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Selva y dolor

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Cuando el buque de guerra disparó el primer cañonazo abriendo un hoyo en el dique de troncos con que los yacarés del río pretendían cortarle el paso, sentí la necesidad de avanzar rápidamente en la lectura del cuento para ver la ejecución del plan que dichos anfibios habían pergeñado con la imprescindible presencia y colaboración del enorme surubí, también habitante autóctono de esos ríos de nuestra hermosa Mesopotamia.

Tenía en mis manos las páginas más febriles de: “La guerra de los yacarés”, relato incluido en la, para mí sublime, obra “Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga.

En aquellos días de mágica lectura estaba finalizando mis estudios primarios en la Escuela “Domingo Faustino Sarmiento” y, atrapado en conocer los resultados del contraataque que el surubí llevaba a cabo lanzando un viejo torpedo que había encontrado sin detonar y atesorado bajo su custodia hasta que resultara necesario emplear, no podía imaginar qué había detrás de todo ello. No sé si no podía o no quería, porque mi mente se poblaba de imágenes que surgían de una imaginación propia, guiada por aquella letra tan vívida, y veía al surubí, el torpedo, el dique, los yacarés y el amarronado buque de guerra con sus marinos en cubierta observando, con satisfacción, el espectáculo de una desigual batalla de la que se creían irremediablemente vencedores. No sospechaban que un torpedo iba hacia ellos, camino a hacer justicia. Y cuando lo advirtieron ya era demasiado tarde para maniobras evasivas. Instantes después, la acorazada nave y su tripulación ya eran solo un recuerdo.

Entienda el lector que con apenas diez u once años, dado que no recuerdo exactamente mi edad en ese momento de contacto con la obra de Quiroga, había volcado toda mi simpatía hacia los yacarés, quizá por esa tendencia general de esperar la victoria del que, a priori, aparece como el más débil. Y disfruté su victoria final, aunque esta estuviera teñida de demasiada sangre, pero ello parecía ser el alto precio que debieron pagar quienes pretendían avasallar territorio ajeno abriendo heridas en el tranquilo río donde los yacarés pasaban su vida como parte de un ecosistema. Es que Quiroga me mostraba a los hombres del barco como los malos, los que invadían el hábitat natural de la fauna vernácula sin reparar en medios ni daños con tal de concretar sus propósitos que, obviamente, estaban sustentados por fines “non sanctos”. De allí que yo -y seguramente mis compañeros– hincháramos para los yacarés, aun cuando éstos fueran los mayores predadores de los ríos mesopotámicos.

Celebré -reitero– esa victoria sin pensar en la presencia de la muerte como desenlace de la misma. Y solo con los años, luego de adentrarme en la obra completa de Horacio Quiroga, pude comprender lo que la muerte significó en su vida.

Pero en aquellos años de infancia, me deleitaba con esos relatos que me transportaban imaginariamente a la selva y disfrutaba de narraciones con personajes como: la tortuga gigante que salva a un hombre, los osados flamencos que sufren represalias por emplear medias hechas con cueros de víboras, que los condena a vivir con sus patas en el agua como solemos verlos actualmente; la inocencia de la gama ciega y su amistad con el hombre; la lucha de los tigres contra las rayas que habitaban el río Yabeberí y protegían a un hombre herido que los enormes felinos querían ultimar; y la enternecedora historia de los dos cachorros de coatí y los dos cachorros de hombre. Cuentos que jamás olvidé y que, sin duda alguna, también contribuyeron para mi inclinación definitiva hacia la literatura.

Busqué otras obras de Quiroga, pero ya no eran como aquellos cuentos, aunque me resultaron muy interesantes. Y poco a poco fui conociéndolo y entendiéndolo.

Nacido el último día del año 1878 en Salto, Uruguay, Horacio Quiroga vivió una vida signada por la tragedia. Su padre, que había sido por muchos años Cónsul de Argentina en el Uruguay, murió de un disparo accidental durante una cacería. Dos de los hermanos de Horacio fallecieron a consecuencia de la fiebre tifoidea. Un gran amigo suyo murió cuando manipulaba un arma y se descerrajó un disparo accidentalmente. Y no serían las únicas desgracias en su existencia, sino apenas las primeras. Luego sería testigo presencial del suicidio de su padrastro. Es decir que la muerte estuvo presente constantemente en su vida y, por añadidura, en su literatura.

Quizá pudo haber sido un ciclista de renombre porque mostró enorme entusiasmo y grandes condiciones para ello, pero la pluma pudo más y aunque sus comienzos estuvieron vinculados a la poesía, la narrativa terminó ganando la pulseada.

Tras la muerte de su padre viajó a París cargado de sueños, pero retornó pronto, desilusionado y luciendo una larga barba que lo acompañaría hasta el fin de sus días.

Instalado en la Argentina, encontró en Misiones su lugar en el mundo. Allí fue Juez de Paz y contrajo matrimonio con Ana María Cirés, una joven hija de franceses, pero nacida en Banfield, con quien proyectó una vida en común y tuvieron dos hijos, aunque el proyecto no tuvo la continuidad esperada porque la joven se quitó la vida cuando apenas tenía 25 años. Más tragedia. Más muerte.

¿Cómo no entender a ese hombre atormentado que llegó a escribir “Cuentos de Amor, de locura y de muerte”? Imposible no hacerlo. Basta con leer su biografía, donde consta su admiración por el gran Edgard Allan Poe y los relatos fantásticos. El resto de la inspiración se encargó de dárselo la vida misma.

Quiroga me cautivó con aquellos cuentos de la selva, con una escritura sencilla, propia para niños, pero su obra, en general, muestra una prosa llana por momentos y recargada en otros, donde la selva es el escenario al que recurre muchas veces y el dolor humano es el hilo conductor de muchas historias.

De su pluma surgieron libros como: El crimen del otro, Los perseguidos, Cuentos de amor de locura y de muerte, Cuentos de la selva, El salvaje, El hombre muerto, Anaconda y Suelo Natal, los que contienen numerosos cuentos, y las novelas: Historia de un amor turbio y Pasado amor, entre otras recordadas obras.

En 1927 decidió rehacer su vida sentimental y contrajo matrimonio con una jovencita muy amiga de su hija, María Bravo, de la que -según indican algunas fuentes– Horacio se sintió profundamente enamorado.

Publicó su último libro de cuentos, llamado “Más allá”, el cual no tuvo la repercusión esperada ni el éxito de otros tiempos, y en 1936, abandonado por su joven esposa y afectado por una cruel enfermedad terminal, retornó a Buenos Aires donde el 19 de febrero de 1937, hace exactamente 85 años le puso punto final a su vida y a su sufrimiento, quizá de la trágica y única manera con la que estaba familiarizado: el suicidio.

Y nos dejó el legado de su obra, con la que me encontré casi cuatro décadas después y quedé fascinado, aun cuando se tratara de un puñado de cuentos infantiles.

¡Feliz fin de semana!

Roberto F. Rodríguez.

1 Comment

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  1. Julio César Fernández de Liger

    24/02/2022 en 00:48

    ¡Grande. Roberto! Por artículos como este está plenamente justificada la lectura de las páginas digitales de “Noticias”.

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AHORA: Confirmaron paro docente en Pehuajó este jueves por la agresión a la docente

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Desde los gremios docentes de nuestra ciudad, confirmaron que mañana jueves se llevará adelante un paro docente en todo el distrito de Pehuajó en reclamo al episodio de violencia que sufrió una violenta agresión por no haber aprobado una alumna en una mesa de examen.

 

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La Cámara de Comercio local repudió el “bloqueo” a la planta de lácteos Vidal

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La Cámara de Comercio de nuestro distrito emitió un comunicado sobre el conflicto que se vive en una planta industrial en Moctezuma.

“Los representantes de la Cámara de Pehuajó repudiamos el bloqueo a la planta de Lácteos Vidal ejercida por el gremio lechero Atilra – Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina -que desde hace más de una semana mantiene paralizada la fábrica”, remarca el comunicado.

“La empresa ha denunciado públicamente el acoso, que además de coartar el normal funcionamiento de su fábrica, realizan amenazas, hechos vandálicos contra la propiedad y presionan a empleados que no están de acuerdo con la medida y pretenden asistir a su lugar de trabajo. Desde todas las entidades gremiales reconocemos el derecho a ejercer la industria lícita, el derecho al trabajo y a la protesta que están garantizados por nuestra Constitución Nacional. Por tal motivo, se solicita que estos conflictos sean tratados en un contexto legal y se permita continuar con el normal funcionamiento de la empresa. No estamos de acuerdo con los métodos coercitivos, ni con la violencia como tampoco con el impedimento de ejercer la libertad de transitar y el derecho a la propiedad privada”, señalaron desde la Cámara de Comercio, cerrando el comunicado expresando que “del mismo modo, estamos preocupados por los tiempos de la justicia y la desprotección que tienen las empresas ante situaciones de esta índole”

CONFLICTO

La empresa Lácteos Vidal, ubicada en la localidad bonaerense de Moctezuma, en el partido de Carlos Casares, continúa haciendo frente a un momento complejo por la protesta que lleva adelante la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (Atilra).

La protesta comenzó el 18 de julio y se originó en la intención de 6 empleados de dejar de estar representados gremialmente por Atilra, a lo que agregaron un cuestionamiento sobre las categorías de otras 14 personas, de las cuales sólo una de ellas está pendiente de resolución en el ámbito ministerial. A todo esto, desde la empresa precisaron que no existe demora en el pago de salarios, aguinaldos, ni siquiera de aportes sindicales en cualquier de sus formatos: ni el tradicional de cualquier gremio, ni el aporte solidario por trabajador, ni de los bonos para Atilra o los trabajadores acordados en la última paritaria.

De esta manera, tras la fuerte difusión que adquirieron las acciones de protesta, hasta llegar incluso a que dirigentes de la oposición como Patricia Bullrich o Mauricio Macri se pronunciaran sobre el tema, el sindicato decidió abandonar el bloqueo pero sostener el conflicto. Las partes hablan de un posible instancia de negociación que podría darse mañana en el el ministerio de Trabajo de la Nación.

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Los gremios docentes repudiaron la agresión a la docente y convocaron a un abrazo simbólico a la escuela

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Los gremios docentes de nuestra ciudad repudiaron, por unanimidad, el episodio de violencia ocurrido con la docente y convocaron a un abrazo simbólico que se llevará adelante en dos horarios este miércoles

En la jornada de mañana, a las 12:00 y 17:30, se llevará adelante un abrazo simbólico en el Colegio Nacional como una manifestación en contra del episodio de violencia que padeció una docente de la comunidad educativa local.

“UEB Pehuajó, FEB Pehuajó y Suteba Pehuajó repudian todo hecho de violencia hacia establecimientos educativos, docentes y sus familiares”, señalaron en un comunicado.

MANIFESTACIÓN

“Se convoca a toda la comunidad en general a un abrazo simbólico a la Escuela Secundaria Nro. 6, en los horarios de las 12:00 y las 17:30”, remarcaron los gremios docentes en el comunicado emitido en la tarde noche de este martes.

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