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Un Gran Premio Inolvidable

El pasado sábado se cumplieron 55 años de una de las competencias automovilísticas nacionales que más recuerdan los pehuajenses: el Gran Premio Argentino de Carretera disputado entre el 5 y el 12 de diciembre de 1965, y en el que Pehuajó tuvo un muy digno representante: Osvaldo Luis Tosti.

Acompañado por Carlos Crudelle, otro conocido vecino de nuestra comunidad, encaró la aventura de inscribirse en tan agotadora prueba del turismo carretera, hecho que significaba ofrecer la posibilidad que todo el país -así era de popular el TC– volviera a ver sobre las rutas de máxima exigencia a un auto muy nuestro: “El Ciudad de Pehuajó”, inolvidable coupé Ford que había pertenecido a Jorge Farabollini y que, tras su trágica muerte, había sido pilotado por Manuel Armella hasta pasar definitivamente a manos de Tosti.

Nacido el 1 de octubre de 1929, el nombre Osvaldo Luis Tosti apareció en letras grandes cuando en ese año 1965, ya con 35 años de edad, adquirió en un impresionante esfuerzo económico, la famosa coupé ante el inminente peligro que la máquina dejara Pehuajó, y pese a la férrea oposición y consejos desalentadores de quienes no estaban de acuerdo con semejante inversión.

Debutó en Olavarría, el 12 de septiembre del mismo año, bajo el seudónimo “Viento en contra” y acompañado por Crudelle, cuya única experiencia en la categoría era haber acompañado en una sola oportunidad a Manuel Armella. Las cosas no salieron bien y la máquina no completó la carrera, abandonando tras un comienzo con grandes expectativas.

El resultado no resultó desalentador ni mucho menos y, cuando consideró que el auto estaba en condiciones, Tosti no dudó en inscribirse en el referido Gran Premio Argentino que recorrería la geografía nacional en 5 maratónicas etapas.

La suerte quiso que le tocara el número 100 entre más de un centenar de competidores y, con un motor F-100 rugiendo en sus entrañas, la emblemática cupecita llegó en muy buenas condiciones al punto de partida, portando sueños y nostalgias de los pehuajenses.

El gran premio resultaba determinante para definir el campeonato argentino de ese año que, sin dudas, fue uno de los más interesantes de la historia.

Un gran candidato: Ángel Rienzi, que con su potente F-100 había ganado en Pehuajó, estaba al margen de la lucha al no poder participar debido a un accidente. Pero, aun así, estaban el chevrolet de Löeffel; el Chevytú de Cupeiro y la Galera de los Emiliozzi con justificadas pretensiones de título.

La gran carrera se estructuró sobre un trazado de casi cinco mil kilómetros a recorrer en seis etapas, partiendo desde Luján hacia Santa Rosa, provincia de La Pampa; siguiendo desde allí hacia la región cuyana hasta San Rafael (Mendoza), para luego remontar la geografía continental hacia el Norte, tocando La Rioja, subiendo hasta Tafí del Valle (Tucumán) y descendiendo después hacia San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero hasta Capilla del Monte en Córdoba, desde donde tomarían rumbo hacia la finalización establecida en la ciudad de San Antonio de Areco.

Un total de 136 pilotos fueron los inscriptos entre los que estaba el pehuajense dispuesto a hacer lo suyo, respetando un plan de carrera conforme a sus posibilidades concretas y luego ir viendo, a medida que avanzara la prueba, las oportunidades que pudieran presentarse para mejorar la performance, pero para ello había que estar en carrera lo que significaba cuidar la máquina.

La etapa inicial, que al principio puso arriba a Jorge Cupeiro con un promedio de 205,786 kilómetros horarios al paso por 9 de Julio, finalmente fue para los Emiliozzi que, cuando pasaron por Pehuajó camino hacia la capital pampeana, llevaban un promedio de 203,220 km/h, y si bien luego tuvieron un duro rival en Larry (Rodríguez Larreta) que llegando a Catriló era puntero por tiempo, los Gringos ganaron la etapa empleando un tiempo de 2 horas 28 minutos y 54 segundos, mientras que Tosti, que despertó la consecuente emoción al paso por nuestra ciudad, su ciudad, logró arribar en el puesto número 41, con un tiempo de 3 horas, 7 minutos y 50 segundos, y un promedio de 172,046 km./h.

En la segunda etapa, partieron desde Santa Rosa hacia el Norte, pasando por Winifreda y Eduardo Castex hasta llegar a Realicó, desde donde tomaron la Ruta 288 hasta el sur mendocino, pero debieron afrontar algunas dificultades del camino. Primero surcaron varios kilómetros de suelo arenoso entre Unión y el Puente del Río Salado y luego, entre Bowen y General Alvear, se encontraron en un complicado camino de ripio. Llegaron. Emiliozzi volvió a ganar y Tosti mejoró ubicándose vigésimo octavo en la etapa.

La tercera etapa se cumplió en su mayor parte junto a la precordillera andina, en permanente ascenso y descenso, con senderos angostos con muchas curvas y contracurvas hasta Calingasta, y desde allí alternando ruta con camino de ripio hasta La Rioja. Ganó otra vez Emiliozzi y como Tosti llegó en la vigésimo tercera ubicación, alcanzó el 22º puesto en la general, muy a pesar de algunos inconvenientes sufridos.

La cuarta etapa era clave para demostrar la resistencia. La prueba era el sinuoso camino de tierra entre La Rioja y Tafí, porque luego vendría asfalto hasta Santiago. Ganó Emiliozzi por cuarta vez consecutiva y sacó una ventaja de casi una hora a su más inmediato perseguidor que era Eduardo Casá. Tosti cumplió una excelente performance y arribó 12º en la etapa, ubicándose 17º en la general.

Para la quinta etapa lo esperaba un nuevo desafío. Asfalto al principio entre Santiago y Concepción, y luego un extenso recorrido por tierra. Primero camino de cornisa con agua a unos 300 metros abajo, absolutamente escabroso hasta la Cuesta del Portezuelo y luego camino de ripio con mucha tierra suelta, retomando el asfalto en la parte final. Había que demostrar capacidad conductiva y Tosti lo hizo. Logró ubicarse décimo con un promedio de 91,746 km./h., en semejante geografía y avanzó hasta el duodécimo lugar en la general. La etapa fue para Casá que superó a Emiliozzi, cuya Galera no podía más.

Quedaba la etapa final y lo hecho hasta allí por Tosti, era tan impresionante como impensado para muchos.

La última etapa ofrecía posibilidades de velocidad y el “Ciudad de Pehuajó” fue lanzado por más. Resistió y arribó en la novena ubicación en la etapa, con un promedio de 119,205 km./h. Bordeu ganó la etapa y Casá se quedó con el Gran Premio porque los Emiliozzi abandonaron, pero con Löeffel y Cupeiro fuera de carrera, los Gringos de Olavarría retuvieron el título de campeones.

Osvaldo Tosti, logró la octava ubicación final en una carrera que quedó en la historia deportiva lugareña porque haber logrado esa posición en una extensa carrera de 136 competidores, fue una hazaña en la que muy pocos creían, pero que él se encargó de hacer realidad, paseado una vez más con elevado orgullo el nombre de Pehuajó por gran parte de la geografía continental argentina.

Participó en 5 competencias en 1966, incluido el Gran Premio, de las que solo consiguió finalizar una (19º en Olavarría), y se retiró tras el Gran Premio de 1967, donde el histórico “Ciudad de Pehuajó”, cruzó por última vez una línea de llegada, aunque muy lejos de la vanguardia.

Osvaldo Tosti, quien permaneció en poder del icónico auto hasta su muerte, falleció joven, el 20 de junio de 1988, con 59 años de edad.

Se marchó así el último piloto del inolvidable “Ciudad de Pehuajó”, quien dejó su impronta en la historia deportiva lugareña por peso propio, demostrando ser un muy buen conductor, aún en terrenos difíciles, luchado a bordo de una máquina que, en ese tiempo, ya estaba en marcada desventaja ante los cambios que había sufrido la categoría con la irrupción de los equipos como los Falcon primero y los Torino después y el camino que se habría hacia la aparición de nuevos prototipos que marcarían el adiós definitivo de las singulares cupecitas que tanto le habían dado al TC, del que Osvaldo Luis Tosti fue parte, y Pehuajó también.

Roberto F. Rodríguez

 

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