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Un emblema rojo

Hay jugadores que quedan identificados por siempre con una institución, en la que no solo han jugado sino dirigido, trabajado y colaborado en todo lo posible. Este es el caso de: Ricardo Juan Perotto, un verdadero emblema del Independiente de nuestro distrito.

Por haber nacido en Mones Cazón el 4 de marzo de 1949, exactamente cuatro años después de la fundación de la Liga Pehuajense de Fútbol (LPF), bien pudo haberse tomado esa fecha como premonitoria en cuanto a su relación posterior con dicho deporte, sin embargo, esa Liga no lo tendría fichado en un principio porque él siguió otro camino.

La fundación del Club Social y Deportivo Independiente de Mones Cazón resultó determinante para su futuro futbolístico porque abrazó esos colores para siempre. En esos comienzos, el rojo participaba en la Liga Deportiva de Henderson junto a los equipos de esa ciudad, como así también algunos de la ciudad de Daireaux y otros de localidades del partido de Pehuajó como Atlético Mones Cazón y Atlético Magdala.

PRIMER TÍTULO

El rojo de Mones Cazón llegó a la final del torneo de la Liga de Henderson en 1965 pero cayó ante Villa Obrera de Daireaux, institución desaparecida hace varias décadas.

Independiente siguió adelante y en 1970 conformó un gran equipo, año en el que Ricardo Perotto, quien estaba cumpliendo con el servicio militar obligatorio de entonces, viajaba hasta Mones Cazón para poder lucir la casaca roja en tan significativo torneo. Y el esfuerzo rindió frutos porque, finalmente, Independiente se coronó campeón.

VOLANTE AZUL

En Mones Cazón se hablaba de la posibilidad que el rojo hiciera pronto su debut en la LPF, pero Ricardo Perotto llegó antes que su querido Independiente, porque el 1971 se incorporó a Deportivo Argentino, institución que contaba con un plantel superior cargado de nombres de gran categoría, donde no había lugar para todos, y donde el equipo soñado no apareció, lo que dejó a los azules fuera del cuadrangular final.

EN ROJO EN LA LPF

En 1972, Independiente y Atlético se incorporaron a la Liga Pehuajense. El rojo conformó un buen equipo que generalmente formaba con: Sánchez, Díaz, Evangelista, Norryh y Rodríguez; Perotto, González y Gómez; Manuel Astudillo, Belasteguín y J.J.Fernández.

El torneo, con 24 partidos en su fase clasificatoria, resultó demasiado extenso en comparación con los certámenes que los rojos habían disputado en la Liga de Henderson, y pagaron un alto “derecho de piso”. El equipo no consiguió clasificar para el Petit Torneo final, pero la experiencia resultó muy valiosa.

En 1973 no tuvieron mayor suerte, aunque es justo reconocer que adquirieron una mayor experiencia y eso se notó en varios encuentros que disputaron. La realidad decía que el equipo no estaba tan lejos de los conjuntos más calificados, por lo que para el año siguiente lograron reforzar el plantel con la llegada de Ricardo Lasca, un muy buen arquero surgido en San Martín que venía de jugar en la tercera de River Plate; el delantero deroense Jorge Tevez, conocido como “el zurdo”; el lateral Jorge Pérez y el volante ofensivo Jesús Martín.

EL TORNEO DEL ‘74

La campaña roja en el torneo oficial de 1974 resultó muy importante porque superó rivales de gran jerarquía y el equipo fue ganando confianza. En la primera rueda, luego de 12 fechas, Unión de Curarú, con una formación inolvidable donde brillaban Daniel y Miguel Benítez, ganó la rueda manteniendo el invicto, dado que logró 7 victorias y 5 empates, sumando 19 puntos (en ese tiempo se otorgaban solo 2 puntos por victoria), pero Independiente, con un muy buen juego, terminó en el segundo lugar con 17 unidades.

Conforme al reglamento, si Unión ganaba también la segunda rueda, sería el campeón, pero una derrota ante Defensores del Este, no solo le quitó el invicto a los albos, sino que influyó demasiado en el ánimo del plantel. Unión no consiguió ganar la rueda y hubo un Petit Torneo entre los de Curarú, Defensores, Independiente y Atlético.

POR EL TÍTULO

Por primera vez y en su tercera temporada se les presentaba a los rojos la posibilidad de ser campeones de la LPF, logro que perseguía también Atlético que tampoco había conseguido tal halago en el fútbol pehuajense.

Ese año, los equipos de Mones Cazón se habían enfrentado en dos ocasiones en ese torneo, con una victoria para Atlético por 4 a 3 y una para Independiente por 2 a 0. Pero ahora la lucha sería por el campeonato entre los cuatro equipos.

Independiente no arrancó bien porque perdió con el Defe en Pehuajó por 1 a 0 y, tratándose de un torneo tan corto, sus posibilidades mermaron notablemente, máxime cuando cayó ante Atlético por 2 a 0. Sin embargo, sus hombres siguieron dándolo todo por alcanzar la posición más alta posible y en las revanchas ganaron un partido épico ante su clásico rival por 4 a 3 cuando todo parecía perdido.

Cuando concluyó el Petit, Defensores del Este se coronó campeón, pero Atlético e Independiente igualaron el segundo puesto y debieron jugar un encuentro decisivo para determinar el subcampeón, un lauro que exitismo ha ido devaluando con el tiempo, pero resulta ser muy honroso conseguirlo, máxime si se trata de disputarlo frente al clásico rival.

UN CLÁSICO ESPECIAL

El 24 de noviembre de 1974 en cancha de Defensores del Este se disputó el esperado encuentro, que tuvo dos situaciones para resaltar. Primero, un claro penal que Santillán le cometió a Jesús Martín a poco de haber comenzado el partido y que el árbitro ignoró. Luego la desafortunada lesión del arquero Regojo de Atlético que obligó a su reemplazo.

El 0 a 0 quedó sellado tras 90 minutos y debió recurrirse a los 30’ de tiempo suplementario.

Tevez, desde fuera del área, abrió la cuenta con un golazo que parecía definitivo, pero enseguida empató Sieza. El trámite se aquietó y todo indicaba que se llegaría a la definición con disparos desde el punto del penal, pero Jesús Martín, aprovechando un error del arquero López, marcó el gol de la victoria y del subcampeonato.

Lasca, Díaz, Evangelista, Rejep y Videla; Perotto, González y Martín; Astudillo, Belasteguín y Tevez fue la formación roja que resultó vencedora.

NUEVAS CAMPAÑAS

Con la incorporación de Rubén Landaburu para defender la valla, Independiente encaró el campeonato oficial de 1975 con grandes expectativas, pero la campaña resultó apenas discreta en la primera rueda, y aunque mejoró mucho en la segunda, igual no le alcanzó para obtener el pasaporte al cuadrangular final y terminó sexto en la general.

Algo similar les ocurrió en el torneo del ’76 donde no lograron clasificar por un solo punto. Por eso para 1977 se renovó el plantel y se conformó un muy buen equipo que solía formar con: Landaburu; Ramírez, Stauskas, Norryh y Regep; Fresco, Perotto, Trejo y Martínez; Acosta y Tevez, siempre con Faustino Conrado González como DT.

El equipo funcionó bien y logró clasificar para disputar el hexagonal final junto a Deportivo, Atlético Mones Cazón, Fútbol Club Henderson, Unión de Curarú y Maderense.

En ese reducido, el rojo cosechó 5 victorias, 3 empates y 2 derrotas, finalizando en el tercer lugar, detrás de Atlético y Deportivo que igualaron el primer puesto, aunque el campeón fue Atlético por aplicación del sistema de gol average, única vez que se aplicó en la LPF.

ARQUERO Y DT

A partir de allí, Independiente no logró repetir buenas performances y Perotto fue madurando su retiro. No obstante, en 1981 cuando era prácticamente un exjugador de 32 años, fue convocado para defender el arco de los rojos en la emergencia que atravesaba el equipo y aceptó, calzándose el buzo, los guantes y una gorra que parecía de otros tiempos. Cumplió, porque Independiente fue, es y será la razón futbolística de su existencia. También fue técnico, aunque en otra emergencia. Ocurrió cuando el técnico Faustino González fue suspendido por 6 meses en 1983 y Ricardo se hizo cargo del equipo.

UN SÍMBOLO

A la hora de analizarlo puede afirmarse que fue un jugador, de gran estatura física, que jugó en casi todos los puestos porque su Norte fue servir a la institución que ha amado siempre. Fue delantero, defensor y hasta arquero, pero su puesto ideal estaba en el medio campo, donde se sentía a gusto para desplazarse dentro de un sector amplio, desde donde podía demostrar su mayor panorama de juego, visualizando posibilidades estratégicas para poner en práctica. Bueno en la marca y la recuperación del balón como en la distribución del esférico hacia el mejor destinatario. De tranco lento pero seguro, sabía ocupar espacios adecuados porque ya había imaginado por dónde pasaría la jugada y tenía la incidencia necesaria sobre el resto de sus compañeros como para ordenarlos en torno a lo que él ya había visto. De potente disparo, solía rematar hacia el arco desde cualquier posición, siempre que las condiciones estuvieran dadas para ello. Así conoció también el halago de inflar las redes adversarias con tremendos zapatazos.

Sin dudas, Ricardo Perotto fue un símbolo del fútbol de Independiente, entidad donde jugó siempre, salvo una experiencia en Deportivo Argentino y otra en Salazar Fútbol Club cuando el rojo no competía. Lo mismo ocurrió cuando dirigió a Atlético a principio de los ’90 porque Independiente estaba ausente de los torneos de la LPF, tiempos en los que, siendo entrenador, recibió una distinción por parte de la Agrupación Pehuajense de Árbitros en reconocimiento a su comportamiento. Un grande con todas las letras, y con una sangre tan roja como el color dominante de la institución amada.

Roberto F. Rodríguez.

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