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Cuando un amigo se va

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Cuesta despedir a un amigo que a partido de improviso, sorprendiendo a todos en su acto final en esta tierra. Un acto tan circunspecto como su vida misma, cargado de respeto, porque así se lo enseñaron sus mayores. Ello no significa que fuera callado, sino que fue de esos hombres a los que les cuesta lastimar el silencio y solo lo hacen cuando tienen algo útil que decir, sea para dar una opinión valedera o para dibujar una sonrisa en los labios de sus interlocutores.

Un verso, una palabra, una historia hecha canción, una efeméride y alguna anécdota graciosa de su inagotable acervo personal, eran moneda corriente en su vida y llegaron a la gente en las peñas o a través de los micrófonos de la radio, cuyos programas folklóricos supo animar con su presencia.

Créanme que demoré demasiado en reaccionar porque me costaba salir de tan infausta sorpresa. Pero la realidad decía que el pasado martes 12 del actual dejó de existir Fernando Javier Gortari, un viejo amigo de mi infancia.

Con algunos años menos que yo, crecimos juntos en la primera cuadra arenosa de la calle Gutiérrez, antes que el asfalto articulado terminara con nuestros juegos callejeros. Y cuando nombro a esa cuadra me refiero a la comprendida entre la entonces avenida Rivera Indarte (Hoy Presidente Perón) y José Manuel Estrada.

Es cierto que por una sencilla proximidad en edades mi mayor trato estaba con su hermano Osmar, “el Omar” para nosotros, pero Fernando, apodado “Tata”, se podía contar dentro de una no muy extensa franja etaria que nos comprendía y nos hacía protagonista de las mismas aventuras infantiles.

Una pelota, de cuero o de medias, nunca faltaba, aunque para la mayoría de nosotros fuera un objeto complicado de dominar, pero intentábamos divertirnos en ese denso arenal de la calle, jugando a lo largo y con arcos imaginarios señalados apenas por dos montículos de prendas de vestir que, más de un arquero vivillo, aprovechando alguna distracción general, solía correr hacia adentro achicando las dimensiones de la supuesta valla.

La bolita sobre las veredas de tierra eran número fijo en las distintas épocas que tenía cierta preeminencia durante el año. Las figuritas también tenían su tiempo. Y las soleadas siestas veraniegas solían encontrarnos -previo escapar del control de nuestros padres– cazando mariposas a puro golpe con una vara de paraíso con muchas ramificaciones, pero sin hojas. Horas pasábamos moviéndonos en el medio de la calle esperando la andanada de mariposas para derribarlas y luego guardarlas como trofeos en un frasco de vidrio con tapa a rosca, de los que había en todas las casas. Buscar la mariposa blanca o la que decían llevaba impreso el número de la suerte en sus alas, era todo un desafío y no cesábamos en el sueño de capturarlas. Nunca lo conseguimos.

La tierra de la calle nos impedía armar los clásicos carritos de bolilleros, divertimento tuerca reservado exclusivamente para el pavimento y vedado para quienes solo podíamos levantar polvareda. Pero ello no era obstáculo para el ingenio popular porque utilizando las ruedas traseras de algunos triciclos abandonados en el olvido, o incluso de aquellos cochecitos para llevar a los bebés que se utilizaban en los años ’50 y ’60, y de los que solo quedaban restos, extraíamos dichos rodados y armábamos, con algunas maderas, nuestro prototipo. Naturalmente era un vehículo de tracción a sangre, el cual era abordado por uno de nosotros como piloto y el resto se ubicaba detrás y empujaba a toda velocidad. Obviamente que la diversión llegó a ser mayor cuando pudimos armar otro carro y fue posible competir. Claro que con el cuento de que la calle es libre y la vereda es pública, pretendíamos apropiarnos de espacios a modo de invasión, lo cual siempre chocaba contra la protesta justificada de algunos vecinos y la reprimenda de nuestros padres.

Muchos juegos compartimos entre amigos en aquella añorada infancia donde la falta de muchas cosas la suplíamos con una tupida imaginación, logrando que una media rellena de trapo fuera un fútbol, una madera sobre cuatro ruedas viejas de triciclo se transformara en un turismo carretera, un trozo de madera llegara a ser un Winchester a repetición que nos permitiera encarar bien armados el juego de cowboys en los terrenos baldíos de la cuadra, y un pedazo de rama de palmera pudiera convertirse en un galeón pirata capaz de surcar los indómitos mares que los regalaban las lluvias dejando aguas estancadas sobre las márgenes de la calle.

Después, cada uno era dueño de sus travesuras y distracciones. Porque éramos distintos y nos atraían diferentes cosas. Pero recordar a Fernando es volver a verlo con su inmensa devoción por los caballos y un infinito amor por el sentir del gaucho argentino como emblema de la tradición nacional.

Crecimos y aunque tomamos caminos diferentes, no perdimos contacto. Algunos saludos en la calle y mensajes a través de las redes sociales nos mantuvieron cerca pese a lo lejano de aquella infancia maravillosa de la que solo quedan gratos recuerdos, aún cuando el hábitat en que crecimos haya cambiado notablemente su fisonomía. Porque hoy todo es distinto. Y si nuestra mente guarda alguna vieja postal de aquella cuadra como era entonces, comprobaremos que ya casi no existe tal como fue. La casa de Maruca, la peluquera; la de los padres de Fernando y la de mis viejos, son las únicas tres que mantienen el mismo frente de fines de los años ’60, resistiéndose al paso del tiempo sobre una de las veredas. El progreso o la vida, se llevaron el resto. La casa de los Luna con el ligustro al frente, el alto tapial de la casa de doña Juana Zoppi, paredes cuyo revoque salpicado disuadía cualquier intento de roce contra las mismas, la casa de Jorge Farabollini, a quien no conocimos, pero sí a su madre, doña Nazarena, y la antigua escobería abandonada de los Rodríguez, en la esquina. En la vereda de enfrente el cambio fue mayor, aunque es cierto que había muchos terrenos libres en aquel tiempo. Solo la casa de Brola, en la esquina con la avenida, se conserva. No está la frondosa ligustrina de don Diez, ni la casa de doña Benedicta, o la especie de vecindad que tenía Tempio sobre la esquina con Estrada, donde vivía su amplia familia y algunos inquilinos. Todo se fue con el tiempo.

Sin embargo, cuando la memoria, castigada por el inexorable paso de los años, nos devuelva algunas de aquellas imágenes barriales, difuminadas a contraluz de los recuerdos, la figura del querido Fernando aparecerá siempre sobre nuestra cuadra de la Gutiérrez, cruzándola a paso cansino y luciendo con orgullo las pilchas gauchas cuyo brillo nacía de su buen corazón. Un corazón que el pasado martes detuvo su marcha para siempre, dejando un vacío muy grande en la vida y un intenso dolor en nuestras almas. ¡Descansa en paz, querido amigo de mi infancia!

Roberto F. Rodríguez.

 

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Un nuevo suicidio conmociona a los pehuajenses

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Pasado el mediodía se confirmó que una mujer de 48 años decidió quitarse la vida, convirtiéndose en el quinto caso registrado en los últimos 27 días.

El primer caso ocurrió el 31 de agosto, mientras que el jueves 8 de septiembre decidieron quitarse la vida un hombre de 54 años y un adolescente de 17. Luego, en la jornada del jueves 22, un menor de 14 años también tomó la misma decisión.

En todos los casos, luego de la actuación de la Policía Comunal, se labraron actuaciones penales caratuladas como “suicidio” y tomó intervención la Fiscalía Descentralizada de Pehuajó. También desempeñaron su labor en el lugar de hecho personal de la Policía Científica de Pehuajó y el médico de guardia del hospital municipal.

En la provincia de Buenos Aires existen políticas públicas para la prevención y abordaje de temáticas vinculadas a la ideación y conducta suicida, entre las que se destacan los talleres en escuelas secundarias.

Se trata de los talleres “La salud mental la hacemos entre todos y todas”, un programa articulado con la Dirección General de Escuelas, dirigido a estudiantes de entre 14 y 15 años que cursan el 3º año de secundario de escuela provinciales dónde se abordan temáticas vinculadas a la salud mental.

Los talleres forman parte de las acciones implementadas por la Subsecretaría bonaerense de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencia de Género.

A su vez hay más de 150 dispositivos territoriales, con diferentes abordajes, que realizan actividades comunitarias de promoción y prevención en materia de salud mental. Como parte de estos lineamientos de ayuda, la Subsecretaría de Salud Mental bonaerense posee una línea telefónica (0800 222 5462). Su función es “el acompañamiento, asistencia y derivación a toda persona que requiera atención en salud mental”.

En tanto, en 2019, una situación similar se vivió en la localidad de Arrecifes, ya en el lapso de dos meses diez personas se quitaron la vida, generando un fuerte impacto en la localidad de 25 mil habitantes. (DIB) ACR

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La Torta Bonaerense sigue el recorrido por toda la Provincia y hoy llega a nuestro distrito: se repartirá en Juan José Paso

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Como parte de las celebraciones por su Bicentenario, la banca pública bonaerense reparte en distintos puntos de la provincia miles de porciones de la gran Torta Bonaerense, inspirada en la receta de la cocinera Ximena Sáenz. Todos los martes y jueves, desde las 11, cuatro camiones itinerantes se instalarán en las puertas de algunas sucursales del Banco para convidar porciones a las personas que transiten por el lugar. La actividad comenzó el 6 y se extenderá hasta el 30 de septiembre.

Banco Provincia comenzó una original iniciativa para celebrar su Bicentenario en el interior. Todos los martes y jueves de septiembre se entregarán miles de porciones de la Torta Bonaerense en 29 localidades. La acción se desprende de la campaña publicitaria institucional y es un gesto de agradecimiento de la entidad pública hacia todas las personas que viven en la provincia de Buenos Aires.

La entrega de tortas arrancó el mismo 6 de septiembre en la Casa Matriz de La Plata durante el acto del Bicentenario y continuó el jueves 8 en Laprida, General Conesa, Cañuelas y Alberti. El recorrido de los cuatro camiones itinerantes que reparten las porciones será informado por las redes sociales de la institución.

La propuesta apunta a reflejar la cercanía de Banco Provincia con las y los bonaerenses en una fecha histórica. “Queremos llegar a varias localidades con este presente para que todas y todos se sientan parte de estas celebraciones. Venimos trabajando de manera conjunta con los municipios para darnos en este año del Bicentenario un profundo anclaje con la identidad bonaerense”, expresó Juan Cuattromo, presidente de la entidad financiera.

JUAN JOSÉ PASO

Hoy, martes 27 de septiembre, habrá un camión entre las 11:00 y las 13:00 en la puerta de la sucursal Juan José Paso, ubicada en la esquina de Leandro N. Alem y Sarmiento.

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Hoy se realizará en el parque de nuestra ciudad la etapa regional de la Feria de Ciencias

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Tal como hemos venido anunciando, en el día de hoy se llevará a cabo la etapa regional de la Feria de Ciencias y Tecnologías Educativas. ​La misma se desarrollará desde las 10:00 en el Parque San Martín.

Tanto el cronograma de actividades como la ubicación de stands, escenario y lugares donde se desarrollarán las distintas actividades, se detallan en las imágenes que acompañan esta nota.

FERIA DE CIENCIAS: ETAPA LOCAL

Vale remarcar que se trata de la etapa regional. La etapa local se realizó el 24 de agosto pasado, y fue la oportunidad en la que se “estrenó” el nuevo espacio, ya que se desplegó la feria en el Parque San Martín.

La muestra, montada en un sector del parque San Martín, contó en su etapa local con 42 trabajos que se produjeron desde las instituciones educativas.

El programa tiene como objetivo exponer lo trabajado en los establecimientos educativos durante el año, y a diferencia de otras oportunidades, se expondrán trabajos de educación especial y adultos.

“La nueva locación de la Feria buscó una mayor participación de los vecinos y vecinas de la ciudad, que pudieron recorrer los stands de 10:00 a 16:00”, remarcaban oportunamente sobre la elección del parque para realizarlo y la participación de la gente.

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