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De boliche en boliche

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En los últimos encuentros que hemos mantenido a través de estas notas de fin de semana en referencia a lugares pehuajenses con importante carga histórica, ha tenido un cierto impacto una palabra allí incluida: boliche.

La sola mención de ese vocablo significa, al menos para los veteranos que peinan canas, aun cuando sea pocas las que conserven en la lucha contra la impiadosa invasión de la calvicie, remontarse a un pasado donde lugares con aquella denominación se levantaban orgullosos, generalmente en distintas esquinas de la ciudad, como establecimientos de encuentros y sociabilización; de naipes que se deslizaban demasiado rápido y de copas que solían hablar demasiado buscando consuelo; de puchos encendidos por gusto o necesidad de apaciguar nervios y de charlas de los más disímiles y asombrosos temas; de los que beben para matar un mal recuerdo, los que apelan a una copa al pasar como para honrar el ritual del sitio, o de los que lo hacen -como dice un viejo tango– sin motivo y sin razón, porque no cuentan con recuerdos que los aturdan ni tienen que olvidar una traición, y toman porque sí, de puro curdas, porque siempre las resulta buena la ocasión.

Lo cierto es que esos emblemáticos lugares alargaron su importante y servicial presencia durante varias décadas y tuvieron su ocaso a partir de fines de los años ’60. Y aunque muchos lograron resistir a pie firme, y por unos cuantos años más, el embate del llamado progreso, hoy ya son recuerdos perdidos en los almanaques del tiempo.

Igualmente, la palabra boliche apareció por otros horizontes semánticos en el quehacer vernáculo.

Jóvenes que crecieron con la televisión, mirando caricaturas dobladas a un idioma español neutro, más allá de haber empleado palabras como: calcetines, para referirse a los zoquetes, o expresiones como: “me atoré” cuando quedaban atascados en su paso, saben, desde muy temprana edad, que “boliche” se refiere a una actividad deportiva de salón, denominada: bolo americano, que consiste en derribar unos pinos de madera (también conocidos como bolos) mediante una bola de importante peso que se arroja contra ellos a través de una pista o cancha con cierto declive en esa dirección.

Pero para los de mí generación, ese deporte es el bowling, una actividad que creció de manera exponencial en nuestro país desde fines de los ’60, y que en Pehuajó tuvo un sitio famoso para su desarrollo. Un lugar que permanece inalterable en el recuerdo y que estaba donde desde hace años se encuentra un reconocido centro médico de diagnóstico.

El bowling era moda, en especial a principio de los ’70, y la publicidad, por ejemplo, de prendas de vestir, acudía a dicho deporte para promocionar sus productos para invierno.

Era el momento de los pantalones y camperas Astronauta, de corderoy, destinados a gente y joven y alegre, según decía la publicidad, aunque partiendo desde un cierto concepto discriminatorio que hoy no sería admitido, pero eran otros tiempos. Recuerdo haberlas visto en las contratapas de revistas, donde podía a observarse a jóvenes con dicha indumentaria, jugando bowling, en fotografías cargadas de movimiento, gracia, plasticidad y desenfado de una juventud feliz que marcaba tendencia y que motivaba a que, quién más, quién menos, saliera a la calle con ese tipo de prendas, aun cuando no fueran de esa marca, pero que a la vista sobresalían por su contextura tan particular. Porque el corderoy mandaba.

Obviamente, a ninguno de los jóvenes pehuajenses de aquel tiempo se les hubiera ocurrido decir que les gustaba jugar “boliche”. Primero porque seguramente lo hubieran dormido de un tortazo por hacerse “el banana” y después porque boliche era otra cosa. Entonces decían bowling, como correspondía según las reglas de la época.

En otro tiempo, para quienes crecimos escuchando radio, porque era la compañía natural de aquellas mañanas, y fuimos ocasionales u obligados oyentes de “Rapidísimo”, el programa que Héctor Larrea tuvo en el aire durante varias décadas, conocimos, a través del inigualable decir de Luis Landriscina, los relatos de Don Verídico, un personaje campero nacido de la pluma del humorista uruguayo Julio César Castro, cuyas historias tenían un lugar común: el boliche “El Resorte”, un establecimiento, al que imaginamos del tipo rural pero con coincidencias con los boliches urbanos que conocíamos, tales como los habituales parroquianos, el gato manso durmiendo sobre el mostrador y el expendio de bebidas.

Es cierto que, en mi niñez, como en las de muchos coetáneos, las mentas sobre boliches inolvidables de nuestra ciudad, traían nombres como “El Boyo”, consumido por un voraz incendio en 1960, o “El boliche e’ los paraos” como se llamó a un pequeño establecimiento del ramo donde no había lugar para sentarse porque ello hubiera restado espacio al resto. Pero nosotros llegamos a conocer otros boliches de ese tipo como el de Milazzotto, por citar uno relativamente céntrico y vecino de nuestro colegio de secundaria. En cambio “El Resorte” nos sonaba del tipo ruralista, como el mentado “Boliche e’ Pianca”, aquel que fue cruelmente incendiado por el famoso delincuente llamado “El Pibe Cabeza” y que estaba cerca de Nueva Plata y Magdala, enclavado en medio del campo.

No obstante, y si bien el propio Castro llegó a decir, cierta vez, que nunca definió una ubicación geográfica para “El Resorte”, todo parece apuntar hacia la pampa despoblada.

Pero, así como mis hijos crecieron con caricaturas televisivas donde se le decía boliche al bowling, y yo crecí sabiendo que boliches eran aquellos espacios de concurrencia con naipes y copas, mi viejo, que pasó su infancia en la Capital Federal, creció convencido que boliches eran aquellos cafetines que miraba de purrete y que empezó a frecuentar en su juventud, lugares donde se dictaban cátedras gratuitas de filosofías de vida, entre relatos de tristes desencuentros de algunos y el recuerdo de otros que, tras haber encontrado un final feliz, ya no volvieron por el lugar.

Aun así, boliche, bar, café o incluso cafetín, surgen como sinónimos que identifican un lugar inserto en la historia de nuestro país. Denominaciones que aparecen en tangos y otras canciones. Desde “Cafetín de Buenos Aires”, de Discépolo y Mores, al recordado “Juan Boliche” de Piero, pasando por muchas más, antes y después.

Sin embargo, el tiempo se encargó de diversificar más el vocablo y con los agitados ’70 nacieron muchos lugares con música de moda, baile moderno y expendio de bebidas que, aunque en algunos lados se los llamó discotecas o boites, para nosotros fueron y siguen siendo boliches. De otro de tipo, es cierto, pero boliches al fin. Sitios que, en nuestra adolescencia, nos marcaron un cambio sobre el empleo que hacíamos de dicho vocablo.

Al son de aquel tema cuya letra decía: “De boliche en boliche / me gusta la noche / me gusta el bochinche…”, la juventud empezó a agitarse en esos lugares y Pehuajó vio nacer a “Tosko’s” en el invierno de 1970 y a “Katus” muy poco tiempo después, como primeros referentes de diversión para la juventud de entonces y como verdaderos puntales de una modalidad que se prolonga hasta nuestros días, con los consecuentes cambios que han impuestos los tiempos.

De allí que la palabra “boliche” resulte tan significativa. Porque atravesó muchas generaciones, arrastrando sueños de campeones que mostraron su destreza en el bowling; escuchando los desengaños confesados junto al viejo mostrador bolichero; viendo compartir vueltas de bebidas para todos las presentes, pagadas por algún afortunado ganador en los naipes; vibrando con las luces multicolores y el retumbar de la música de moda; siendo testigo de anhelos alcanzados y sueños destruidos, y hasta viendo nacer o morir muchos amores, aunque sin tener una dimensión de los que no llegaron a serlo y se quedaron entre indecisiones y desencuentros.

Hoy los boliches, sea cual sea la acepción que los identifica, atraviesan, como el mundo mismo dentro de los crueles efectos de la pandemia, un presente difícil que pretende ver un futuro esperanzador a no muy lejano plazo.

Solo el tiempo dirá cómo y cuándo volverán a su actividad plena, pero, aunque el futuro puede parecer incierto, el pasado los tiene presente en la historia pueblerina, y de allí nada ni nadie podrá borrarlos.

¡Feliz fin de semana!

Roberto F. Rodríguez.

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“Anses en Nuestros Pueblos” estará hoy en Juan José Paso

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Hoy, miércoles 23 de marzo, se realizará el programa “Anses en Nuestros Pueblos” en la localidad de Juan José Paso.

El mismo se desarrollará en la delegación y el horario es de 8:30 a 10:30 hs. Este plan se lleva a cabo todos los miércoles en una localidad diferente. La semana pasada estuvo en Magdala y Nueva Plata.

TRÁMITES

Este programa tiene como finalidad recolectar dudas y consultas sobre trámites tales como:

– Inscripción al Progresar

– Validación de MiArgentina

– Promoción de cursos de la plataforma de aprendizaje virtual

– Certificación negativa

– Constancia de CUIL

– Libreta AUH

– Planilla de Escolaridad

SUCURSAL

Punto ANSES, permite también agilizar y resolver solicitudes correspondientes que luego serán elevadas a la sucursal de Pehuajó para continuar con el proceso iniciado.

CALENDARIO DE LOCALIDADES

Por último, los próximos lugares y días donde tendrá continuidad son:

– 23/03 Juan José Paso

– 30/03 Guanaco

– 06/04 Mones Cazón

– 13/04 Magdala y Nueva Plata

– 20/04 Madero

– 27/04 Juan José Paso

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Últimos amistosos pensando en la Copa de Campeones: todos los resultados

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Este fin de semana, se disputaron varios partidos amistosos pensando en la Copa de Campeones de la Liga Pehuajense de Fútbol que dará inicio el próximo domingo.

A continuación, brindamos los resultados y los autores de los goles donde hubo actividad.

 

SÁBADO

Los Once de Colonia Seré 2

Huracán de Carlos Tejedor 6

Goles Huracán: Luciano Montes (3), Jeremías Agudo, Martín Viñales y Diego Lopardo.

 

Juventud Unida 0

Defensores: 1

Gol: Damián Silva

 

AYER

San Martín 2

Estudiantes 4

Goles: Pablo Quevedo y Mirko Torres (SM), Kevin Licera, Gonzalo Sandoval, Emanuel Ferreira y David Cadorín (E)

 

Calaveras 2

Deportivo 1

Goles: Lázaro Lagrange y Pablo Cioffi (C), Juan Pablo Lemos (D)

 

Maderense 2

KDT 2

Diego Nistal y Walter Navarro (M), Ignacio Aurenzanz (2) (K)

 

Progreso 4

Boca Junior 0

Goles: Axel Correa (2), Lucas Jaime y Diego Moglie (P)

 

Fútbol Club 3

Independiente (MC) 2

Goles: Lucas Gómez, Matías Poveda y Juan Miño (FC), Daniel Galeano y Daniel Farías (IMC).

 

FOTO

El once inicial de Fútbol Club Henderson. (Meta LPF)

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Preocupación de panaderos pehuajenses: “En los últimos días ha sido impresionante el aumento en el precio de la harina y sus derivados. No tenemos un precio estable… es una situación muy difícil”

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Javier Sauco, propietario de Panadería “La Esperanza”, trazó un panorama respecto a los continuos aumentos que vienen registrándose en las últimas semanas los insumos para la elaboración del pan y sus derivados, algo que termina impactando en el precio de venta al consumidor.

Sauco brindó una entrevista en la mañana de FM Del Sol, donde explicó que “en los últimos días ha sido impresionante lo que se han movido los precios de la harina y sus derivados. No tenemos un precio estable, hoy tenemos uno y mañana no sabemos. Es una situación muy difícil. No se pueden respetar los precios convenidos por la Secretaria de Comercio, los precios que tenemos hoy son para no ’correr’ a la gente del negocio. Son imposibles de mantener esos precios porque nunca se respetó el precio de la bolsa”.

PRECIO

“Hoy el kilo de pan debería estar valiendo un mínimo de 300 pesos y no llegamos ninguno porque no se puede. Hay pocas ventas, la gente está espantada por todos los aumentos y si le aumentamos el pan que es uno de los principales productos, es algo imposible. En Pehuajó el precio promedio es de 240-250 pesos y es una pelea tratando de mantener los laburos”, sostuvo Sauco.

GRUPO DE PANADEROS

“En Pehuajó hemos armado un grupo lindo de panaderos, estamos tratando de opinar todos y juntarnos como hace años que no se hace, pero es el momento de poner todo el granito de arena para estar mejor y poder subsistir. Al paso que vamos se va a quedar mucha gente sin trabajo porque hay pocas ventas. Debemos ser alrededor de 30 panaderías, somos casi 500 personas aproximadamente que dependemos de este trabajo. Ahora nos está pegando el precio de la harina, pero ya se está hablando de un aumento del gas del 60%. Lo veo muy complicado porque las cosas no paran de aumentar. La gente piensa muchas veces que uno aumenta para ganar más o ser más vivo, pero no, todo lo que trabajamos en estos 20 días no nos alcanzó para cubrir los gastos de hoy. Todo lo vendido y el trabajo fue casi de gusto”, concluyó Sauco.

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