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¡Negro, el 5!

El cálido Sol sanjuanino, que parece caer en la tarde, estira las viejas sombras de un pequeño caserío. Antiguas edificaciones sobrevivientes de lo que alguna vez fue una localidad cuyo sostén económico estaba en los hornos de cal, donde al calor abrazador y bajo las nubes de humo blanco su gente soñaba con un futuro venturoso que se desvaneció en el tiempo. Y allí quedó, casi deshabitada y perdida, muy próxima con el límite provincial con Mendoza, y conservando su tierno nombre: Retamito.

Fue en ese pueblito donde el 17 de julio de 1946 nació Carlos Alberto Narváez, cuando la provincia buscaba recomponerse tras las trágicas secuelas del terremoto del ’44.

Empujados por la necesidad, los Narváez dejaron la tierra del buen sol y del buen vino y fueron tras las nuevas oportunidades que parecía ofrecerles el Gran Buenos Aires, denominación que de solo nombrarla parecía imponer un respeto especial para aquella familia provinciana.

Carlos no había cumplido aún su primer año de vida cuando se instalaron en la zona Oeste de lo que conocemos como Conurbano y allí creció.

El fútbol acaparó toda su atención y logró incorporarse a Atlético Ituzaingó, donde transitó por divisiones menores hasta que tuvo la oportunidad de debutar en la primera. Los modestos equipos que podía presentar la entidad, transitaban con suerte variada por las divisiones de ascenso más bajas pero muy competitivas. Lo comprobó al lucir también otras casacas, como las de Ferrocarril Midland; Justo José de Urquiza y el Deportivo Morón, pero siempre cerca de su zona Oeste. Sin embargo había otro Oeste que lo estaba esperando aunque él jamás se lo hubiera imaginado.

FÚTBOL CLUB

En 1975, Fútbol Club Henderson decidió participar del campeonato oficial de la Liga Pehuajense y sus dirigentes se impusieron como objetivo de armar un equipo altamente competitivo. Algunos contactos permitieron la llegada de importantes refuerzos aunque pocos estuvieron en los primeros partidos y la cosa no arrancó bien porque el debut fue derrota como visitante ante Deportivo Argentino, pese al buen trabajo de Vuotto en el medio campo, lugar donde debió jugar aunque ese no era su puesto habitual. Por eso Correia y Bilbao que habían sido compañeros en Deportivo Morón y aprovechando que el Libro de Pases aún continuaba abierto, recomendaron al técnico un volante central que había jugado con ellos en el popular Gallo de Morón. Hubo charlas y se acordó traer al muchacho de origen sanjuanino: Carlos Alberto Narváez.

EL TORNEO

Con la formación completa, integrada por: Acuña, Correia, Marchioni, Vuotto y Bosso; Luis Losino, Narváez, César Losino y Abdala; Bilbao y Walter Cantisani, Fútbol Club fue una máquina, ganando diez de los doce partidos restantes de la rueda y empatando los otros dos, con lo que se adjudicó dicha rueda.

Por el sistema de disputa elegido, si un mismo equipo ganaba las dos ruedas era directamente campeón, en caso contrario habría Petit Torneo final.

Fútbol Club no quería Petit pero al concluir la séptima fecha de la segunda rueda, el líder era Defensores con 7 victorias, seguido a un punto por los de Henderson que tenían 6 victorias y 1 empate. El torneo estaba al rojo vivo pero tras dicha fecha, quedó interrumpido por la participación del seleccionado local en el campeonato argentino.

LA SELECCIÓN

Las expectativas eran muchas pero la historia no hablaba de campañas largas, aunque esta vez fue distinto. El equipo dirigido por Roberto Dirassar, con Vuotto, Narváez y Bilbao en el plantel principal, fue eliminando uno a uno a cuanto rival tuvo enfrente en partidos de ida y vuelta. Casares, 9 de Julio, 25 de Mayo, Trenque Lauquen y Bahía Blanca fueron sacados del torneo por el gran equipo albiceleste. Y se llegó a fin de año con Pehuajó todavía dentro del campeonato Argentino. Nunca una campaña había durado tanto.

DECEPCIÓN LOCAL

Como el Argentino entró en receso, se reanudó la segunda rueda del torneo local. Defensores llegó a la última fecha como único líder y con un punto más que Fútbol Club, debiendo enfrentarse entre sí en la mítica “Fiambrera” del Defe, en pleno Enero.

Si Fútbol Club ganaba, se llevaba rueda y campeonato, pero con un empate, Defensores ganaba la rueda y exigía un Petit Torneo final. El partido resultó muy polémico y terminó 1 a 1 por lo que hubo Petit.

REPERCUCIÓN

Fútbol Club, con 21 victorias, 3 empates y 2 derrotas, había sido el mejor equipo de la temporada, superando por 9 puntos a Defensores, segundo en la general, pero el sistema de torneo exigió un Petit. Sonaba injusto pero era legal. No obstante, debido al discutido arbitraje del último partido y otras irregularidades, la dirigencia de Fútbol Club, luego de una asamblea convocada, decidió retirar el equipo y no participar del Petit, considerando que habían sido despojados de un campeonato que debieron ganar esa tarde.

La Liga tomó medidas y suspendió a la institución rojiverde pero sin afectar a sus jugadores, los que pudieron participar del seleccionado, el cual debía afrontar la segunda etapa del campeonato argentino. Allí Narváez se calzó la casaca número 5 y demostró cuanto realmente valía frente a calificados rivales como Pergamino, Comodoro Rivadavia y Tandil.

SAN MARTÍN

Tras la eliminación pehuajense en Tandil, Narváez mudó su fútbol hacia un gran proyecto que armó San Martín con la base de la afinada selección local. Los rojos, con un equipo integrado generalmente por: Roberto De Antón, Huguenín, Báez, Juan De Antón y Rojas; Luis Losino Narváez, Sieza y Bernaulle; Zema y Dameno, (también alternaban Carlos, Sosa y García, entre otros), ganó el clasificatorio invicto pero jugó un Petit para el olvido.

ÚLTIMOS AÑOS

Retornó a Fútbol Club y fue parte de un gran equipo en el ’78 integrado por: Bethouart, Rodríguez, Lemos, Marchioni y Raggio; Barrios, Narváez y Azzolini; Jacué, Bilbao y Cantisani, elenco que llegó al Petit final pero quedó lejos del título.

Al año siguiente, estando aún en Fútbol Club, jugó su último partido en el seleccionado local, cuando el 7 de octubre, Pehuajó, tras vencer como local por 2 a 1 a Tres Lomas, resultó eliminado por penales, pero “el Negro” no llegó a patear.

Pasó luego por Estudiantes y Maderense, integrando el plantel albiverde que jugó el Torneo Regional en 1982, donde llegó a jugar un partido, aunque estaba muy lejos de aquel nivel que lo erigió en dueño del mediocampo sin importar la cancha donde jugara.

LA CALIDAD

Carlos Alberto Narváez fue un volante central de enorme categoría para nuestro fútbol del interior, demostrando calidad a cada paso que daba, porque su físico particular hacía lucir hasta sus más simples desplazamientos. Bueno en la ubicación, con gran sentido de tiempo y espacio, se las arreglaba muy bien en el anticipo porque sabía leer la jugada. Dotado de buenas condiciones para la marca y la recuperación del balón, sabía imponer su presencia en el medio campo, atrayendo las miradas y mostrándose para recibir e iniciar la jugada desde sus dominios territoriales, contando con seguridad para trasladar el esférico lo justo y necesario, y entregarlo con eficacia. Sin embargo su recuerdo está muy ligado a los remates de media distancia, dos de los cuales resultaron fundamentales para que la selección pehuajense siguiera en carrera en aquella memorable campaña de 1975/75, porque fueron dos golazos convertidos en tierras extrañas. Uno en 25 de Mayo y otro en Pergamino. Zapatazos inatajables que inflaron las redes y le dieron al elenco albiceleste la tranquilidad de contar con esos goles de visitante que, en caso de empate en puntos, se computaban doble.

Un total de 27 veces lució la casaca del seleccionado pehuajense y marcó 7 goles (los otros 5 fueron de penal).

EL FINAL

En 1989, me contó en una entrevista mantenida en Henderson, que siempre había soñado que cuando tuviera hijos –tuvo tres niñas– les iba a contar lo que había sido aquella campaña de la selección pehuajense, para lo cual había atesorado fotografías, recortes y más de un suvenir, pero la trágica inundación del ’87 lo obligó a abandonar la casa y el agua terminó llevándose tan significativos recuerdos.

Años después se mudó a Daireaux y para diciembre del 2009 estuvo en Pehuajó en la Fiesta Anual del Deporte, donde se encontró con muchos amigos y compañeros de gloriosas tardes de fútbol. Estaba feliz.

Sin embargo, apenas 3 meses después, el querido “Negro” Narváez ya era un recuerdo. Un grave problema de salud puso fin a su vida el 23 de marzo de 2010, dando lugar a una noticia que sonaba muy poco aceptable pero era cierta. Había muerto Carlos Alberto Narváez, un hombre nacido en un polvoriento pueblito sanjuanino, un muchacho que supo ganarse su lugar en la memoria colectiva de la comunidad futbolera de nuestra región, siendo parte de uno de los segmentos más importantes de la historia deportiva lugareña y aunque el verde paño de la ruleta pinte de rojo ese número emblemático, en el verde césped del fútbol pehuajense, siempre será: ¡Negro, el 5!

                                                                                     Roberto F. Rodríguez

FOTO 1: Fútbol Club 1975. Narváez, el penúltimo de los hincados.

FOTO 2: El Negro en San Martín (1976). Detrás: Báez y Rojitas.

FOTO 3: Rojitas aguanta dos marcas arriba. Erramouspe rechaza. Narváez (5) cerca. Fue contra Comodoro Rivadavia en el ’76. Inolvidable.

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