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Se marchó el galán

El pasado 17 del actual, en la ciudad de Buenos Aires, falleció Silvio Marzolini, un símbolo del fútbol elegante.

Nacido el 4 de octubre de 1940 en dicha ciudad, mantenía una desigual pelea contra una cruel dolencia que había obligado a su internación en un centro asistencial porteño, donde su salud se deterioró progresivamente entrando en un estado crítico que constituyó la antesala de su desaparición física ocurrida el último viernes.

FAMILIA

Hijo de padres italianos, Eligio Marzolini y Emilia Cernoia, Silvio fue el menor de lo seis hermanos. Lo precedieron: Gina, María Rosa, Ada, Elsa y Eligio.

COMIENZOS

En 1951, con 10 de edad todavía, Marzolini se inició como futbolista amateur de categoría infantil en el Club Flecha de Oro del barrio de Belgrano, pero mientras cursaba estudios primarios en el “José Hernández” de la Capital Federal, fue incluido en la plantilla del equipo que participaría de los tradicionales torneos infantiles “Evita”. El equipo se llamaba “Antártida Argentina” y Silvio se destacó como un hábil y efectivo delantero, logrando coronarse campeón a nivel nacional en 1953.

FERRO

El fútbol pasó a revestir una notable importancia en sus preferencias y día a día fue puliendo su estilo elegante. La pelota parecía estar mucho más cerca de él que los libros y un día decidió abandonar los estudios secundarios que cursaba en el Colegio Industrial “Otto Krausse”. Era un adolescente, pero su hermano Eligio, de notables condiciones futbolísticas también, lo llevó a Ferro Carril Oeste, donde le tomaron una prueba y lo incorporaron a la octava división pero debió dejar atrás su labor como delantero y pasó a jugar como volante muy retrasado, zaguero central o marcador lateral. Su rendimiento fue muy bueno e incorporó capacidad de marca, anticipo y recuperación de pelota a sus ya conocidas características técnicas, sumadas a un gran temperamento.

Alcanzó rápidamente la quinta división, pero veía frenada su proyección y decidió mandar una carta a la Comisión Directiva requiriendo su promoción al plantel profesional bajo aviso de abandonar el fútbol en caso que el club no accediera a su pedido.  Le fue mal. Ferro lo suspendió por dos años con comunicación a la A.F.A., lo que le impedía jugar en cualquier equipo que estuviera afiliado a la mencionada entidad rectora.

Estaba claro que no pensaba dejar el fútbol por lo que decidió seguir jugando en entidades no afiliadas como lo era entonces el Deportivo Italiano. Siendo dibujante en la fábrica FIAT pasó a integrar el equipo de dicha empresa, lo que le permitió mantenerse activo y seguir mostrando sus condiciones que, cada vez lo elevaban más como futbolista.

A PRIMERA

Cuando Silvio ya tenía 18 años, el técnico de la primera división de Ferro, el otrora capitán del seleccionado argentino Ángel Perucca, decidió llamarlo e incorporarlo al plantel profesional. Y el 31 de mayo de 1959, en la sexta fecha del torneo oficial de A.F.A., se produjo su debut en primera cuando los verdes de Caballito recibieron a Boca Juniors, partido que terminó igualado 1 a 1 y en el que el veloz puntero derecho boquense Nardiello no pudo en toda la tarde con la eficiente marca del rubio carilindo casi desconocido que tenía la casaca número 3 del elenco local. Quedó en claro que el debut no le pesó para nada, y el hecho de jugar contra Boca había posibilitado que lo viera mucha gente. Sin embargo su gran partido lo tuvo en la segunda rueda y frente al mismo rival, cuando en la Bombonera Ferro ganó 2 a 1. Allí se decidió su futuro, dado que unos meses después fue transferido a Boca junto a Antonio Roma.

BOCA JUNIORS

Confeso hincha de Boca desde su infancia, estaba claro que no tenía las características de rudos e implacables marcadores xeneizes que lo habían precedido. Hombres curtidos de piernas fuertes y entrega permanente que constituían una especie de identidad de la defensa auriazul. Sin embargo Silvio aportó lo suyo y rápidamente se ganó la hinchada. Sin retacear sacrificio ni guardarse nada, exhibió su técnica depurada para marcar con eficacia sin necesidad de la rudeza que solía aplaudir la tribuna, apelando al anticipo, la ubicación, la velocidad física y la claridad mental. Pero como los equipos de Boca de aquellos años ’60 solían jugar sin puntero izquierdo porque la casaca 11 la llevaba Alberto González, “Gonzalito”, que oficiaba de rueda de auxilio de los volantes, la franja izquierda boquense ofrecía terreno que Silvio supo transitar en impecables proyecciones ofensivas que, debido a su habilidad, llevaban serio peligro al área adversaria, donde resolvían los delanteros y muchas terminaron en gol.

AL MUNDIAL

Junto con Rattin, Roma y Gonzalito, integró el plantel del seleccionado argentino que participó de la Copa del Mundo desarrollada en Chile en 1962, pero el equipo albiceleste estuvo muy lejos de lo esperado y no pasó la primera fase, regresando demasiado pronto al país. No obstante, Marzolini mostró lo suyo y justificó plenamente su convocatoria.

CONSAGRACIÓN

Campeón con Boca en 1962, 1964 y 1965, volvió a lucir la casaca albiceleste en un nuevo mundial. Para entonces ya no era un desconocido.

Fue en 1966 en Inglaterra donde obtuvo su consagración definitiva como el mejor número del mundo. Su nombre fue exaltado por la prensa durante el torneo y cuando finalmente el equipo local eliminó a la Argentina en aquel polémico partido en Wembley, el gran Bobby Charlton lo buscó para intercambiar camisetas, hecho que ratificó su consagración.

Importantes instituciones del fútbol italiano como Milan, Lazio y Fiorentina ya se habían interesado en sus servicios, incluso el Real Madrid llegó a tentarlo, pero Marzolini prefirió seguir jugando en el Boca de sus amores.

NUEVOS ÉXITOS

Los éxitos con Boca continuaron. Ganó la Copa Argentina de 1969 y los campeonatos Nacionales de 1969 y 1970, siendo por entonces el futbolista boquense con más títulos en la institución, donde era un ídolo indiscutido para la multitudinaria hinchada xeneize.

EN PEHUAJÓ

En octubre de 1972, con el plantel profesional de Boca Juniors, llegó a Pehuajó para disputar un partido frente a Deportivo Argentino el domingo 8 de ese mes, en el marco de la inauguración del moderno estadio “José Esteban Garré”, hoy desaparecido.

Roma, Malbernat, Mouzo, Blanco y Marzolini; Romero, Pachamé y Potente; Ponce, Curioni y Ferrero fue el once xeneize que ganó por 6 a 0 ante una multitud.

EL RETIRO

A principio del año siguiente, el nuevo técnico de Boca, Rogelio Domínguez, decidió no tener en cuenta a varios integrantes del plantel anterior, dejando en libertad a dos verdaderas glorias del club: Rubén Suñé y Silvio Marzolini. El “Chapa” con 25 años de edad, pasó a Huracán, pero Silvio, con 31, se decidió por el retiro, aun rechazando una oferta de Francia.

Se fue así, en el más absoluto silencio, uno de los más queridos ídolos boquenses cuando parecía que aun tenía mucho para dar. Pero el romance no terminó.

GRAN DT

En 1981, volvió a Boca como entrenador y pidió dos jugadores: Miguel Brindisi y Carlos Morete. Compraron más y se pensó que Boca formaría con: Gatti, Pernía, Ruggeri, Mouzo y Córdoba; Trobbiani, Krazouski y Brindisi; Escudero, Morete y Perotti. Un equipazo. Pero llegó la frutilla del postre: Diego Armando Maradona y todo fue explosión. Boca ganó el campeonato y Marzolini volvió a ser parte de uno de los títulos más festejados.

NUEVA VISITA

En 1991, integrando una delegación de futbolistas no profesionales de Boca Juniors, volvió a visitar Pehuajó, cuando ese equipo de jóvenes, que dirigía Nicolás Novello, “el Tano”, disputó un encuentro amistoso en nuestra ciudad.

En esa oportunidad y encontrándome como integrante del noticiero televisivo local, “Tele Comunidad”, pude entrevistarlo y mantener con él una extensa charla que continuó fuera de cámara. Encontré un hombre afable, con una gran cordialidad y una inteligente visión del fútbol, con el que recorrí su trayectoria deportiva, desde sus comienzos en infantiles hasta el Boca del ’81. Me dejó muchas enseñanzas y convirtió aquella charla en algo inolvidable para mí.

EL ADIÓS

El pasado viernes, Silvio Marzolini, el jugador con pinta de galán de telenovela y categoría de crack internacional, cerró sus ojos para siempre, dejando en la memoria de los amantes del buen fútbol, un recuerdo imborrable de un futbolista argentino que llegó a ser el mejor del mundo en su puesto. Nada menos.

Roberto F. Rodríguez.

FOTO 1: Marzolini en Pehuajó frente a Mallaviabarrena en 1972.

FOTO 2: Silvio recibe un presente en el “José Esteban Garré”.

FOTO 3: Marzolini junto a Núbile y Juan De Antón previo al Boca-Deportivo.

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