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Murió Tomasito

En la jornada de ayer, a los 80 años de edad, se apagó la vida de Tomás Arive, reconocido integrante de una tradicional familia vinculada a la industria de la madera y a la actividad deportiva, más precisamente futbolística, porque fue el fútbol, el deporte que lo hizo conocido en primer término cuando asomó con su habilidad sobre el césped del campo de juego siendo todavía “Tomasito”, un pibe, aunque ese apodo lo acompañaría siempre.

El Club Deportivo Argentino fue su casa, aunque Maderense pueda esgrimir cierto orgullo de legítima posesión en algún tiempo.

Con la casaca azul asombró rápidamente con su juego, porque entendió que el fútbol era eso: un juego y siempre trató de volcar, sobre el rectángulo donde mueren las palabras, esa pasión por la calidad técnica en la maniobra prolija, distinguida. Lo hizo de pibe y lo mantuvo toda su carrera. Un jugador para Deportivo, practicante del estilo que ha identificado a dicha institución.

Luego de unos pocos años en la primera división de la entidad azul, fue cedido a Maderense en 1965, y allí se vio una verdadera explosión positiva en su nivel. Un equipo que no solo contó con la sapiencia de Ovidio Zalaba, la velocidad de Baby Piñeyro y la claridad de Tomás Arive, sino que supo sacar el mayor provecho de esa amalgama convertida en un arma letal. Y fue campeón.

Al año siguiente retornó a Deportivo, institución que aún no había conseguido celebrar un título en veinte años de historia de la Liga Pehuajense, pero que lo buscaba afanosamente año a año. Tomás se integró perfectamente a la delantera que tenía la categoría de Guido Vitángeli, la potencia de Pedro Bernoldi, la habilidad de Carlos Sáez y la eficacia de Luis Mariani. Y fue un éxito. Pelearon el campeonato y cuando parecía que todo estaba perdido porque estaban segundos detrás del temible Progreso y debían ir de visitantes a Juan José Paso, el azul le dio un baile bárbaro al albirrojo y ganó 4 a 1, igualando la primera posición, lo que luego exigiría dos partidos finales y un desempate.

Deportivo fue el campeón y los goles de Tomasito resultaron determinantes. Marcó 12 en las 18 fechas del torneo y fue el goleador de su equipo.

Siguió en Deportivo hasta que en 1971 pasó a Calaveras y aunque el equipo se mostró muy efectivo en principio con una delantera que Tomás integró junto a Rodolfo Pascual, Manuel y Héctor Hernández, y Juan Carlos Kilduff, luego bajó ostensiblemente el rendimiento en el Petit Torneo y quedó lejos del título.

Sin embargo, al año siguiente y ya de vuelta en Deportivo, alcanzó su tercer campeonato en la cosecha personal y el segundo de la entidad azul con un equipo que tuvo figuras como: Vitángeli, Julio Núbile, Manuel Hernández, Carlos Díaz y Carlos Sieza quienes, junto a Tomás, llegaban al arco rival con frecuencia y efectividad.

Ese año, Deportivo Argentino inauguró el estadio “José Esteban Garré” (hoy desaparecido) con la visita de la primera división de Boca Juniors, a la que el conjunto local tuvo el placer de enfrentar en un encuentro histórico para el deporte lugareño.

A mediados de los ’70 Deportivo se quedó sin la magia de Tomás, pero no sin Arive, porque empezó el tiempo de Carlitos, un hermano menor que, dotado de muy buenas condiciones técnicas, tuvo el honor de ocupar el lugar que había dejado el querido Tomasito en el primer equipo azul.

Para entonces, Tomás también estaba dedicado al golf, actividad que lo contó entre sus principales cultores desde que en 1970 fue fundado el Golf Club de nuestra ciudad, y además le hacía a los trebejos, trenzándose en los complicados duelos de cerebros en importantes torneos de ajedrez que se realizaban en el Club Atlético.

Sin embargo el fútbol siguió siendo su pasión y aceptó ocupar la dirección técnica del club de sus amores, llevando al primer equipo a conseguir, en 1984 y junto a Raúl Grottoli, el tercer campeonato de la historia institucional azul.

Inmediatamente se hicieron cargo del equipo que participó en el Torneo Regional de A.F.A., cumpliendo una campaña que si bien, en números no resultó buena, puede afirmarse que, dada la calidad de los rivales y el despliegue futbolístico plasmado sobre el campo de juego, el conjunto dejó imágenes imborrables en la memoria colectiva. Juan José Paredes, Mariano Dalla Líbera, Sergio Roura, Héctor Vittor y Roberto Zema, entre otros, mostraron un fútbol que gustó mucho, más allá de los resultados. Un equipo donde todos jugaban respetando el estilo histórico de la institución.

Alejado de la dirección técnica, siempre fue un habitante de lo alto del Garré. En los escalones superiores de una coqueta platea que ya fue demolida, tenía su lugar para ver a Deportivo, más allá del clima y de toda contingencia. Allí estaba Tomasito, compartiendo, con algunos de sus hermanos y otros simpatizantes, los comentarios que exigía la situación, matizando con recuerdos de tiempos lejanos y no tanto.

Y Deportivo supo reconocerlo declarándolo Socio Honorario primero y proyectando bautizar con el nombre: “Tomás Arive”, la cancha auxiliar del predio que están construyendo sobre el acceso General San Martín de nuestra ciudad.

Ayer nos sorprendió la noticia: murió Tomás Arive, aquel muchacho de gambeta alegre, sonrisa tierna y ojos que, aunque parecían esconder una tristeza, se encendían cuando una pelota llegaba a sus pies.

Un hombre que vivió una existencia que ya es historia pero que dejó su nombre perpetuado para generaciones futuras, no solo en la placa de un estadio sino en las enseñanzas que supo transmitir a sus dirigidos.

Roberto F. Rodríguez.

 FOTO: Tomás ingresa al estadio colmado para enfrentar a Boca.

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