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El Aleph de Fischer

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El próximo domingo habrá de cumplirse un nuevo aniversario de la desaparición física de un deportista internacional que fue considerado como una de las mentes más brillantes del Siglo XX: Robert James Fischer, el hombre que, entre la genialidad y la paranoia, se abrió paso entre sus propios fantasmas y cambió la historia del ajedrez mundial.

Nacido en Chicago, Estados Unidos, el 9 de marzo de 1943, pasó su infancia en Brooklyn con su madre y su hermana, creciendo en ausencia de su padre que los abandonó cuando Bobby, tal su apodo, era apenas un niño. Pero lejos de típicas fantasías infantiles, su mente pedía desafíos constantes y encontró el terreno propicio en la práctica del ajedrez.

Su sueño era ser el mejor ajedrecista del planeta, lo que llevó a su madre a conseguirle un entrenador, pero el ascendente alumno mostró su personalidad en el primer encuentro. Dicen que Fischer interrogó a su profesor preguntándole si había sido campeón mundial alguna vez, a lo que el entrenador le dijo que no. Ante ello, el ávido ajedrecista le disparó otra pregunta mucho más directa: “¿Cómo piensa enseñarme a ser campeón del mundo si usted no ha sabido lograrlo?” Dicen que el profesor se despidió sin haber iniciado ni la primera clase.

Así era Robert Fischer. Un joven que mostraba que cada razonamiento se apoyaba decididamente en la lógica y que cada deseo se convertía en una verdadera obsesión. Y el ser campeón mundial lo era.

A los 14 años, en tiempos donde la informática estaba muy lejos de convertirse en una herramienta válida para avanzar en el arduo camino profesional, Fischer, a puro esfuerzo, estudio, práctica y talento, ganó el campeonato superior de su país y poco tiempo después se convirtió en la persona más joven en alcanzar el título de Gran Maestro, iniciando a partir de allí una carrera en busca del aquel objetivo.

Para entonces, sus profesores del Instituto Erasmus Hall de Brooklyn, entidad privada donde cursó estudios secundarios y fue compañero de la luego famosa Bárbara Streisand, ya habían comprobado que el joven ajedrecista poseía un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein, por lo que tenían la seguridad de estar frente a un verdadero portento de la inteligencia que podría asombrar en diferentes campos de acción, pero su mundo no se amplió como se esperaba sino que se contrajo hacia las 64 casillas del tablero y solo pasó a importarle lo que ocurría, únicamente, en ese reducido terreno, diminuto comparado con la existencia universal, el cual pasó a ser como el mágico Aleph que imaginó la insigne mente de Jorge Luis Borges, algo así como una pequeña esfera de escasos centímetros en la que podía caber todo el espacio cósmico, y para Fischer, ese tablero contenía todo lo que le importaba del mundo.

El camino hacia la consagración estuvo lleno de dificultades que, la natural rebeldía juvenil del ya famoso maestro norteamericano no pudo sortear fácilmente. Tenía que madurar lo suficiente para cumplir con su máximo objetivo: arrebatarles el título mundial a los rusos, cuyo interés por conservarlo era una indiscutible cuestión de estado.

El soviético Boris Spassky era el campeón mundial tras destronar a su compatriota Tigran Petrosian en 1969 y estaba obligado a defender su título en 1972 contra el desafiante que surgiera de las complejas competencias eliminatorias que darían comienzo con un Fischer en altísimo nivel, pero sin posibilidades de participar por no haber jugado el clasificatorio de su país. No obstante, el mundo sabía que era el único ajedrecista no soviético capaz de la hazaña. Por eso, con el amparo del reglamento y cierta presión general, su compatriota Paul Benkö le cedió el lugar. No necesitó más. Arrasó con todos, en torneos y en cada match individual, logrando resultados aplastantes con victorias de notable calidad, incluso sobre el excampeón Petrosian, al que derrotó sin piedad en Buenos Aires.

Su ajedrez estaba intratable y parecía no haber antídoto para detener sus letales efectos. Solo restaba un paso: ir por la cabeza de Spassky.

Reykjavic, capital de Islandia, fue el lugar acordado para el gran choque entre los representantes de los dos países más poderosos de la tierra que aún estaban dentro de la denominada: “Guerra fría”, lo que agregaba un ingrediente no menor al asunto y que demandó la intervención de los respectivos gobiernos. Estaba claro que no solo estaba en juego un título mundial.

Las negociaciones parecían no tener fin. Fischer, a medida que se acercaba la fecha del match, aumentaba sus exigencias, pero la paciencia se fue agotando y ante la negativa de los organizadores y de la FIDE, entidad que rige el ajedrez en el mundo, se negó a viajar a Islandia y solo abandonó su postura cuando hubo un mayor acercamiento y -según dicen– cuando terminó llamándolo nada menos que Henry Kissinger.

El match fue pactado a 24 partidas, aunque podría finalizar antes si alguno de los protagonistas sumaba 12,5 puntos. Bobby perdió la primera partida por un error inconcebible en un jugador de su nivel, y también la segunda, aunque en ésta, directamente no se presentó a jugar en protesta por las molestias que le ocasionaban la iluminación, el bullicio del público y la presencia de las cámaras de televisión, entre otras cosas.

Parecía que todo terminaría allí. Las autoridades soviéticas exigían a Spassky que se considerara agraviado y se retirara del match reteniendo el título por 2-0 ante la actitud intransigente del desafiante. Pero Spassky quería jugar y eso hizo posible la continuación.

La tercera partida se jugó en un salón aparte, sin público, y Fischer, por primera vez en su vida logró vencer a Spassky luego de varios encuentros en el historial y dejó el match 2-1. Volvieron al salón principal para continuar el match, pero Fischer, lejos de nuevas exigencias, ya sabía cómo vencer al campeón, aunque necesitó llegar hasta la partida 21ª para terminar imponiéndose por 12,5 a 8,5 puntos.

La hegemonía soviética se había roto. El mundo saludaba al nuevo campeón mundial y la Unión Soviética empezaba a preparar a un nuevo crédito para intentar recuperar la corona en la próxima oportunidad.

Coronado como máximo exponente del ajedrez y con su sueño cumplido, Robert James Fischer desapareció de las competiciones oficiales y ni siquiera se presentó a defender su corona en 1975, ante el desafiante, el ruso Anatoly Karpov, quien fue coronado como campeón.

Igualmente siguió difundiendo su pensamiento sobre las mejoras económicas que merecían los ajedrecistas profesionales, y las necesidades de imponer ciertas reformas al reglamento. No fue oído, pero hoy el ajedrez goza de todo aquello que el preconizaba porque el tiempo terminó dándole la razón.

¿Qué halo de misterio seguía envolviendo al norteamericano? ¿Por qué el ostracismo y el silencio? ¿Cuál era el verdadero motor de su negativa tan rotunda? Nunca se supo a ciencia cierta y nadie podía explicarse cómo un hombre que solo vivía para el ajedrez podía estar alejado de dicha actividad.

La prensa se cansó de buscarlo. Incluso hubo una periodista, cuya nacionalidad desconozco, que estuvo dispuesta a todo con tal que Fischer le concediera una entrevista, pero para un hombre absolutamente solitario que consideraba el ajedrez como algo mucho mejor que el sexo, difícilmente le encontrarían un punto débil que no estuviera dentro de las 64 casillas del tablero. Obviamente: no hubo entrevista.

Considerándose todavía campeón mundial, dado que nunca había perdido el título en el tablero, aceptó jugar una revancha con Spassky en Yugoslavia en 1992, pese a la negativa de los Estados Unidos por razones políticas que Fischer decidió ignorar.

Volvió a vencer al ruso, aunque ambos ya iban camino a convertirse en sombras de lo que habían sido, y lo pagó caro porque su país de origen no le perdonó tal desobediencia.

En 1996 visitó nuevamente Buenos Aires y tuve la oportunidad de conocerlo personalmente por gentileza del querido amigo Carlos Irusta de la revista El Gráfico.

Sin la profusa cabellera rubia, no siempre peinada, de otros tiempos, abundante barba y bigotes, pero de impecable traje y mostrando un prolijo aliño personal, dio conferencias buscando promocionar una nueva forma de jugar ajedrez, distinta al reglamento vigente, la cual todavía no ha tenido el acogimiento esperado en el mundo. Y después desapareció una vez más ante los ojos de la humanidad.

Considerado como portador de una marcada misoginia por su falta de confianza en el sexo opuesto, no dudaba en reconocer que le gustaban las mujeres argentinas, país que adoraba visitar para disfrutar de los bifes de chorizo, comprar zapatos de buen cuero y escuchar discos de Sandro. Nunca más volvió, aunque muchos argentinos esperaron su regreso.

En 2004 fue detenido en Japón, por aquella cuenta pendiente con su país, y llevado a un instituto carcelario desde donde fue rescatado al año siguiente por el gobierno de Islandia que le otorgó ciudadanía de ese país y lo cobijó hasta sus últimos días.

Barbado, de imagen desprolija, muy avejentado y hasta irreconocible para muchos, Fischer encontró algo de paz en su nueva tierra, la que lo había visto coronarse en 1972. Mejoró su aspecto, pero su salud estaba endeble y falleció el 17 de enero de 2008 siendo sepultado bajo la nieve de esa isla que él había hecho conocer al mundo.

Así terminó la vida terrenal de un hombre que solo tuvo un Norte: vencer dando lo máximo de sí mismo. Por eso nunca entendió cómo era posible que un joven estudiante argentino pudiera, en lugar de avergonzarse, celebrar el éxito en un examen por haberlo aprobado con un 4 cuando el rango de calificaciones positivas posibles iba de 4 a 10. Nunca aceptaría algo así porque ese 4 para Fischer hubiera tenido el mismo amargo sabor de la derrota. Así era de autoexigente e inconformista. Y por ello llegó tan alto.

Roberto F. Rodríguez.

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Juegos Bonaerenses 2022: Pehuajó llevará una delegación de más de 200 personas

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La etapa local de atletismo en el Centro Ciclista. (Prensa Pehuajó)

Los representantes locales viajan mañana a Mar del Plata.

Mañana, viernes 30 de septiembre, la delegación pehuajense, partirá rumbo a Mar del Plata a disputar las finales de los Juegos Bonaerenses 2022.

El sábado 1 de octubre será día de acreditaciones y a partir del domingo 2, comenzarán a competir hasta el jueves 6 inclusive.

Producto del gran trabajo en conjunto entre las diferentes áreas del municipio con los representantes de cada disciplina deportiva y cultural, Pehuajó tendrá en Mar del Plata a una numerosa delegación que estará integrada por más de 200 personas, jóvenes y adultos mayores, que se dividen en las siguientes disciplinas:

 

DEPORTES

Patín, golf, tenis, atletismo, atletismo PCD, softbol U18 femenino, softbol U16 femenino, softbol U14 masculino, natación-acuatlón, gimnasia artística, beach vóley, taekwondo, futsal, handball U18 masculino, handball U18 femenino, vóley U13 masculino, ajedrez, natación PCD,

 

CULTURA

Solista vocal adulto mayor, solista vocal PCD, danza folclórica adulto mayor, danza folclórica sub 18 y bandas de rock.

 

ADULTOS MAYORES

Tejo femenino, burako y bonaerenses en carrera.

Cabe destacar que también la delegación contará con una enfermera y periodistas.

Desde su creación en 1992, los Juegos Bonaerenses son la principal competencia deportiva y cultural de la Provincia de Buenos Aires. A lo largo de su historia, más de 20 millones pasaron por este programa que promueve el acceso a la actividad física y la expresión cultural de la población.

Esta competencia es organizada por la Subsecretaría de Deportes y cuenta con tres etapas de desarrollo: Municipal (mayo/junio), Regional (julio/agosto/septiembre) y Final Provincial (octubre). Se compone por disciplinas deportivas y culturales, las cuales están divididas en distintas categorías como Juveniles, Personas con Discapacidad, Adultos Mayores, Estudiantes Universitarios y Terciarios, y Personas Trasplantadas. Fuente: Prensa Pehuajó.

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Softbol en la cancha municipal

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El domingo se disputó una fecha de la Liga del Noroeste.

El pasado domingo, en la cancha municipal, se llevó una nueva fecha de la Liga Noroeste de Softbol.

Los resultados fueron los siguientes:

Pehuajó 10 – Newbery de Lincoln 0

La Rufinita 8 – Newbery de Lincoln 0

Pehuajó 10 – La Rufinita 0

Cabe destacar que el equipo pehuajense entrena durante la semana en la cancha municipal, que está ubicada detrás de la cancha de hockey sintético municipal.

Fuente: Prensa Pehuajó.

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Siguen los encuentros de “Pehua Handball”

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Fue el turno de la categoría Mini. El próximo es para los Infantiles.

El viernes pasado, en el gimnasio del club Defensores del Este, se realizó un encuentro de “Pehua Handball” con chicos y chicas pertenecientes a la categoría Mini.

El mismo fue organizado conjuntamente con la cátedra de handball del Segundo año del Profesorado de Educación Física.

Hubo servicio de cantina organizado por la cooperadora del Jardín N°907.

El próximo viernes 30 de septiembre es el turno nuevamente de las categorías Infantiles.

Fuente: Prensa Municipal.

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