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Suerte de campeón

El fútbol argentino, considerado como uno de los mejores del mundo a lo largo de la historia, especialmente desde nuestra óptica argentinista, cuenta con dos mundiales ganados en la máxima categoría, y otros seis en juveniles menores de 20 años, aunque en esta última categoría, la búsqueda no ha sido tan intensa ni afanosa como la persecución de la copa en los mayores. De hecho, los seleccionados juveniles argentinos no siempre tuvieron un apoyo importante ni despertaron gran interés entre los aficionados. Incluso Argentina no participó del primer campeonato sudamericano realizado en Caracas en 1954 y recién lo hizo a partir del Mundial Juvenil que tuvo por sede a Chile en 1958, donde el elenco albiceleste, con el gran Ermindo Onega como estandarte, terminó siendo subcampeón.

Es cierto que, a partir del sudamericano de 1979 llevado a cabo en Uruguay, cuando nuestro joven seleccionado terminó segundo, detrás del representativo local, y clasificó para el Mundial de Japón, el equipo, con Maradona, Simón, Ramón Díaz, Barbas, Calderón, Escudero y compañía, generaba gran adhesión popular.

Sin embargo, ese equipazo que luego ganaría el Mundial, no logró ganar el sudamericano, algo que otro seleccionado sí había logrado antes, aunque sin ganar la final. Uno de los tantos raros episodios que registra la historia deportiva argentina.

POBRE ACTUACIÓN

Tras aquel subcampeonato logrado en Chile en 1958, Argentina acudió al siguiente sudamericano que se desarrolló en 1964 en Colombia. Por entonces, esos torneos se denominaban: “Juventudes de América”, y tenían importante predicamento, aunque, como han dicho muchos de quienes vivieron esas primeras épocas, Argentina no los tomaba siempre con la misma seriedad.

En ese certamen jugado en tierra cafetera, participaron siete selecciones y la campaña del seleccionado albiceleste, campeón del torneo anterior, fue muy mala. Perdió con Paraguay por la mínima diferencia en el debut, pero venció a Chile por 2 a 0 y pareció reencontrar el camino. Sin embargo, no fue así. Cayó ante Uruguay por 1 a 0, empató sin goles ante Venezuela, perdió por 2 a 1 ante los locales e igualó 1 a 1 con Paraguay, finalizando en el penúltimo puesto, con apenas un punto más que Venezuela. El campeón fue Uruguay.

En el conjunto argentino actuaron, entre otros: el arquero de River, Humberto Ballesteros; el centrehalf de Boca, José Antonio Pla, el lateral de Huracán Julio Bordatto, Fernando Lavezzi, delantero de Platense en ese tiempo, “el Gato” Marín, aquero de Vélez, y dos que llegarían a ser grandes figuras de Rosario Central: Aurelio Pascuttini y Aldo Pedro Poy.

EN PARAGUAY

El siguiente sudamericano se llevó a cabo en Paraguay durante marzo de 1967. La sede fue Asunción y los partidos se jugaron en el estadio: Defensores del Chaco, donde se realizó la ceremonia inaugural, y en los estadios de Olimpia y Cerro Porteño.

Paraguay era el gran candidato y Brasil era otro de los favoritos, mientras que Argentina había conseguido armar un plantel de donde sus técnicos, que habían encarado el tema con seriedad, pretendían encontrar el equipo como para cumplir una performance decorosa.

DIRECCIÓN TÉCNICA

El plantel del seleccionado albiceleste estuvo bajo la dirección técnica de Juan Carlos Giménez, el famoso Petiso de los años de gran protagonismo del Racing Club en los ‘50, y de Mario Imbelloni, aquel puntero derecho de la inolvidable delantera de San Lorenzo de Almagro en los años ’40, que integró junto a Farro, Pontoni, Martino y Silva.

PLANTEL ARGENTINO.

En el registro del torneo quedó una planilla de 18 jugadores que presentó la AFA, entre los que estuvieron los arqueros: José “Perico” Pérez de River y Roberto D’Alessandro de San Lorenzo; los defensores Eduardo Comisso, por entonces en River y luego gloria de Independiente, Jorge Dominicci de River y Quique Wolff de Racing; los volantes: Antonio García Ameijenda y José Martínez de San Lorenzo, y los delanteros: Aníbal Cibeyra de River, Miguel Ángel Converti de Banfield y Carlos María García Cambón, de Chacarita.

Para pesar de los entrenadores, no se pudo contar con otros jugadores preseleccionados, porque no fueron cedidos por los clubes. De hecho, no hubo jugadores de Boca, Independiente y Estudiantes de La Plata.

EL TORNEO

Participaron 9 equipos que fueron divididos en dos zonas, donde jugarían todos contra todos, a una sola rueda, clasificando primero y segundo de cada zona para las semifinales.

Argentina integró en Grupo A junto a Paraguay, Colombia y Venezuela, mientras que en el otro grupo quedaron Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Ecuador, equipo éste que dio la nota al vencer a Brasil por 2 a 1 en el debut, aunque luego no volvió a ganar y terminó último.

Brasil ganó el grupo y pasó a semifinales junto a Perú que fue segundo.

En el otro grupo, Argentina igualó 1 a 1 con Colombia (gol de García Cambón), cayó ante Paraguay por 3 a 1 (gol de García Cambón) y venció a Venezuela por 3 a 1 con goles de García Ameijenda, Martínez y Cibeyra.

De esta manera, Paraguay ganó el grupo, aunque perdió con Colombia, y pasó a semifinales. Pero el segundo puesto no estaba definido.

Argentina y Colombia sumaban 3 puntos, producto de una victoria y un empate, habiendo perdido el encuentro restante, y tenían idéntica marca en goles, con 5 a favor y 3 en contra.

Había que desempatar.

CURIOSO DESEMPATE

El 22 de marzo, Argentina y Colombia jugaron un partido de desempate, pero el mismo terminó igualado sin que se abriera el marcador. Como siguiente recurso de desempate, ya fuera del plano deportivo, se recurrió al azar y Argentina y Colombia se jugaron su pasaporte a semifinales a “Cara” o “Seca”, según cayera la moneda que, arrojada al aire, terminaría decidiendo qué equipo seguiría en carrera.

La fortuna se tiñó de celeste y blanco y la selección juvenil argentina fue rival de Brasil, lo que para muchos significaba la despedida del sueño de campeón.

CON BRASIL

Cuatro días después de la fortuita clasificación, Argentina enfrentó a Brasil (que no jugaba desde hacía ocho días) y con goles de García Cambón y José Martínez, lo venció por 2 a 0, lo que resultaría la mejor producción albiceleste en el torneo.

Paraguay dio cuenta de Perú, y argentinos y guaraníes volvieron a verse las caras, aunque ahora con el trofeo de campeón sudamericano en juego.

En el conjunto local había mucha confianza (había vencido a Argentina en la fase de grupos) pero una final es otra cosa, muy distinta, por cierto.

LA FINAL

El conjunto paraguayo buscó en todo momento asumir el principal rol protagónico del partido, pero los juveniles argentinos se plantaron muy bien en el campo de juego mostrando una decidida actitud y las chances estuvieron repartidas, aunque el mayor porcentaje en cuanto a dominio del balón fue de Argentina.

El público local presionaba en gran forma y el árbitro peruano, Orozco, sancionó un penal para Paraguay cuando la pelota estaba en el aire, por supuesta falta en el área contra Ramírez. Pareció que se derrumbaría el plateo albiceleste, pero, Perico Pérez, que se haría famoso por atajar penales en su trayectoria profesional, contuvo el disparo de Laterza.

Tras un primer tiempo sin goles, apenas comenzada la segunda etapa, Pasternak empalmó de volea un centro de García Cambón y abrió la cuenta. Pero antes del cuarto de hora y en solo dos minutos, Paraguay pasó al frente por 2 a 1.

Sobre la media hora de esa etapa, Martínez clavó un golazo de media distancia y empató el partido. El local se fue con todo al ataque, pero el resultado no se modificó.

Sellado el empate se recurrió a tiempo suplementario, aunque no se consiguió desnivelar el marcador y el 2 a 2 fue definitivo.

PROPUESTA INADECUADA

La presión del público pidiendo un nuevo partido era tremenda y el árbitro consultó a Teófilo Salinas, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, presente en el estadio, incluso dicen que Salinas le ofreció al presidente de la delegación argentina, Nicolás Lacertosa, jugar otro partido pero este se negó indicando, en principio, que no podían venir con ese ofrecimiento ahora sino que debieron haberlo realizado unos días antes de la final, previendo un posible empate, y así él podría haber consultado a la AFA. Hecha la aclaración, Lacertosa dijo que no tenía otra opción que acogerse al reglamento del torneo que preveía el sorteo como último recurso de desempate.

MONEDA AL AIRE

No habiendo acuerdo, Orozco llamó a los capitanes y les mostró una moneda de un peso argentino moneda nacional, a lo que el capitán paraguayo eligió “Seca”, pero su par argentino, Dominicci, indicó que, por haber ganado argentina el sorteo de vallas, debía ser él quien eligiera. El árbitro aceptó y, entre el número 1 de una cara y el rostro de la libertad en la otra, Dominicci, muy seguro, eligió: ¡Número!

Orozco revoleó la monera y cuando la misma cayó al piso, la cara con el número 1 estaba hacia arriba: Argentina era el nuevo campeón sudamericano juvenil, título que lograba por primera vez en su historia, dándole la razón a quienes aseguran que, para ser campeón, hay que tener también una cuota de suerte. ¡Y vaya si la tuvo!

Roberto F. Rodríguez.

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