Conectar con nosotros

DESDE EL MIRADOR

Un peleón

Publicado

el

Un memorable combate de boxeo se llevó a cabo el 28 de junio de 1929, del que en el día de ayer se cumplió un nuevo aniversario. Fueron sus protagonistas dos muy populares pugilistas de entonces, uno de los cuales llegaría a ser integrante de nuestra comunidad.

Una pelea que tuvo un tácito título en juego, de esos solo reconocidos por la afición en general, pero que ha sido incluida al menos en dos conocidos libros.

TÍTULOS

Los títulos han tenido enorme gravitación en el boxeo, siempre que hayan representado la seriedad con que debe tratarse el tema, pero ha habido históricamente enfrentamientos en los que, si bien no ha estado en juego título alguno, se han enfrentado las dos mejores figuras en el reconocimiento general de determinado ámbito. Este es precisamente el caso que he decidido evocar en esta entrega y tiene que ver con un pehuajense por adopción  que, sin duda alguna, fue uno de los más recordados pugilistas que nos representó.

GARCÍA

Edmundo Justo García, dado que de él se trata, nació en Coronel Suárez, el 25 de junio de 1906, aunque boxísticamente su primer nombre siempre quedó de lado y para la afición fue solo “Justo”, como Suárez, aquel querido e inolvidable “Torito de Mataderos”.

García, que combatía desde comienzos de la década del ’20 del pasado siglo, cuando aún era un adolescente, exhibió desde sus comienzos un estilo aguerrido, dispuesto siempre a prenderse en los cambios de golpes sin importar contra quien peleara, porque la confianza que tenía depositada en la precisión y potencia de sus golpes, era mayúscula.

Así construyó una breve pero exitosa campaña como amateur, en época en que todavía habitaba su ciudad natal, y si bien no consta un ingreso determinado al profesionalismo (eran otros tiempos), hay que mencionar que García nunca fue un boxeador profesional, si por profesional se entiende que estuvo dedicado exclusivamente al pugilismo, pero sí lo fue si, por tal denominación, de entiende a todo boxeador que actuó como rentado y enfrentó a grandes rivales profesionales.

GRANDES ACTUACIONES

Bajo el poder de sus puños cayeron promocionados adversarios, como el caso de Martín Jorge, campeón de Pringles que sumaba en su récord 13 victorias, 12 de las cuales las había obtenido por la vía del knock out, pero ello no arredró a García que lo noqueó sin miramientos en el transcurso del tercer asalto.

Su prestigio fue creciendo y hasta fue convocado para realizar una exhibición con el invicto “Bull Dog Platense”, denominación por la que se conocía al gran Julio Mocoroa, quien le disputaría la corona nacional de los livianos al por entonces imbatible Justo Suárez, ídolo del pugilismo argentino y gloria del barrio de Mataderos.

Estaba claro que nuestro conocido Justo García, marchaba al frente de los profesionales del interior de la provincia.

SCIPIONE

Paralelamente y por aquella segunda mitad de la década del ’20, iba creciendo también la fama de un contemporáneo: Antonio Scipione, un reconocido pugilista, nacido el 27 de mayo de 1907 en Olavarría y que, desde 1926, militaba en el campo rentado.

En su trayectoria había enfrentado a figuras de elevado reconocimiento nacional como Pedro Besares, Anselmo Casares y Leonardo Sesé, rival este último que tenía en común con García, figurando también en la foja de ambos, el bahiense Alberto Massagué.

CAMPAÑAS

Cuando llegó el invierno del ’29, Scipione atesoraba 20 peleas como rentado mientras que García tenía menos de diez en ese campo, aunque con un altísimo porcentaje de victorias y una sola derrota, muy discutida, por una descalificación que nunca quedó clara.

Sin embargo, el predicamento de García y Scipione era conocido en una amplia zona del territorio provincial, y la pelea entre ambos era un pedido de toda la afición.

EL DÍA

El 28 de junio de 1929, en promocionado programa, García y Scipione se enfrentaron en el Teatro Español de Coronel Suárez. No había título oficial en juego, pero es lógico imaginar que el ganador sería considerado como el mejor pugilista del interior provincial.

Técnicamente, Scipione resultaba muy superior, pero la valentía y audacia que solía exhibir García en cada una de sus batallas, porque en realidad era eso: batallas, sumado a su poderoso golpe y notable resistencia, lo hacían merecedor de suficiente crédito.

Las instalaciones se vieron colmadas una vez más y cuando el maestro de ceremonia presentó al boxeador local, la concurrencia estalló en un solo grito de aliento para García.

LA PELEA

La pelea no ofreció demasiadas alternativas de interés en los primeros asaltos y en lo que respecta al round inicial se notó un elevado exceso de cautela en ambos contendores, y aunque García fue quien trató de hacerse de la iniciativa del combate, su ofensiva no alcanzó los resultados propuestos y fue neutralizada por el olavarriense. Recién en el transcurso de la segunda vuelta una derecha del local logró filtrarse por la guardia rival y alcanzó el rostro de Scipione, aunque no tuvo potencia como para ocasionar daños. La maniobra alentó a García que trató de imprimir más ritmo a su ataque, aunque sus golpes fueron totalmente bloqueados por la eficaz acción defensiva de su adversario. Parecía que la pelea se transformaría lentamente en una aburrida cacería entre atacante y atacado, pero en la tercera vuelta, cuando García metió una potente derecha que impactó en la frente de Sciopione, éste, lejos de rehuir la lucha, se plantó y respondió con un golpe no menos violento que, ante el giro lateral de García, impactó contra la parte posterior de su cabeza, generando reclamos y la advertencia del árbitro, aunque debió tomarse en cuenta la posición de García cuando Scipione lanzó el golpe y no la ubicación final del suarense cuando recibió el impacto en el cráneo.

ENORME TENSIÓN

La tensión generada llegó hasta el público y, en elevado caudal, fue devuelta hacia el ring, incidiendo notoriamente en la actitud de los protagonistas, puesto que García se dejó llevar por el aliento de su gente y ensayó un ataque sin claridad que facilitó el trabajo del rival, quien, amarrándose, evitó ser desbordado y luego aprovechó la salida del clinch para castigar con golpes cortos a los planos altos del rival, procurando desconcentrarlo y sacar partido de ello. Tal es así que dichas maniobras afectaron al local quien lanzó varias derechas con suma violencia, pero sin precisión, denotando su nerviosismo. Recién en el siguiente asalto García pareció tranquilizarse, pero su quedo fue aprovechado por Scipione para asumir la ofensiva y llevarlo contra las cuerdas donde descargó numerosos golpes llegando a impactar con alguno de ellos al cuerpo del rival, pero sin que el local los sintiera realmente. El olavarriense se sintió motivado y buscó mantener su actitud ofensiva, y fue en el octavo asalto cuando logró obligar a García a refugiarse nuevamente en las cuerdas donde pudo alcanzarlo con varias izquierdas, aunque éste consiguió amarrarse y, a la salida del clinch, devolvió atenciones golpeando a Scipione en la zona alta. La pelea entró en el último tramo con cierta paridad en los cómputos, pero dentro de un clima de gran expectación donde se reclamaba una definición a favor del local desde los cuatro costados.

LA DEFINICIÓN

La definición pedida no llegó, aunque sí estuvo muy cerca de concretarse sobre el transcurso del último round de la contienda, cuando Scipione lanzó un directo de izquierda que, a base de reflejos y buena cintura, García esquivó y contragolpeó rápidamente con una derecha que impactó en la mandíbula del olavarriense, haciéndole perder el equilibrio, lo que fue explotado por García con la aplicación de un nuevo y violento impacto que lo envió a la lona. Scipione cayó pesadamente y el público inició el festejo de una victoria por knock out que parecía segura. Sin embargo, el árbitro Roberto Carri hizo retirar a García hacia un rincón neutral y cuando su cuenta llegó a siete, el olavarriense se reincorporó, pero visiblemente sentido. García fue por la definición, pero no pudo volver a conectar un golpe neto sobre la humanidad de su rival, quien se amarró cuanta vez le resultó posible y la campana final encontró al local en pleno ataque, pero sin lograr el ansiado knock out. Sin embargo, esa caída resultó determinante para decidir una pelea que había sido relativamente pareja, entre dos estilos muy diferentes, pero en la que prevalecieron los vigorosos golpes del local por sobre la técnica del visitante. Naturalmente el fallo favoreció a García, cuya consideración general se elevó notablemente luego de esta victoria que fue reseñada en el diario suarense El Imparcial, en una crónica pormenorizada de round por round.

EL DESPUÉS

Scipione realizó cuatro peleas más y en el otoño del ’30 se retiró del boxeo dejando un récord de 17 victorias, 6 derrotas y 2 empates.

García, por su parte, también hizo cuatro peleas más, todas en Suárez y se mudó a Pehuajó, donde se radicó definitivamente, trabajó como efectivo de la policía de la provincia de Buenos Aires, y continuó combatiendo en nuestra ciudad y la zona, como así en otros puntos mucho más distantes. No tuvo una gran continuidad, pero -conforme a lo que ha quedado registrado–efectuó, al menos, 26 peleas en esa etapa, realizando la última con 43 años de edad, cuando noqueó en Pehuajó al casarense Acosta.

García, completó su palmarés totalizando 29 victorias, 5 derrotas y 2 empates, y prolongó la estirpe en su hijo Osmar “Yoshío” García, quien combatió como aficionado entre 1963 y 1973, protagonizando 28 peleas con un muy buen registro estadístico.

Edmundo Justo García, recordado vecino y pugilista local, falleció en nuestra ciudad, el 17 de noviembre de 1989, a los 83 años de edad.

Apenas 6 meses después, el 24 de mayo de 1990 y en la Olavarría que lo había visto nacer, falleció Antonio Scipione, cuando le restaban apenas 3 días para cumplir también sus 83 años. Cosas de la vida.

Roberto F. Rodríguez.

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

DESDE EL MIRADOR

Final de la copa

Publicado

el

Los resultados registrados en nuestro fútbol lugareño han determinado que los protagonistas de la gran final de la denominada: “Copa de Campeones”, sean los primeros equipos de Deportivo Argentino y Progreso de Juan José Paso. Dos instituciones, cuyos elencos representativos en la categoría superior, pocas veces se han cruzado en partidos donde estuvo en juego un campeonato, pero cuando lo hicieron, nos regalaron jornadas extremadamente vibrantes.

En un repaso histórico nos encontramos con dos enfrenamientos muy recordados. Uno de ellos, el que constituyó una final de torneo y que se registró en el campeonato oficial de la Liga Pehuajense de Fútbol en 1966.

Ese año Progreso dominó el clasificatorio e incluso llegó a la penúltima fecha llevando dos puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor que era Deportivo Argentino, equipo al que debía enfrentar como local en Juan José Paso. Como se recordará, en ese tiempo se otorgaban solo dos puntos por victoria, por lo que los azules debían ganar como visitante para darle alcance al líder. Parecía muy difícil pero Deportivo terminó imponiéndose por 4 a 1 y, como ambas escuadras vencieron luego a sus respectivos rivales en la última fecha, quedaron igualadas en puntos, lo que obligó a una definición final compuesta por dos partidos, pero con chance de un tercero.

El 9 de octubre de 1966 se enfrentaron en el primer partido final en cancha de Defensores del Este y Progreso, con gol de Bocha Sienra, se llevó la victoria por 1 a 0.

Una semana después volvieron a verse, pero en Estudiantes Unidos, y allí ganó el azul por 2 a 0 con goles de Bernoldi y Mariani. Esto exigió un tercer partido donde Deportivo se llevó el título al imponerse nuevamente por 2 a 0, con goles de Sieza y Bernoldi.

Esa fue la única final que disputaron ambas escuadras en torneos oficiales de la LPF. No obstante, en 1972 se registró un caso especial porque ambos equipos llegaron a enfrentarse en cancha de Defensores del Este, en la tercera y última fecha del Petit Torneo, es decir del cuadrangular final, con chances de ser campeones según el resultado.

Deportivo era líder con 3 puntos y Progreso tenía 2, por lo que el albirrojo debía ganar para superar en puntos al azul y aspirar al título, aunque KDT, que enfrentaba a Defensores, también tenía 2 puntos. Y los de Paso estuvieron cerca, porque con dos goles del popular “Tenaza” Carnés y uno de Martín, estaban al frente del marcador por 3 a 1, resultado que se mantuvo hasta los 20 minutos de la segunda etapa. Sieza, que estaba en una tarde inspirada y había marcado el descuento para el azul, volvió a vulnerar la valla albirroja en dos nuevas ocasiones, siempre de tiro libre, mientras Díaz anotó el último mediante un penal para darle la victoria al azul por 4 a 3.

Segundo título para Deportivo y segunda vez que celebraba ante Progreso.

El próximo domingo volverán a enfrentarse. Quizá unos se aferren a aquello de que no hay dos sin tres mientras otros esperen que la tercera sea la vencida. Ya lo veremos.

Roberto F. Rodríguez.

 

Seguir leyendo

DESDE EL MIRADOR

El último podio

Publicado

el

Menditeguy ganador de la “Mar y Sierras” de 1962.

El 15 de abril de 1962, fecha de la que en apenas dos días se habrán de cumplir sesenta años, el corazón de nuestro pueblo volvió a latir como animado por una fuerza externa y no era para menos. Nuestro embajador deportivo de entonces, el piloto de turismo de carretera Jorge Eduardo Farabollini, subía nuevamente al podio cuando muchos creían que su tiempo ya había pasado.

UN TOP TEN

Es cierto que la trayectoria del reconocido volante pehuajense, quien había disfrutado de las mieles de la victoria el año anterior, no estaba nutrida de grandes resultados en el último tiempo, pero Jorge seguía siendo lo que se dice un Top Ten, es decir uno de los diez mejores pilotos de la categoría más popular del automovilismo argentino.

El triunfo en Arrecifes, en abril de 1961, había abierto nuevos rumbos, pero por caminos mucho más difíciles que cuando aún no había alcanzado la victoria y podía acceder a los jugosos premios en dinero destinados a los “No ganadores”. Había comenzado una nueva etapa en la carrera deportiva del popular “Gringo”. Desde aquel éxito y en ese mismo año, en el que había estado entre los cinco mejores pilotos del ranking, había sumado un segundo puesto en Tres Arroyos y un tercer puesto en Carlos Casares. Lo demás eran abandonos. En cuanto a la temporada de 1962 había participado en dos ocasiones, arribando octavo en Olavarría y duodécimo en Pergamino, resultados que, dada su autoexigencia, no lo dejaron conforme en lo absoluto.

VIEJOS PROBLEMAS

Jorge no estaba conforme, pero sabía dónde estaba el inconveniente que atentaba contra un mejor rendimiento de su máquina y puso manos a la obra para buscar soluciones al problema de la recuperación de aceite. Un tema viejo al que aún no se había hallado solución. Era evidente que la implementación de las modificaciones en el sistema de lubricación estaba lejos de dar los frutos deseados, pero Jorge no pensaba darse por vencido. Se trabajó mucho y aunque no se podía aventurar un resultado óptimo, el “Ciudad de Pehuajó” quedó en condiciones para volver al ruedo con posibilidades concretas de pelear las carreras bien arriba.

MAR Y SIERRAS

El optimismo volvió a contagiar a los aficionados pehuajenses e incluso había muy buen clima en el equipo de competición del recordado Gringo. Así fue que decidieron estar presentes en la nueva edición de la competencia “Mar y Sierras”, organizada por Mar del Plata, una prueba que traía gratos recuerdos de aquella gran labor de Jorge en 1960.

Sin embargo, para esta nueva oportunidad, los organizadores habían decidido modificar el recorrido de la misma, convirtiéndola en una prueba de alta velocidad sobre un circuito totalmente asfaltado, circunstancia que le caía muy bien a Farabollini, amigo de los trazados donde podía exigir la máxima velocidad de su auto.

NUEVO TRAZADO

Las máquinas partirían desde Mar del Plata por Ruta 11 hacia Miramar, retornando desde allí a Mar del Plata por rutas 77 y 88 hasta empalmar la ruta nacional 226 por la que deberían transitar hasta las inmediaciones de la ciudad de Azul, pasando previo por Balcarce y Tandil. En el cruce de la ruta 226 con la ruta 3, tomarían por ésta última hasta Tres Arroyos, pasando por Benito Juárez. Una vez en Tres Arroyos emprenderían camino hacia el punto de partida por ruta 228 hasta Necochea y por ruta 88 hasta Miramar para hacer desde allí el tramo final hasta Mar del Plata.

Ese trazado, a modo de triángulo irregular, totalizaba 820,530 kilómetros que los competidores debían recorrer en una sola oportunidad.

PARTICIPANTES

Excepto Juan Gálvez, estuvieron presentes las más destacadas figuras de la categoría, largando 36 pilotos sobre 45 inscriptos. El famoso “Aguilucho” Oscar Gálvez, estuvo presente pero no pudo largar debido a una rotura del block de su motor. Otro que tampoco largó fue Félix Peduzzi. Sin embargo, la presencia en ruta de pilotos como: Dante Emiliozzi, Carlos Menditeguy, Santiago Luján Saigós, Armando J. Ríos, Ernesto Petrini, Carmelo Galbato, Carlos Pairetti, Ángel Meunier y el Gringo Farabollini, entre otros ases, garantizaba una carrera vibrante.

JORGE

Jorge largó con el número 6 y al llegar a Miramar era el puntero por tiempo, seguido por Emiliozzi. Todo parecía alentador para el piloto pehuajense pero la carrera era larga y había dudas sobre si el auto aguantaría. Una vez transpuesto el primer control de Miramar, el Ford número 8 de Carlos Menditeguy asumió el liderazgo de la competencia y prácticamente no lo abandonó hasta que la bandera a cuadros certificó su impecable victoria. Únicamente alternó la vanguardia con Emiliozzi, cuya presión se hizo sentir no solo en la máquina del ganador sino fundamentalmente en el motor de la propia “Galera” que no resistiría el tren de carrera.

Cuando las máquinas llegaron a Tandil, Menditeguy era el puntero por tiempo, escoltado por Saigós y Farabollini, cuyo castigado Ford comenzaba a evidenciar el resurgimiento del viejo problema con el aceite. No obstante, el Gringo seguía fierro a fondo, aunque sin lograr desarrollar la velocidad deseada.

SEGUNDO LADO

Al iniciarse el segundo lado del triángulo a recorrer, más precisamente en el primer tramo, es decir entre Azul y Benito Juárez, el “Ciudad de Pehuajó” empezó a retrasarse, pero desde Juárez a Tres Arroyos, segmento que tantas satisfacciones le había dado a Jorge en otras carreras, la máquina pehuajense pareció despertar y levantó su rendimiento, por lo que, al llegar a Tres Arroyos, el Gringo estaba segundo, asediando al puntero Menditeguy.

Todo Pehuajó, pegado a los receptores de radio, volvía a soñar con una victoria. Su gente se emocionaba con el relato radial y esperaba más todavía. Pero el Ford azul y amarillo no podía más porque con el correr de los kilómetros el problema se agudizó, originando un elevado consumo de aquel lubricante y obligándolo a ceder posiciones.

LADO FINAL

Ángel Meunier, recordado piloto santafesino que quedaría por siembre ligado a la historia del volante pehuajense, cubrió el tramo Tres Arroyos – Necochea a un asombroso promedio de 207,342 km/h., y además fue el único que superó en el camino a Farabollini, hecho que da una idea de la velocidad que, pese a los problemas, venía desarrollando Jorge.

Meunier le sacó a Jorge una considerable ventaja por tiempo, por cuanto el Gringo se vio forzado a exigirle un máximo esfuerzo a su lastimado motor, el que increíblemente le respondió dentro de sus ya humildes posibilidades.

CHARLES GANADOR

Un inalcanzable Charles Menditeguy se llevó la victoria con absoluta autoridad, siendo escoltado por Meunier que realizó una última atropellada sobre la posición del líder, pero no consiguió alcanzarlo.

La victoria de Menditeguy resultó inobjetable, más allá que al término de la carrera se oyeran reclamos mencionando que el ganador había empleado un cigüeñal de Ford Mustang en su máquina, lo que quedó simplemente como una anécdota.

AL PODIO

Tercero, pese a todo, llegó Farabollini, asegurándose un lugar en el podio, y desatando una gran algarabía en los pehuajenses que siguieron la carrera a distancia. Lejos estaban todos de imaginar que ese sería su último podio.

Solo catorce máquinas completaron la exigente competencia.

ÚLTIMAS CARRERAS

Dos semanas después de aquel tercer puesto en la Mar y Sierras, Jorge estuvo a punto de participar de la competencia de Necochea, prueba muy veloz y sobre un circuito muy conocido por el piloto pehuajense, pero finalmente no pudo ser de la partida, lo que dejó con la cara larga a sus permanentes seguidores.

A esa frustrada participación la siguieron dos abandonos, en la Vuelta de Santa Fe, donde registró un vuelco, y en Arrecifes, donde el Gringo había ganado en la edición anterior.

No era fácil llegar al final de las carreras porque el equipo continuaba sin hallar solución al problema que aquejaba al ajetreado motor de la máquina y que atentaba contra futuras participaciones. A partir de allí y en búsqueda de solucionar en forma definitiva los inconvenientes de la bomba recuperadora de aceite, se intentó probar fortuna con unas bombas importadas marca “Lincoln”, traídas especialmente desde los Estados Unidos, pero tampoco se lograron los resultados esperados. Aun así, Jorge alcanzó un cuarto puesto en Chacabuco y un séptimo lugar en San Antonio de Areco. Esos resultados trajeron un poco de aire respirable y devolvieron las ilusiones de cara a lo que vendría: la Vuelta de Junín, carrera donde, lamentablemente, Jorge Eduardo Farabollini protagonizaría un terrible accidente que le costaría su vida y envolvería a todo un pueblo una profunda tristeza, hecho sobre el que se ha escrito y dicho mucho, pero que considero procedente mencionar, al menos, como cierre de esta evocación, cuyo Norte ha sido su último podio.

 

Seguir leyendo