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La extinción del Pájaro Carpintero pico de marfil

Tal vez habría sido el momento en el que la singular carcajada de Loquillo se embozara tras una mueca trágica.  No lo sé. De hecho, el popular Loquillo no es más que un personaje de dibujos animados con el que varias generaciones atravesamos la infancia disfrutando sus capítulos por televisión. En blanco y negro, al principio, allá a partir de finales de los ’60, y en color después, tras el Mundial 78 que puso a la Argentina en la era de la televisión color.

Pero lo cierto es que ese personaje, creado por Walter Lantz y dibujado por Ben Hardaway, fue inspirado en un pájaro carpintero de pico de marfil, especie que, en la actualidad, ha sido declarada extinta por el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos.

La especie había sido considerada, hace años, como en peligro de extinción porque desde 1944 no se ha vuelto a ver un ejemplar de la misma, por cuanto las autoridades competentes han iniciado la tramitación correspondiente para que el nombre de la mencionada especie sea retirado de la lista de: “especies en peligro de extinción” y sea incorporado a la de extintas.

Según se ha hecho público por diferentes medios, la noticia hace mención sobre cómo la actividad humana puede llevar a las especies al declive y a la extinción, contribuyendo a la pérdida del hábitat, a la sobreexplotación y al ingreso de especies invasoras y enfermedades.

Pero la situación no queda solamente en eso, porque las autoridades han presagiado, con sólidos fundamentos y notable preocupación, que las extinciones de especies animales y vegetales seguirá en aumento debido no solo a los peligros que enfrentan las mismas sino también al calentamiento global.

No obstante, no todos han estado de acuerdo con que dicho ave sea declarada extinta. De hecho, John Fitzpatrick, reconocido biólogo de aves de la Universidad de Cornell, consideró prematura la medida y expresó -conforme a lo que se ha difundido en diferentes portales– lo siguiente: “Un pájaro tan icónico y representante de los principales bosques primarios del sureste, mantenerlo en la lista de especies en peligro de extinción mantiene la atención en él, mantiene a los estados pensando en la gestión del hábitat en la remota posibilidad de que todavía exista”.

Por otro lado, desde la denominada Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, organismo con sede en Suiza, se ha conocido que dicha entidad ha decidido no ubicar al referido pájaro carpintero como una especie extinguida, porque consideran que podría haber ejemplares de esa especie en Cuba.

En definitiva y por lo observado, más allá de quienes están o no de acuerdo con la determinación de declarar extinta a la especie aludida, lo cierto es que hace décadas que no se ve un ejemplar de la misma en algún sitio del planeta o al menos no se tiene conocimiento de que ello haya ocurrido.

Por eso imaginé que las risotadas del popular Loquillo, de haberse enterado éste de la noticia, no se hubieran manifestado con la acostumbrada frescura, y entonces el silencio habría ganado la escena.

¿Cuántos somos los que, al menos alguna vez, nos divertimos en nuestra infancia con esa magnífica obra de animación creada por Walter Lantz? Muchos. Muchísimos.

Una caricatura que apareció con gran éxito en los Estados Unidos en los años ’40 y siguió ganando una mayor popularidad a partir que fue difundiéndose por diferentes países. En los finales de los ’60, cuando desde nuestra ciudad veíamos la televisión abierta procedente desde Trenque Lauquen, empezamos a conocer algunas tiras animadas y a su tiempo nos llegó Loquillo, cuyos episodios tenían una particularidad y era la aparición de su creador Walter Lanz, el cual era presentado por el simpático pajarraco. Eran tiempos donde la tecnología aun no permitía la actuación interactiva de figuras animadas con personas reales como muchos años después se logró con películas como: “Space Jam”, pero Loquillo, en uno de los cuadros, presentaba a su creador y, al cuadro siguiente surgía la figura de Lantz, sentado junto a su escritorio y sosteniendo un diálogo con el personaje que, ya no estaba en pantalla. Luego Loquillo corría a encender el proyector y este empezaba a convulsionar como si se desarmara, expulsando inmediatamente la cinta cinematográfica para formar una madeja al mejor estilo de lo que, con el tiempo, nos mostraría el genial Eduardo D’Angelo interpretando “El hombre del doblaje” en el programa Hiperhumor. Por eso, sería imposible no recordar al mítico pájaro loco, cuyas caricaturas se produjeron hasta mediado de los ’70 y desde entonces han sido repetidas millones de veces en el mundo.

La última aparición de Loquillo fue en cine, pero en un breve pasaje del film “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”, donde se lo puede ver junto a muchos personajes animados famosos de Disney y de la Warner Bros, los cuales, por exigencias de sus respectivos representantes legales, tenían que disponer de la misma fracción de tiempo en pantalla.

¡Cuestiones de cartel, de las que ni los dibujos quedan al margen!

Lo cierto es que Loquillo surgió a la vida animada luego que su creador se viera inspirado, mientras disfrutaba de su luna de miel, por un pájaro carpintero, pico de marfil, que picoteaba un árbol y emitía un raro y gracioso sonido que Lantz interpretó como una risotada.

Ese pájaro real, perteneciente a la familia Picidae, tenía el plumaje blanco y negro, con una cresta roja en los machos, y medía unos 50 centímetros. Y así dibujaron a Loquillo, aunque reemplazando el color negro por el azul.

Hoy dicen que el pájaro carpintero de pico de marfil ya no existe, aun cuando últimamente lo hemos visto caricaturizado en una conocida publicidad de pintura capaz de transformar, todo lo que pinta, en madera, al menos a simple vista. Y ello es, precisamente, lo que termina comprobando dicho pájaro cuyo pico se desfigura ante la solidez del metal que él cree de madera. No mencionaré marca, pero la publicidad es muy conocida. De hecho, su imagen con el pico abollado y vendado, y particular voz expresando: “¡Parece madera!” es todo un ícono publicitario que termina rindiendo homenaje a una especie hoy declarada extinguida.

Por eso quizá podría haber sido el momento en el que la singular carcajada de Loquillo se embozara tras una mueca de dolor espiritual, al saber de la desaparición de su especie. Una especie que no es la única que ha sido borrada del planeta y eso me da la triste impresión de que las cosas no parecen marchar muy bien en el tema ambientalista y, ha quedado claro que, si tomamos un mal camino, algún día podría llegar nuestra destrucción. Y tal vez sea en ese trágico momento, cuando Loquillo termine riéndose de todos nosotros en el más allá. Esperemos que la humanidad nunca llegue a eso.

¡Feliz fin de semana!

Roberto F. Rodríguez. 

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