Rasgos pehuajenses

Fonovox

Mencionar a figuras reconocidas internacionalmente como Esperanza de Velasco, Arturo Vázquez-Vela y Josefa de Velasco, notables compositores de música orquestal, quizá no les diga nada a los pehuajenses, sea cual fuera la generación a la que pertenecen.

Decir que ellos son la cara más conocida de una empresa que brinda servicios como composición de música original, arreglos musicales, jingles, covers y organización de orquestas, puede llegar a interesar a algunos, aunque confirmar que se trata de una compañía que funciona México, Distrito Federal, posiblemente los desanime.

Sin embargo, mencionar su nombre resulta un disparador, porque esa empresa mexicana se llama: Fonovox, denominación tan ligada a nuestra historia que, no por conocida, deja de merecer su permanente espacio en el recuerdo.

Surgida de una sociedad familiar entre Venancio Bonnet y su cuñado José “Pepe” Bizzio, el Fonovox pehuajense marcó una época donde su sonido ocupó el aire de la ciudad, llevando música, noticias y publicidad de nuestras casas comerciales en tiempos en los que todavía no existía la emisora local de amplitud modulada L.T.22 Radio Nueva Era, nacida en 1971, ni tampoco habían aparecido otras radios de distritos vecinos. Entonces reinaba Fonovox.

Por su estudio, ubicado en la cuadra de Bartolomé Mitre al 300, desfilaron prestigiosos locutores, entre los que estuvo el inolvidable Osmar Maderna, notables músicos y eximios representantes de las artes y el deporte, cuya palabra era llevada a la audición ciudadana mediante distintos parlantes instalados en lo alto, en un radio céntrico del reducido ejido urbano de entonces. Luis Ángel Firpo, Abel Cestac y Pedro Quartucci son un ejemplo de la categoría de visitas recibidas.

La característica apertura de transmisión, famosa marcha triunfal enmarcada dentro de la música clásica más atractiva de todos los tiempos, quebraba el silencio aéreo de la ciudad a un horario determinado. Horario en el que muchas jovencitas que paseaban por la zona céntrica, tenían como tope para regresar a sus hogares, circunstancia por la cual aquella música constituía también un recordatorio importante, una aplicación impensada derivada de una idea funcional.

Fonovox dejó de existir en los años ’70, luego de la muerte de Pepe Bizzio, el último de los socios fundadores. No obstante, su nombre sigue presente en el aire de la ciudad y cada vez que aquella música inmortal llega por algún medio, la memoria se regocija trayendo un sinfín de recuerdos de un

Pehuajó de paso lento pero incansable, de tranquilidad pueblerina, de algunos balcones entre casas bajas, de calles de tierra y poco cemento, de terrenos baldíos esperando el progreso, de pibes peloteando en potreros improvisados y el silbato de un tren sonando varias veces al día, con barreras bajas saludando su traqueteo.

Pensar que hoy miles de personas concurren a aquella empresa en el Distrito Federal de México y mencionan la denominación Fonovox como si nada, sin conocer la historia que guardan esas siete letras. Una historia que nos enorgullece.

 

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