar Tolosa y Torres, bajo la conducción técnica de una gloria del club: Jorge Moldovián.

José se mantuvo en la institución hasta la temporada de 1978, en la que el equipo azulgrana alcanzó la ansiada clasificación para el hexagonal final que definió el campeonato.

Ese año, Defensores había “repatriado” algunas de sus glorias y solía formar con: Ranciari, Mansilla, Gatari, Héctor Báez y José Luis Rojas; Héctor Alanís, Enrique Romero y Osvaldo Tolosa; Eduardo Canelo, Héctor Elizón y Rubén Omar Tolosa.

Sin embargo, no alcanzaron todos los esfuerzos y el título quedó en manos del juvenil equipo de Calaveras que superó en la final a Maderense.

EL ARQUERO

José María Ranciari decidió retirarse de la práctica activa del fútbol cuando a pesar de las duras batallas protagonizadas, los altos riesgos asumidos sin haber sufrido lesiones y su edad, todavía parecía tener mucho para dar. Pero fue su decisión y es aceptable.

Dejó el recuerdo de un arquero de estilo casi “suicida”, capaz de arrojarse entre un enjambre de piernas y quedarse con la pelota, aun al precio de recibir todos los golpes imaginables. No lo pensaba. Se jugaba. Aún en esos tiempos en los que, como suele recordarse a veces, “…a los arqueros los metían a patadas dentro del arco y nadie cobraba falta”.

Lo mismo cuando tenía que ir a buscar un centro aéreo en su área. Arrancaba desde el arco e iba haciendo un surco a su camino, desparramando a propios y extraños en su afán de encontrarse con el balón. ¿Qué rival iba a pretender cabecear un centro dentro del área chica del popular “Cabezón”? Nadie. Esos eran sus dominios.

A veces resultaba inexplicable como ese hombre, cuyo apellido denunciaba la existencia en su ascendencia genealógica de tanos de sangre caliente, podía llegar a tener la sangre tan fría en los momentos más febriles del partido.

Arriesgado, resuelto, no dudaba en salir con todo si veía que su primer marcador central (último vallado defensivo) iba a ser superado, entonces llegaba a tiempo para quedar mano a mano ante el delantero que entraba solo y tenía lo necesario para cubrir el mayor espacio posible a fin de no darle chances al que pretendía fusilarlo. Después no importaba si la pelota de le daba en los brazos, la cara, las piernas, porque lo verdaderamente importante era que esa pelota no pasara hacia el arco.

Ese fue el gran arquero Ranciari, un pehuajense que hoy transita por los 74 años y merecía esta humilde evocación por todo lo que dio en una de las épocas más gloriosas del fútbol lugareño. Un grande.

Roberto F. Rodríguez.

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