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Mariscal de selección

Nacido el 17 de julio de 1946 en Juan José Paso, partido de Pehuajó, ha sido considerado -con absoluta justicia– uno de los mejores futbolistas que dio el fútbol pehuajense. Para muchos fue el mejor primer zaguero central de la historia, aunque otros no se atreven a tanto, pero lo ubican bien arriba, lo que deja en claro que, considerado o no como el mejor de todos, integra sin dudas el podio de los mejores que lucieron la casaca número 2 entre los nativos del distrito. Se trata de Juan Carlos Laubenheimer, aunque su apellido, en la voz popular, haya sufrido la modificación facilista como para ser pronunciado como: “Labuenamer”, patronímico por el que mucha gente lo conoce.

SUEÑOS DE PIBE

Siendo un adolescente debutó en la primera división de Progreso de su pueblo natal, pero sus condiciones lo alentaron a probar suerte en el fútbol mayúsculo del país y marchó hacia Avellaneda para intentar ingresar a Independiente. Dicho así no suena tan complicado, pero para un pibe pueblerino de 17 años que, en la más absoluta soledad, aborda un tren en Paso camino hacia Capital Federal y que, tras atravesar la plaza Miserere en pleno barrio porteño del Once, se sube a un micro hacia Quilmes donde un familiar lo esperaba para llevarlo al club, era toda una odisea en la que durante el tiempo que tuvo el traqueteo del convoy ferroviario como compañía, su mente experimentó ansias de llegar, dolor por dejar atrás un estilo de vida, temor por lo que podría depararle la gran urbe y sueños de triunfar.

EN EL ROJO

Llegó al rojo con edad para quinta división y trabajó para ir ascendiendo. Pronto pudo a jugar en la tercera y cultivó una gran amistad con el tano Dante Mírcoli, aquel cuya carrera quedaría opacada por un hecho singular: haber sacado de la cancha debido a una terrible infracción, nada menos que al enorme Johan Cruyff en 1972 cuando Independiente enfrentó al Ajax por la Copa Intercontinental.

Pero volviendo a Laubenheimer, supo que, en 1966 Progreso, con su hermano mayor Enrique entre los titulares habituales, había perdido la final del campeonato de la Liga Pehuajense de Fútbol (LPF) y lo sintió. Al año siguiente dejó la institución de Avellaneda y retornó al albirrojo de Paso, equipo con el que jugó torneos locales e integró la selección.

LA SELECCIÓN

El 25 de mayo de 1967 debutó en la selección pehuajense en un encuentro amistoso ante Ferro de Trenque Lauquen, entidad que luego resultaría muy importante en su vida.

Oscar “Maravilla” Mattioli, Laubenheimer y Héctor Sauco; Tito Arive, Raúl Tolosa y Juan De Antón; Teófilo Torres, Rodolfo Pascual, Alberto Aveldaño, Juan Sienra y Héctor Roldán, fue la formación albiceleste que se impuso por 2 a 1.

Integró también el equipo que venció en General Viamonte a la selección de Los Toldos por 3 a 2, y estuvo en el encuentro disputado en nuestra ciudad ante la tercera especial de Ferro Carril Oeste de la Capital Federal, que vino con el español Luis Felipe Navas, quien había crecido en Argentina y se había formado en Trenque Lauquen y Pehuajó. De hecho, había llegado al elenco de Caballito transferido desde Deportivo Argentino.

TRISTE REGIONAL

Sobre el final de ese año, se organizó un campeonato regional amistoso con la participación de las selecciones de Trenque Lauquen, Pehuajó, Salliqueló, Bolívar y Henderson.

Laubenheimer fue convocado pero los resultados fueron lamentables. Pehuajó perdió en cancha 4 partidos, uno quedó postergado y nunca se jugó, y en el otro perdió los puntos al no poder presentar equipo. Ocurrió cuando debían viajar a Salliqueló y 5 jugadores, sin causa justificada, no se presentaron en el punto de partida. Tampoco lo hicieron otros 4 jugadores que debían abordar el micro en Paso, entre los que estaba Laubenheirmer, todos los cuales fueron suspendidos para actuar en sus clubes y en la selección.

TRENQUE LAUQUEN

En 1969 decidió irse a Trenque Lauquen con el propósito de mostrar sus condiciones en el fútbol para conseguir que lo ubicaran en un empleo estable. El trabajo, como sustento de vida, era lo que más le interesaba.

Así tuvo una chance en F. C. Argentino, una de las instituciones con mayor predicamento en esa Liga y cuyos dirigentes tenían vinculaciones con el Banco Edificador y con la famosa compañía de seguros “La Primera”, por lo que, de quedar en el club, podría encontrar el empleo que buscaba. Sin embargo, le dijeron que no necesitaban un zaguero central. Enseguida se interesó Ferro y le ofrecieron un trabajo permanente en el flamante Departamento Judicial creado en dicha ciudad. Aceptó, con la tranquilidad de haber conseguido lo que buscaba.

LA ROJA

Tras un auspicioso debut cuando Ferro goleó por 12 a 0 a Giat en Berutti, defendió la zaga de los verdes por 8 temporadas consecutivas, tiempos en los que integró grandes selecciones de su nueva Liga. Fue una época dorada para el fútbol de Trenque Lauquen, cuyo punto más alto estuvo en la gran campaña llevada adelante por la inigualable selección roja de esa liga en 1969/70, equipo que eliminó a Pehuajó de tan importante torneo luego de dos partidos jugados ante una multitud en cada caso.

Un detalle a resaltar en esos encuentros fue que hubo en cancha tres extraordinarios zagueros centrales nacidos en nuestro distrito: Rubén “Pingüino” Borghi y Juan Emilio De Antón por los albicelestes y Juan Carlos Laubenheimer por el lado de los rojos.

MADERENSE

En 1977 decidió que era momento de colgar los botines dejando en la zaga de Ferro un enorme vacío que obligó a los dirigentes de la institución a ir en búsqueda de un valor de gran jerarquía y experiencia, siendo contratado el también pehuajense Rubén Borghi.

Sin embargo, cuando Juan Carlos pensaba que había dejado el fútbol atrás, surgió una propuesta del Club Atlético Maderense de Pehuajó y en 1978 volvió a calzarse la casaca número 2, que también era verde como la de Ferro.

Con un equipo dirigido por Roberto Dirassar y que generalmente solía formar con: Ricardo Lasca, Olavarría, Laubenheimer, Lazarte y Carlos Sauco; Ortega, Sayavedra y Casimiro Fernández; Pereyra, Pablo Rodríguez y Muñoz, Maderense fue gran protagonista del torneo y terminó siendo subcampeón tras caer en la final ante Calaveras.

COLGAR LO BOTINES

Ahí sí, Juan Carlos Laubenheimer le dijo adiós al fútbol como jugador. No estaba lesionado ni tenía una edad avanzada, pero estaba cansado y ya le dolía demasiado el entrenamiento que, para entonces, ya era un sacrificio para poder mantener su elevado nivel.

Sin embargo, no se alejó de las canchas porque luego fue director técnico (dirigió Ferro y Barrio Alegre) y trabajó en el periodismo deportivo.

EL JUGADOR

A la hora de definirlo como jugador, bien puede afirmarse, sin temor a equivocaciones, que Juan Carlos Laubenheimer, fue un zaguero central de excepción, dueño de un amplio bagaje de recursos técnicos que aplicó con criterio y precisión en una posición donde no era común hacerlo, dado que allí se destacaban los marcadores rudos y expeditivos que no dudaba en reventar la pelota enviándola lo más distante posible de su propia área, aunque cayera en poder del rival, pero allá lejos. Juan Carlos no era así. No sentía así el fútbol.

De físico elegante y elástico, se movía muy en espacios reducidos, pero una de sus mayores virtudes estuvo en su exacta noción de la relación tiempo-espacio, lo que le permitía dejar desairado al delantero rival más peligroso con un anticipo justo o lucirse en los cruces con quites limpios sin perder la vertical, para salir inmediatamente jugando con el balón en sus pies, y entregarlo luego -con la misma precisión– al mejor destinatario. Un defensor notablemente eficaz que, por lo general, actuaba como último hombre y parecía disfrutar jugar al filo del peligro. Es cierto que muchas veces se le reclamaba mayor practicidad, pero él no temía asumir riesgos porque, por sobre todas las cosas, le sobraba confianza en sí mismo, en su inteligencia y en su capacidad para resolver con frialdad en la zona caliente y cuando las papas queman. Un crack pehuajense que no necesitó “desmoralizar tobillos ajenos” (frase atribuida al humorista gráfico Calé) para triunfar como marcador central. Un zaguero al que en Trenque Lauquen bautizaron: “Mariscal”. Todo dicho.

Roberto F. Rodríguez.

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