Deportivas

Pehuajó en el mapa tuerca

El pasado mes se cumplieron 90 años desde la realización de la primera gran competencia de automovilismo interdistrital que puso a Pehuajó en el mapa tuerca de la provincia. Se trató del denominado: Gran Premio “Copa Samuel Dorrego” y que contó con solo dos etapas. La primera de ellas uniendo Luján con nuestra ciudad, y la segunda con regreso al punto de partida por el mismo camino de la etapa anterior, aunque, obviamente, en sentido inverso. Una prueba que merece su evocación, particularmente, por lo que significó para Pehuajó, cuyo nombre ocupó las principales páginas deportivas de los medios periodísticos de entonces.

Ubicándonos en tiempo, para 1931, año en que disputó la mencionada carrera, el turismo de carretera no había surgido aún como una de las categorías del automovilismo argentino. De hecho, el primer gran premio del popular TC recién se correría en 1937, competencia ésta que ganaría Ángel Lo Valvo y en la que participaría la figura que nos ocupa: Roberto Antonio Lozano.

LOZANO

Lozano nació en Pirovano, pero quedó para siempre asociado a Urdampilleta, localidad vecina de la anterior, siendo ambas pertenecientes al partido de Bolívar.

Muy vinculado al automovilismo deportivo que recién estaba dando sus primeros pasos por ásperos y polvorientos caminos de nuestra patria, comenzó a participar en dicha actividad en 1928, cuando contaba con 25 años de edad, y en ese mismo año conoció la victoria.

Su nombre se hizo muy conocido en esta zona y en 1931 decidió participar de la ya referida competencia por la “Copa Samuel Dorrego”, pero no se inscribió con su nombre real sino con el seudónimo “Giliberto”.

LUJÁN-PEHUAJÓ

La prueba estaba destinada a automóviles de fabricación normal, preparados o no, pero con cilindrada que no superara los 3.500 c.c. y no más de 3.200 revoluciones. El trazado general de la competencia se había estructurado en dos etapas solamente: Lujan-Pehuajó y Pehuajó-Luján.

La competencia concitó el interés de un importante número público que, en su mayoría, se reunió en el punto de partida, lo que demostraba el predicamento que comenzaba a tener la actividad.

PRIMERA ETAPA

La primera etapa se largó desde Luján el 12 de septiembre de 1931 y Roberto Lozano, al comando de un Ford A con el número 21, necesitó un tiempo neto de 3 horas, 24 minutos, 32 segundos y cuatro quintos para llegar a Pehuajó, adjudicándose ese primer segmento de la gran carrera.

Segundo fue Raúl Moro, con un Ford A identificado con el número 14 y con un tiempo de 3h 32´ 57” 2/5. Tercero arribó “O. E. Malcad” y en cuarto lugar quedó el binomio: Plini – Prieto con un Chevrolet.

SEGUNDA ETAPA

Luego del regreso a Luján, la prueba fue ganada por Lozano, quien empleó para desandar camino, diez minutos menos que en la primera etapa, logrando un tiempo general de 6 horas y 39 minutos, lo que le valió adjudicarse la copa “Samuel J. Dorrego” que había sido instituida para el vencedor. En la segunda ubicación general quedó el Chevrolet de Plini – Prieto, que mejoraron notablemente su tiempo parcial y totalizaron 6 horas y 57 minutos, y tercero clasificó “O. E. Malcad” con un tiempo total de 7 horas y 3 minutos.

Con una mayor diferencia arribaron el Chevrolet de Juan Introzzi, quien se quedó con la cuarta ubicación; mientras que el quinto lugar fue para Pedro E. Bardin; sexto llegó el Ford A de José Aznar y séptimo concluyó otro Ford A, en este caso, el de Raúl Moro, cuya performance general resultó buena, aunque lo mejor lo mostró en la primera etapa.

AUTO RARO

Como dato curioso se puede mencionar que en la carrera también participó una máquina Fiat 50 1, la cual estuvo pilotada por el volante Enrique New. Pero la gran mayoría de los volantes se inclinaron por el Ford A, muy de moda por aquellos años, particularmente el modelo “Bussines”, única coupé que Ford fabricó con capacidad solo para dos personas y que, en definitiva, estaba destinada a los viajantes, en razón que su diseño presentaba detrás de los asientos, un compartimento pensado para la ubicación de la mercadería de muestra que, generalmente se transportaba en valijas. Ese modelo contaba con un motor de 4 cilindros, con 3277 centímetros cúbicos y una potencia de 40 caballos, con una velocidad máxima de 100 km./h., por lo que se adaptaba perfectamente para ser preparado y cumplir con las exigencias reglamentarias.

ENTUSIASMO ZONAL

Resulta de interés aclarar también que tan significativa competencia, realizada dentro de un marco de importante adhesión popular para aquellos tiempos, aunque en muchos casos motivada por la curiosidad de un público muy poco acostumbrado a las carreras de largo aliento, constituyó, sin lugar a dudas, un elemento fundamental para despertar el interés de los pehuajenses por el automovilismo deportivo, como así de aficionados de distintos distritos de la región. Tal es así que unos meses después, se organizó en la ciudad de 9 de Julio, una carrera a nivel zonal y Pehuajó dijo: ¡Presente! a través de la participación del volante local Carlos Scandroglio, quien afrontó el extenso recorrido previsto con una máquina Ford T, preparada por el mecánico Ángel Gómez y en la que había cifrado grandes esperanzas. Sin embargo, la suerte le resultó esquiva al piloto pehuajense quien, al no poder dominar totalmente la máquina sobre la irregularidad del terreno, no pudo evitar que la misma se precipitara hacia un profundo zanjón en las proximidades de Guanaco, en el partido de Pehuajó, sufriendo daños que determinaron su inmediato abandono.

OTRA VICTORIA

Volviendo a la figura que nos ocupa, vale decir Roberto Lozano, resulta justo mencionar que la victoria obtenida en el Gran Premio: Luján – Pehuajó – Luján, no sería la única en su trayectoria, dado que lograría subir a lo más alto del podio en siete oportunidades a lo largo de su trayectoria fierrera.

El 12 de octubre de 1932, Lozano se impuso en una atractiva competencia realizada en Lincoln, la cual quedó también en la historia porque en esa jornada automovilística destinada a Fuerza Libre, Limitada y Ford T Standart, hizo su debut sobre las pistas: Torcuato Emiliozzi, quién corrió acompañado por José Valerga.

SU GRAN TRIUNFO

Lozano entraría definitivamente en la historia grande del automovilismo argentino en 1933, durante la realización de un famoso gran premio, en el que participó al comando de una coupé Ford A “Bussines”, o también conocida como Ford A “bigotes”, por las dos palancas que poseía debajo del volante, una de las cuales se empleaba para accionar el distribuidor, mientras que la otra era el acelerador de mano con el que se ponía en marcha la máquina.

Esa prueba se trazó sobre dos etapas, uniendo Florencio Varela con Bahía Blanca en la primera jornada, con regreso previsto para el día siguiente. Un total de 28 máquinas dieron vida al Gran Premio, destacándose entre los favoritos, pilotos de la talla de Ernesto H. Blanco; Carlos Zatuszek y Eduardo Pedrazzini, no obstante, la lucha resultó ardua y a Bahía Blanca solo lograron arribar veinte participantes. Ernesto H. Blanco fue el ganador de la etapa, a bordo de un R.E.O., empleando un tiempo de 6 h 50’ 02” para cubrir los 825 kilómetros de recorrido, lo que arrojó un asombroso promedio cercano a los 120 km./h., marca que puso de manifiesto la velocidad de las máquinas para aquellos tiempos.

En la etapa final, la lucha se complicó por las inclemencias del clima y el estado de los caminos, pero puede considerarse interesante hasta el paso de las máquinas por Tres Arroyos y Tandil, porque al llegar a Dolores solo continuaban en carrera 11 unidades, de las cuales, 9 abandonaron antes de pasar Chascomús, quedando únicamente Roberto Lozano primero y Eduardo Pedrazzini segundo.

Mucho antes de Florencio Varela, abandonó su único perseguidor y Lozano atravesó triunfal la línea de llegada, aunque con un tiempo de 14 h 47’ en esa etapa y 22 h 24’ 11” en la general, con la particularidad de ser el único competidor que logró llegar, siendo dueño indiscutido de la victoria y registrándose como un referente ineludible de la historia del automovilismo argentino, protagonista de una curiosa página.

Es cierto que Lozano debió enfrentar máquinas muy superiores a la suya pero mucho más pesadas también, hecho que, en determinados tramos de irregulares caminos, posibilitó que su ágil Ford se adaptara mucho mejor y marcara la diferencia.

INTERNACIONAL

Al año siguiente fue a Brasil con el propósito de enfrentar a importantes máquinas europeas y lo hizo con un auto Unión, de aquel tiempo, logrando un honroso sexto puesto en el circuito de Gávea, lo que elevó su nombre a nivel internacional.

En 1935, ganó el Gran Premio de Uruguay, en una agotadora prueba con partida desde Montevideo hasta prácticamente el límite con Brasil y regreso. Y en 1937 fue parte del nacimiento del Turismo de Carretera participando, sin suerte, del Gran Premio Argentino de Velocidad, carrera en la que compitió al comando de un Ford AB59.

Roberto Antonio Lozano fue una figura automovilística de esta región que, en 1931, ganó una gran carrera que puso el nombre de Pehuajó en el mapa deportivo argentino.

Roberto F. Rodríguez.

Show More

Noticias relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *