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Madres y padres se manifestaron en la plaza por la presencialidad en las aulas

Un grupo de padres y madres se concentraron en la Plaza Dardo Rocha de nuestra ciudad, reclamando contra una posible suspensión de clases presenciales en el distrito de Pehuajó, tomando como parámetro las medidas adoptadas en la noche de ayer por el Presidente Alberto Fernández, quien determinó (entre otras resoluciones) la vuelta a la virtualidad por 15 días, como propósito para lograr bajar el nivel de contagio y casos de Covid 19 en el país.

Quienes se expresaron hicieron oír cacerolas y exhibieron afiches donde pedían que no “se cierren las escuelas”.  Entre los presentes, estuvo la senadora provincial de Juntos por el Cambio, Felicitas Beccar Varela, que en el “bocinazo” de la noche del miércoles también se había hecho presente y había manifestado su disconformidad con lo planteado por el Presidente de la Nación.

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3 Comments

  1. Estos «caceroleros», reclamadores, opositores o manifestadores seriales pertenecen a uno de estos grupos: o son antiperonistas fanáticos o son oligofrénicos.

  2. La prestigiosa revista científica británica The Lancet publicó un estudio sobre las clases presenciales en las escuelas. Este estudio ha sido publicado y comentado por numerosos periódicos argentinos. Elegí dos de estas reproducciones y las transcribo a continuación. La primera es la del diario Página 12, fechada el día 17 de abril de 2021. El artículo está encabezado con la frase: “No sería prudente dejar que el virus circule en los niños”, indicó un estudio. El título del artículo es: Para The Lancet, la presencialidad escolar acelera la pandemia de coronavirus. Su texto es el siguiente: La revista científica británica The Lancet publicó, en los primeros días de marzo pasado, un estudio en el que sostienen que la reapertura de las clases presenciales, sin la compañía de una robusta campaña de mitigación del coronavirus exitosa, puede llevar a “una aceleración de la pandemia del coronavirus”, que se traduciría en más contagios y decesos. El artículo encabezado por la epidemióloga Deepti Gurdasani de la Queen Mary University of London y su equipo llegó a la conclusión de que los cierres de escuelas primarias y secundarias en el Reino Unido se asociaron con “reducciones sustanciales a lo largo del tiempo en el número de reproducción efectiva” del Covid-19. “Aunque es poco probable que el COVID-19 cause una enfermedad grave en los niños, las estimaciones de la prevalencia de los síntomas prolongados del COVID basadas en la Encuesta de Infección de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) británica sugieren que el 13% de los niños de 2 a 10 años y el 15% de los de 12 a 16 años tienen al menos un síntoma persistente 5 semanas después de dar positivo”, precisaron los especialistas. En esta línea, los expertos reflexionaron que “no sería prudente dejar que el virus circule en los niños, con el consiguiente riesgo para sus familias”, debido a la “incertidumbre” sobre los efectos a largo plazo en la salud por la infección por SARS-CoV-2. “Con la reapertura plena en un entorno de alta transmisión comunitaria, sin las salvaguardas adecuadas, se corre el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes; pero, al contribuir a una alta transmisión comunitaria, también se proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes”, concluyeron. El resumen que hizo The Lancet de la investigación (subtítulo). “El 22 de febrero de 2021, el gobierno del Reino Unido anunció que las escuelas en Inglaterra reabrirían por completo el 8 de marzo. Si bien regresar a la escuela lo antes posible es imperativo para la educación, el desarrollo social y el bienestar mental y físico de los niños, no es suficiente lo que se ha hecho para que las escuelas sean más seguras para los estudiantes y el personal. Sin mitigaciones adicionales, es probable que aumente la transmisión, esta vez con variantes más infecciosas y posiblemente más virulentas; lo que resultará en más bloqueos, cierres de escuelas y ausentismo. Incluso cuando se suponía que las escuelas debían estar completamente abiertas, en los puntos de alta transmisión comunitaria el 22% de los niños de la escuela secundaria no asistían debido al autoaislamiento. En algunas áreas, la asistencia fue tan baja como 61%. Los argumentos de que las escuelas no contribuyen a la transmisión comunitaria y que el riesgo general para los niños de COVID-19 es muy pequeño han significado que las mitigaciones en las escuelas hayan recibido poca prioridad. Sin embargo, la evidencia citada para estos argumentos tiene serias limitaciones. Los cierres de escuelas primarias y secundarias se han asociado con reducciones sustanciales a lo largo del tiempo en el número de reproducción efectiva (Rt) en muchos países (incluida Inglaterra) y períodos de tiempo. Aunque es poco probable que la COVID-19 cause una enfermedad grave en los niños, las estimaciones de la prevalencia de los síntomas prolongados del COVID basadas en la Encuesta de Infección de la ONS sugieren que el 13% de los niños de 2 a 10 años y el 15% de los de 12 a 16 años tienen al menos un síntoma persistente 5 semanas después de dar positivo. Dada la incertidumbre sobre los efectos a largo plazo en la salud de la infección por SARS-CoV-2, no sería prudente dejar que el virus circule en los niños, con el consiguiente riesgo para sus familias. Reabrir plenamente en un entorno de alta transmisión comunitaria sin las salvaguardas adecuadas corre el riesgo de privar a muchos niños de la educación y la interacción social nuevamente, agravando las desigualdades existentes. Al contribuir a una alta transmisión comunitaria, también proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes. Las mitigaciones de varios niveles pueden reducir sustancialmente el riesgo de transmisión dentro de las escuelas y los hogares. En el panel resumimos un conjunto de recomendaciones que están en línea con las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de E.E. U.U. Y se practican en muchos países para reducir el riesgo de transmisión en las escuelas y mitigar el impacto de la COVID-19 en los niños y familias. En el apéndice se proporciona un conjunto detallado de recomendaciones y una infografía. Hacer que las escuelas sean más seguras va de la mano con la reducción de la transmisión en la comunidad y es esencial para permitir que las escuelas vuelvan a abrir de manera segura y permanezcan abiertas.”

  3. El segundo artículo es del diario Tiempo Argentino, fechado el 16 de abril de 2021. Su título es: The Lancet advierte: “La reapertura de escuelas sin una sólida mitigación del Covid-19 corre el riesgo de acelerar la pandemia”. La bajada dice: Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica sostiene que las clases presenciales en momentos de muchos contagios, “al contribuir a la alta transmisión comunitaria, también proporcionan un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes”. El texto del artículo es: Una publicación en la prestigiosa revista científica The Lancet suma elementos al debate en torno a la presencialidad en las escuelas. Mientras el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y su ministra de Educación, Soledad Acuña, se resisten a la vuelta a la virtualidad por dos semanas e insisten con la idea de que las aulas son espacios seguros a nivel sanitario, la investigación realizada sobre lo ocurrido en el Reino Unido alerta que “la reapertura total en un contexto de alta transmisión comunitaria sin las salvaguardias adecuadas corre el riesgo de privar de nuevo a muchos niños de la educación y la interacción social, empeorando las desigualdades existentes. Al contribuir a la alta transmisión comunitaria, también proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes”. El texto advierte que la presencialidad en las aulas “sin mitigaciones adicionales, es probable que aumente la transmisión, esta vez con variantes más infecciosas y posiblemente más virulentas, lo que dará lugar a más cierres de escuelas y ausentismo”. Señala que “los argumentos de que las escuelas no contribuyen a la transmisión comunitaria y de que el riesgo global para los niños del COVID-19 es muy pequeño han hecho que las medidas de mitigación en las escuelas reciban poca prioridad. Sin embargo, las pruebas citadas para estos argumentos tienen serias limitaciones”. Los resultados de la Encuesta de Infección por COVID-19 de 2020 de la Oficina de Estadísticas Nacionales británica (ONS) evidencian que “la prevalencia de la infección entre los niños de 2 a 10 años (2%) y de 11 a 16 años (3%) aumentó por encima de la prevalencia para todos los demás grupos de edad antes de las vacaciones de Navidad de 2020” y los datos disponibles hasta el momento apuntan que “el aumento de casos en regiones donde la variante B.1.1.7 del SARS-CoV-2 era prevalente durante el cierre de noviembre de 2020 (cuando las escuelas estaban abiertas), sugiere que la apertura de todas las escuelas ahora sin medidas de mitigación sólidas en su lugar probablemente conducirá a un aumento en el número de reproducción efectiva (Rt) por encima de 1 en casi todos los escenarios”. Además, el artículo -elaborado por los investigadores Deepti Gurdasani, Nisreen A. Alwan, Trisha Greenhalgh, Zoë Hyde, Luke Johnson, Martin McKee, Susan Michie, Kimberly A. Prather, Sarah D. Rasmussen, Stephen Reicher, Paul Roderick y Hisham Ziauddeen- plantea que los datos de los modelos de la Universidad de Warwick y el Imperial College de Londres indican que “se estiman al menos 30.000 muertes más por COVID-19 en los escenarios de reapertura propuestos. A lo largo de febrero de 2021, a pesar de que hay menos alumnos en las escuelas en esta época, el personal docente corrió un mayor riesgo de infección” y que “los recientes brotes escolares en el norte de Italia, donde la variante B.1.1.7 es prevalente, también son preocupantes”. En cuanto al desarrollo de la enfermedad en niñas y niños, la publicación detalla que si bien es “poco probable” que el coronavirus genere un cuadro grave en pacientes infantiles, “las estimaciones de la prevalencia de los síntomas prolongados de la COVID basadas en la Encuesta de Infección de la ONS sugieren que el 13% de los niños de 2 a 10 años y el 15% de los de 12 a 16 años tienen al menos un síntoma persistente cinco semanas después de dar positivo”. Ante este panorama, se plantea que “dada la incertidumbre en torno a los efectos en la salud a largo plazo de la infección por el SARS-CoV-2, no sería prudente dejar que el virus circule entre los niños, con el consiguiente riesgo para sus familias”. Por esto, el texto concluye que “la reapertura total en un contexto de alta transmisión comunitaria sin las salvaguardias adecuadas corre el riesgo de privar de nuevo a muchos niños de la educación y la interacción social, empeorando las desigualdades existentes. Al contribuir a la alta transmisión comunitaria, también proporciona un terreno fértil para la evolución del virus y nuevas variantes”. Para mitigar los riesgos, el texto publicado en The Lancet reúne recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, que tienen que ver con la implementación de un “sistema de semáforo de riesgo” (planteado también en Argentina y actualmente en rojo en distritos como la Ciudad de Buenos Aires por el nivel de contagios); insta a “utilizar el aprendizaje a distancia o semipresencial para reducir los desplazamientos”; propone “burbujas de viaje” durante los desplazamientos, algo difícil de aplicar en el transporte público local. En las aulas, sugiere “mantener un tamaño de burbuja pequeño” y “reducir el movimiento entre las burbujas”, así como “desplegar personal adicional para reducir el tamaño de las clases”, aspectos que, como vienen denunciando los gremios docentes, no se condicen con la realidad local. Lo mismo en relación a las recomendaciones de “permitir el aprendizaje a distancia opcional” y “apoyar el aprendizaje a distancia con tecnologías, financiación, apoyo práctico y formación de habilidades”.

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