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El Zurdo y el Cacique

Un día como hoy, pero de 1956, se llevó a cabo un combate de boxeo profesional argentino que dejó una huella indeleble para todos los tiempos. Un mojón referencial ineludible, con un antecedente muy cercano por entonces y que fue la primera pelea que protagonizaron estos dos conocidos pugilistas argentinos, dos meses antes del combate estelar de hace exactamente 65 años. Un antecedente sorpresivo porque nunca una pelea sorprendió tanto por su resultado ni dejó tanto fastidio en el público seguido del ídolo vencido. Fue una especie de David frente a Goliat, donde el presuntamente más débil y casi sin posibilidades creíbles de ganar dicha contienda, aseguraba poseer el poder suficiente para lograr la victoria, aun cuando solo podía decirlo porque no podía demostrarlo, ni tenía antecedentes comprobables como para avalar su premonición triunfalista.

Está claro que se trata del enfrentamiento entre Eduardo “Knock Out” Lausse, conocido también como “el Zurdo” y Andrés Selpa, el famoso “Cacique de Bragado”. Una rivalidad que, a diferencia de las otras grandes rivalidades que dio nuestro boxeo, tuvo a casi todo el público inclinado hacia un solo lado: para el lado del “bueno” que, en este caso y sin ninguna duda, era Lausse. Claro que Selpa era el “malo” porque él mismo había elegido ese papel como vehículo de promoción publicitaria. Pero vayamos por parte.

SELPA

Andrés Selpa, nacido el 17 de enero de 1932 en la ciudad de Bragado, provincia de Buenos Aires, era un boxeador de estilo escasamente ortodoxo, sin maniobras de manual y con mucha presencia de la pelea febril y callejera en la que aprendió a desempeñarse con gran éxito, lo que lo convirtió en un rival peligroso para sus ocasionales adversarios. Su buena absorción de golpes, su pétrea mandíbula y la potencia de sus disparos, hicieron que aquel defecto de riñas sin demasiada técnica pugilística no se notara tanto y en cambio lo mostrara como un peleador impredecible.

Desapegado al gimnasio, amigo de la noche y sus atractivas propuestas, aunque éstas representaran un peligro para su carrera deportiva, fue creciendo a fuerza de golpes, alternando buenas y malas bajo el amparo de su juventud.

LAUSSE

Eduardo Lausse, nacido en Lomas del Mirador, el 27 de noviembre de 1927 era, en verdad, todo lo opuesto al rudo peleador bragadense. El Zurdo había hecho un culto del gimnasio y los cuidados, edificando una trayectoria profesional impresionante con resonantes triunfos ante notables excampeones mundiales como Kid Gavilán y Gene Fullmer, aunque nada comparable con su épica victoria, cargada de hondo dramatismo y sangre derramada, sobre el norteamericano Ralph “Tiger” Jones. No obstante, con 28 años de edad y tras haber superado varias eliminatorias para combatir por la corona mundial de los medianos, la chance nunca llegó, y esta circunstancia lo afectó anímicamente. Quizá ésta era la única ventaja que el mundo del boxeo podía haber visto en Selpa, porque, por todo lo demás, el gran favorito era Lausse.

EL RÉCORD DEL CACIQUE

Cuando llegó la primavera de 1956, Selpa tenía un récord con marcados altibajos: 54 peleas profesionales comprobadas, con 32 victorias, 19 de ellas antes del límite, 11 derrotas, 7 empates y 2 peleas sin decisión, lo cual no constituía una cifra de primer nivel, pero los números no son los que pelean sino los hombres y en ello radica una gran diferencia.

Por entonces, esperaba una pelea en Mar del Plata ante Ubaldo Sacco (padre de Uby, quien tres décadas después sería campeón mundial), pero ya sobre la fecha le informaron que la pelea no se hacía. Esta información era una mala noticia porque significaba que no podría hacerse del dinero que había imaginado por esa pelea. No obstante, como le ofrecieron otro combate, la alegría de Selpa fue mayúscula porque la pelea era nada menos que contra Eduardo Lausse, en Bahía Blanca, lo que resultaba ser una posibilidad mucho mayor de alzarse con una muy buena suma de dinero debido a la fama de su rival.

LAS CIFRAS DEL ZURDO

Lausse, aun desanimado porque se le negaba su chance mundialista, aceptó pelear con Selpa porque, conforme a los números del récord del bragadense, no podía representar un gran peligro, máxime por conocer todo lo que se sabía en el ambiente del boxeo sobre su falta de interés en esforzarse en el gimnasio. En consecuencia, la pelea quedó firmada.

El Zurdo contaba con 76 peleas profesionales, de las cuales había ganado 67 (un 88%), definiendo antes del límite, 55 de esas victorias. Además, había sufrido 7 derrotas y tenía 2 empates. Estaba claro que los números eran muy diferentes entre uno y otro protagonista, pero -tal como ha quedado dicho– los números no pelean.

El peleador de Bragado sabía que necesitaba una muy amplia concurrencia de público para que la pelea le dejara un elevado rendimiento económico debido a que el recibiría un porcentaje de la recaudación. Pero se encontró con un problema: en esos días previos a la pelea se había declarado una huelga de repartidores de diarios por lo que no había periódicos que llegaran a la gente. La televisión recién estaba dando sus primeros pasos en el país y, por tal motivo, solo quedaban las radios como medios de comunicación de masivo alcance. Selpa lo entendió rápidamente y puso en marcha el “operativo promoción” visitando las emisoras y haciendo declaraciones altisonantes en desmedro de Lausse, lo que surtió el efecto deseado y más, porque no solo puso nervioso al Zurdo sino también a sus seguidores y a mucho público que apreciaba y respetaba a ese caballeresco peleador a quién consideraban como a un verdadero campeón mundial sin corona. En definitiva, todos querían que Lausse le cerrara la boca a golpes al osado antagonista. Y con ese deseo, muchos concurrieron al estadio a presenciar el combate.

SORPRESA TOTAL

La pelea se llevó a cabo el 10 de agosto de 1956 y desde el mismo comienzo, Selpa comprendió que tenía grandes chances de ganar porque Lausse estaba más preocupado por arrancarle la cabeza que por hacer una mejor pelea que su atrevido adversario. Debido a ello, el Zurdo entró en la pelea sucia y cayó prisionero del singular estilo, si es que se puede llamar estilo, del bragadense.

Selpa hizo su negocio, dentro y fuera del ring y terminó imponiéndose por puntos, no solo por lo hecho sino también por todo aquello que Lausse, una gloria de fama internacional, no pudo hacer cuando se esperaba mucho más de él.

POR LAS CORONAS

Selpa, sin dejarse encandilar por la victoria ante tan encumbrado rival, vio rápidamente el negocio que tenía en sus manos y se encargó de conseguir una revancha, aunque ya con los títulos argentino y sudamericano de los medianos que, por entonces, ostentaba Lausse.

Así se acordó la pelea titular para el 13 de octubre de 1956. El bragadense redobló la apuesta y elevó la temperatura de sus declaraciones, calentando mucho más el ambiente popular de lo que estaba en Bahía Blanca previo al primer combate entre ambos. La campaña publicitaria resultó exitosa y ello se vio reflejado en taquilla.

Se arribó a una pelea pactada a quince asaltos que marcaría un hito en la historia del pugilismo argentino. Muchos esperaban que Lausse pusiera definitivamente las cosas en orden, derrotando a Selpa y demostrando que lo de Bahía Blanca solo había sido un accidente. Pero no fue así. El Zurdo tampoco pudo resolver el jeroglífico que significaba el Cacique y cayó otra vez en la pelea sucia, donde recibió la peor parte porque no pudo imponer sus atributos y terminó con una costilla seriamente dañada que lo obligó a abandonar antes de comenzar el décimo tercer round. De esta manera, Andrés Antonio Selpa, tal su nombre completo, se quedó con los dos títulos en juego.

 EL DESPUÉS DE AMBOS

Lausse no prolongó mucho más su carrera. Sumó 7 victorias consecutivas, una de ellas ante el referido Selpa, de quien logró desquitarse recién en 1958 aunque sin que el Cacique expusiera sus títulos.

El Zurdo intentó reconquistar terreno a nivel internacional y marchó hacia los Estados Unidos, donde fue vencido por el ascendente francés Marcel Pigou. Retornó a la Argentina y tras vencer a Víctor Salazar en 1960, se retiró del boxeo.

Años después visitó nuestra ciudad y existen testimonios fotográficos de su presencia en “La Gallina Loca” inolvidable lugar de la noche pehuajense.

Fue siempre correcto y se marchó de este mundo en 1995, el mismo año que Monzón, llevándose la admiración de un inmenso público del boxeo, entre quienes estaban los que lo consideraron como el mediano argentino más completo de todos los tiempos.

Selpa, tras arrebatarle los títulos a Lausse, extendió su campaña hasta 1968, realizando más de ciento cincuenta peleas desde entonces, con las que superó los 200 combates profesionales en su dilatada carrera. Fue rival de otras enormes figuras como Carlos Monzón, con quien peleó en dos ocasiones, el extraordinario campeón mundial Bob Foster, y el reconocido Gregorio Goyo Peralta, perdiendo con los tres.

EL FINAL DE SELPA

Tenía 36 años cuando dejó el boxeo y aunque le habían sido retirado los títulos de campeón argentino y sudamericano de la categoría mediano por conductas antideportivas, fue también campeón argentino y sudamericano de los mediopesados. Seguía muy enamorado de la noche y del verde paño del juego. Los excesos le habían pasado factura a su físico y a sus bolsillos. Y el declive fue inevitable. El alcohol y las drogas aceleraron su final.

Estuvo en la cárcel y en un hospital psicoasistencial. Falleció en 2003 en un nosocomio de su Bragado natal.

Así, con la desaparición del segundo protagonista, se cerró una historia que tuvo una fecha determinante en su camino: el 13 de octubre de 1956 cuando, contra todos los pronósticos, Andrés Selpa noqueó al inmenso Eduardo Lausse.

Roberto F. Rodríguez.

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