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Mi deuda eterna con el inglés

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Mi vieja siempre quiso que aprendiera idiomas. Era como una obsesión suya, sustentada en lo que depararía mi futuro, porque entendía que saber un idioma me permitiría estar más preparado. Cumplí en parte. Creo que ya casi domino el español en todo su amplio espectro, lo cual no es poco y aunque puede sonar a broma, no tengan dudas que nuestro idioma es uno de los más difíciles de aprender según dicen los que procuran desestañar sus secretos. En realidad, cuando mi vieja se refería a “un idioma”, lo que quería decir era que aprendiera inglés, considerado casi como un idioma universal aunque algunos todavía aseguren que solo se trataba de una moda como en algún tiempo lo había sido el francés, e incluso otras lenguas, que también habían tenido su momento de fama. Pero el inglés aparecía en aquellos años de la década del ’70 como la lengua que resultaría necesaria en cualquier empleo de alto nivel.

No le hice caso. Esperaba que teniendo que cursar la materia inglés en los cinco años de secundaria, me sería suficiente. Error. De haber razonado adecuadamente hubiera comprendido que si todo se encontrara en la secundaria poco ganarían los institutos privados de enseñanza sobre lenguas vivas. Y si había institutos privados de inglés era, precisamente, porque con lo de la secundaria no alcanzaba.

Igual fui con esa ilusión de doble solución porque pensaba que al egresar del Colegio Nacional, sabría inglés y habría satisfecho el anhelo de mi vieja. Nuevo error. Ni una cosa ni la otra. Cinco años de inglés y no tengo ni la menor idea de cómo se dice, por ejemplo: alfombra. Fue un tiempo donde con mis nóveles doce años, empezar una nueva etapa en la vida me generaba demasiadas sorpresas. Y en inglés la cosa arrancó por la fonética, y nos pasamos varios meses practicando pronunciar la “a” de la casita y la “a” de la sonrisa, ejercicio que nos llevaba a hacer más morisquetas que burro comiendo ortigas en una especie de burda imitación de Chirolita. Si el español es difícil para los de otra lengua y tiene una sola letra a, ¿qué podían pensar del inglés que tenía, hasta ese momento de la enseñanza, dos? La situación empezaba a complicarse desde temprano. Sin embargo ello es lo único que recuerdo de la materia porque es como si lo que ocurrió tanto en el resto del primer año como en los cuatro años siguientes se hubiese borrado de mi memoria. Y si bien estoy agradecido a la vida por tener memoria, sabemos que ésta funciona rescatando, del cerebro, determinadas construcciones que se encuentran allí almacenadas. Es decir que: lo que no está no va a ser encontrado nunca por más memoria que se tenga. No hay papelera de reciclaje a dónde pudiera haber ido a parar. Y me parece muy raro porque de todas las demás materias tengo numerosos recuerdos. Mucho conocimiento me quedó de historia porque en realidad era mi materia favorita, tanto de historia antigua y medieval como de moderna y contemporánea, pero muy especialmente de historia argentina. Apenas tres años de historia pude disfrutar en la secundaria pero atesoré mucha información. De otras materias, como geografía, puedo recordar, por ejemplo: límites naturales entre países y continentes; capitales del mundo, e incluso accidentes geomorfológicos como los fiordos y las rías, entre otras cosas. De lengua llevo grabadas a fuego las reglas ortográficas, como los principios de partida doble en contabilidad o el teorema de Pitágoras en Matemáticas. Pero de inglés, ¿Por qué no recuerdo nada? Obviamente sé decir yes y no. Creo que eso había quedado sobreentendido, pero nada más. ¿Por qué? ¿Por qué puedo hablar de Encomienda, Mita y Yanaconazgo tratado en E.R.S.A. (Estudio de la Realidad Social Argentina) y no recuerdo como se dice: espejo en inglés?

Hoy tenemos como ayuda un traductor de Google a mano, y antes tuvimos los diccionarios, pero de aquellos años de inglés no puedo rescatar nada. Es más, tengo un sueño recurrente que, de consultarlo con algún profesional sobre el tema podría aclararme algo u organizar un simposio, porque creo que da para mucho. Lo cierto es que sueño que concurro a la escuela secundaria pero falto sistemáticamente a las clases de inglés con diferentes excusas, hasta que llega el momento en que la profesora por fin advierte que no tiene evaluación mía de ninguna clase –creo que ni me conoce la cara– y decide llamarme, lo cual me desespera porque soy consciente, aún en esos sueños, que no sé absolutamente nada de inglés. Pero nada de nada. Y ahí me despierto. Y tiemblo porque temo que un día no me despierte, la profesora llegue a tiempo para ponerme un cero, y yo siga durmiendo todos los meses que falten hasta marzo. Una locura.

Pero si hay algo peor que no saber inglés y admitirlo es, decididamente, no saber inglés y creerse con conocimiento del tema. ¿Cuántos han andado por la vida cantando temas musicales de moda en inglés, tirando palabras parecidas? Muchos. Algo que inspiró al cantante colombiano J Balvin (en realidad: José Álvaro Osorio Balvín) para hacer un hits que resultó muy visitado en youtube y muy oído en el verano, mezclando el famoso: “The rhythm of the night”, con la inesperada: “¿Esas son reevok o son nike?” En alusión a dos muy conocidas marcas deportivas.

Eso, trasladado a nuestro tiempo, nos recuerda cuando se cantaba “Fui hecho para amarte”, de Kiss, “¿Crees que soy Sexy?”, de Rod Stewart o “Cosita loca llamada amor” de Queen, y no dejábamos de oír barrabasadas.

¿Aprender inglés así? Imposible. Lo vivimos con ABBA, cuando lanzaron su gran éxito Chiquitita y algunas chicas de nuestro curso consiguieron la letra en inglés que, por distintas razones, dista mucho de la versión en castellano. Es decir: la letra en inglés, traducida al español, no coincide con la versión en nuestra lengua. ¿Cómo aprender, entonces? Nuevamente: Imposible.

Quizá si hubiesen intentado enseñarnos los nombres de los objetos de otra manera, podría haber funcionado. Empleando, por ejemplo, el tango de Homero Manzi: “No habrá ninguna igual”, cuyos primeros versos nombran varios objetos. Veamos: “Esta puerta se abrió para su paso / este piano tembló con su canción / esta mesa, este espejo y estos cuadros / guardan ecos del eco de tu voz…”

A partir de allí, si reemplazamos los objetos mencionados por su denominación en inglés, hubiéramos cantado: “Esta door se abrió para su paso / este piano tembló con su canción / esta table, este mirror y estos pictures / guardan ecos del eco de tu voz…” Y una vez aprendido, seguiríamos reemplazando palabras. No será lo suficientemente didáctico pero seguramente hubiese sido más entretenido.

En definitiva: no sé nada de inglés y a veces me preocupa. Quizá por haberle fallado a mi vieja, aunque un amigo siempre solía decirme que no era problema el no saber idiomas, y me exponía un ejemplo:

Cierta vez, un extranjero, que viajaba en un impresionante vehículo, extravió su rumbo en áridas tierras de nuestro interior continental y, carente de punto de referencia, procuró localizar a algún poblador para obtener información sobre dónde estaba, pero en kilómetros y kilómetros de agreste paisaje, no encontró a nadie. Cuando por fin vio un hombre y una mujer bajo la única sombra natural del terreno, detuvo su rauda marcha en medio de la polvareda y, bajando el vidrio, se interesó por saber si éstos podrían decirle dónde estaba, pero hizo su pregunta en su idioma, inglés, expresando: “Could you tell me where I am?”. Los dos argentinos lo miraron sin entender, por lo que el extraño cambió al idioma francés y dijo: “Pourriez-vous me dire où je suis?”. La respuesta fue la misma. Mirada desorientada y gesto de yo no fui. Molesto por todo lo que estaba viviendo, apeló al italiano y, mirándolos fijamente, les disparó: “Potresti dirmi dove sono?”. Y tampoco obtuvo nada. Mucho más molesto, abandonó el lugar a toda velocidad dejando a la pareja bajo una nube de polvo. La mujer, tranquila, cebó otro mate y se lo alcanzó al marido diciéndole: “¿Viste Viejo que es como yo te digo? ¡Deberíamos haber aprendido idiomas!” El marido sorbió el mate y convencido de lo contrario le respondió: “¿Para qué? ¿Acaso no viste que este tipo sabía unos cuantos y no le sirvió de nada?”

¡Feliz fin de semana!

Roberto F. Rodríguez.

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Feria Verde, esta mañana en el centro

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Una nueva edición de Feria Verde llega esta mañana a la plaza Dardo Rocha.

Este sábado 26 de noviembre se llevará a cabo una nueva edición de la “Feria Verde” en la plaza Dardo Rocha. Comenzará a las 9:00 y finalizará a las 12:00 horas. “Por un consumo más sustentable, cuidado de nuestro ambiente y mejor calidad de vida”.

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La historia de Martín Moralejo, el pehuajense que ganó un concurso y viaja al mundial de Qatar 2022

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“Están pagos los pasajes de ida y vuelta, el hotel y el partido. Viajo con Jorge Castro, que es un amigo con el que la paso bien”, aseguró el afortunado vecino.

El vecino pehuajense, Martin Moralejo, habló por la mañana de la 100.5 y se refirió a su próximo viaje a Qatar para presenciar partidos de la Copa del Mundo que se está disputando en ese país del continente asiático, tras ganar un concurso de una reconocida marca de indumentaria deportiva.

VIAJE

Moralejo contó la particular historia de cómo obtuvo la posibilidad de viajar a uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. “El 7 de diciembre por la mañana salimos desde Ezeiza, el 8 estaríamos llegando a Qatar para los cuartos de final”, sostuvo.

GANÓ UN

CONCURSO

“El premio que gané es de un concurso de Adidas, hace unos meses a través de la aplicación me llego la notificación de un concurso. Estaba tomando un café con un amigo y nos anotamos, pero nunca pensé que iba a ganar. Cuando me avisaron, dudaba y borraba los mails, pero insistieron hasta que confié. Son cinco días y cuatro noches, todavía no sé qué partidos incluye. Están pagos los pasajes de ida y vuelta, el hotel y el partido. Vamos a parar donde está la Selección de Uruguay y viajo con Jorge Castro, que es un amigo con el que la paso bien”, remarcó.

QATAR

“Ya he mirado todo sobre Doha, he chateado con chicos que están allá y me han ayudado también. Nunca subí a un avión. Es algo único y no lo puedo creer todavía. Ojalá la selección pase, que ganemos los dos partidos y la pueda ver en cuartos”, finalizó Moralejo.

 

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Temporada de verano: cuánto cuesta alquilar una quinta en Pehuajó

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A las clásicas vacaciones fuera de la región, se le suma, como todos los años, la posibilidad de alquilar una casaquinta en algún sector del Partido de Pehuajó, donde reinen la tranquilidad y el sonido de la naturaleza.

Diario NOTICIAS relevó precios de alquileres de quintas en base a publicaciones de vecinos en el MarketPlace de la red social Facebook y constató que los valores que piden los propietarios pueden llegar a los 20 mil pesos por día.

En estos casos las quintas se alquilan entre las 10 y las 20 horas de cada día, con precios que parten de los 14 mil pesos y 16 mil pesos, llegando hasta 20 mil.

Las comodidades de cada quinta son variopintas. Un caso que registró este medio consta de una propiedad con quincho abierto, parrilla, baño y pileta. En su interior, se garantiza heladera, freezer y hasta una pava eléctrica, por ejemplo. Hay propietarios que optan también por realizar rebajas a quienes alquilen durante más de un día de la semana hábil.

BARRIO CENTENARIO. Postal aérea del sector comprendido por el acceso Kirchner arriba, Av. Pastor Ibañez a la izquierda y la Ruta 5 a la derecha.

CONTEXTO PROVINCIAL

Desde la Cámara Inmobiliaria bonaerense, aseguraron que en materia de alquileres para el verano “no hay mucha disponibilidad”. Esta situación se debe, según explicaron, a que ahora la oferta es para eventos. “Los dueños han desistido de alquilarlas de manera tradicional”, puntualizó la titular de la entidad, Mirta Libera, en diálogo con diario Democracia de Junín.

Dentro de la escasa disponibilidad de casas con amplio jardín, árboles, parrilla y piscina lo que más se encuentra, pero a precios que no son para la mayoría de los bolsillos, son inmuebles en el interior de countries o barrios cerrados. “En esos casos, tenemos que hablar de entre 1.500 y 2.000 dólares la temporada; puede haber otras con menos comodidades a valores un poco más bajos”, añadió Libera.

La operadora inmobiliaria resaltó que a raíz, justamente, de la poca oferta en esa porción del mercado del alquiler, “no hay una referencia concreta de los valores que se manejan”.

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