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Otra marca. La misma pasión

Desde la finalización del Gran Premio Argentino de Turismo de Carretera disputado a fines de 1967, que contó con tres representantes pehuajenses, nuestra afición tuerca debió pasar varios años sin volver a ver, al menos sobre un circuito de dicha categoría, a una máquina con el nombre de PEHUAJO escrito en la parte superior del parabrisas.

Osvaldo Tosti, que en aquella prueba del ’67 había pilotado por última vez la máquina que perteneciera a Jorge Farabollini, decía adiós al automovilismo al igual que la castigada coupé Ford que había estado entre nosotros desde 1957, y a la que también había conducido Manuel Armella.

El maderense Clemente Cumba que había participado con su Ford Falcon en el mismo gran premio, tampoco volvería al TC, y Hugo Polo, representante de Mones Cazón que corrió con lo que se conocía en el ambiente como “empanada”, también abandonaba la categoría luego de tres carreras disputadas en el último tramo de dicho año.

Los años ’70 mostraron grandes cambios en el turismo de carretera y aunque las viejas cupecitas ya eran historia, se seguía soñando con tener un auto que nos representara.

La pasada por Pehuajó del Gran Premio de la Provincia de Buenos Aires, disputado en el verano de 1976, avivó aún más el fuego de aquel anhelo y la apasionada fuerza de Walter Terrón hizo el resto, dado que luego de una larga búsqueda pudo por fin conseguir un auto de competición para ser parte del mítico TC.

Se trataba de un coupé Chevy que, pocos meses atrás había corrido el Gran Premio Argentino bajo la conducción de Ferruccio Bruno, aunque en realidad se trataba de una máquina conocida por haber sido pilotada anteriormente por el arrecifeño Carlos Marincovich, una figura indiscutida.

La noticia corrió como un reguero de pólvora y todo el ambiente deportivo pehuajense se conmocionó. Nadie reparó ni puso objeciones en que ahora Pehuajó tuviera un Chevrolet cuando el pasado nombraba a la marca rival: Ford. Lo importante era tener una máquina para competir en la más popular categoría del automovilismo argentino.

La Peña “El Orejano”, integrada por muchos interesados en volver a ver un TC en Pehuajó, trabajó mucho y finalmente la máquina llegó a nuestra ciudad, transportada en el camión de don Luis Romeu.

La alegría del ambiente fue enorme y el recibimiento inolvidable.

Con el auto, también llegó César Siares, de notables conocimientos sobre ese tipo de motores dado que había trabajado mucho tiempo con los famosos preparadores Omar Wilke y Jorge Pedresoli. En consecuencia, fue él quien dirigió la puesta a punto del motor Chevrolet que rugía dentro de una máquina que, como no podía ser de otra manera, también fue bautizada como: “Ciudad de Pehuajó”.

Terrón era el dueño y podía correrlo, pero quiso ceder el lugar a un piloto hecho como lo era el bolivarense Jorge Martínez Boero, quien venía de una etapa con Dodge luego de haber ganado con Chevrolet y estaba sin auto para competir. Todo quedó listo para el debut en 25 de Mayo pero mientras probaban la máquina, la rotura de un pistón y los daños consecuentes, postergaron la fiesta.

Llegó entonces el 9 de mayo de 1976, fecha de la que el pasado sábado se cumplió un nuevo aniversario, y nuestra máquina, con el Gaucho de Bolívar al volante y Terrón como acompañante, debutó en Bahía Blanca.

Eran tiempos donde los Falcon de Héctor Gradassi y Juan María Traverso pretendían seguir dominando la categoría, pese a la oposición de los Dodge de Octavio Suárez, Jorge Recalde, Carlos Pairetti y Jorge Cupeiro, pero sin dudas, el rival más difícil que tenían los Ford era la Chevy de Roberto Mouras, y también la de Carlos Marincovich.

Es decir que la categoría estaba poblada de excelente máquinas y brillantes pilotos, pero la afición pehuajense se encontraba feliz de tener un representante aunque no se pudieran esperar, en principio, grandes resultados.

El “Ciudad de Pehuajó” logró terminar la exigente serie en que participó ocupando el décimo puesto, clasificando para disputar la final, la cual debió largar desde la fila 14, es decir con más de veinte máquinas adelante. No obstante la Chevy respondió a las mayúsculas exigencias y a pesar de la aparición de algunos problemas mecánicos, terminó en el noveno puesto final, lo que fue visto como una muy buena labor.

Al final de la carrera, directivos del Quilmes Automóvil Club le ofrecieron a Martínez Boero integrar el equipo semi-oficial Ford y, en noble respuesta a la manera en que él había aceptado correr la Chevy, se le dio vía libre para sus nuevos propósitos.

La elección del piloto reemplazante recayó en un joven nacido en Pehuajó, aunque muy ligado a Carlos Casares, que venía destacándose en el TC al comando de un Dodge: Héctor Moro.

Debutaron en Monte, ya con el invierno encima, logrando un séptimo puesto en la serie y un octavo lugar en la final, lo que significó una gran performance.

De allí en adelante se sucedieron varias actuaciones destacables donde pelearon bien arriba en series y final, aunque siempre faltó algo. No obstante, si hubo una carrera que la afición local jamás olvidará fue la de la Vuelta de la Vendimia, corrida el 7 de mayo en el autódromo mendocino, vale decir a solo dos días de cumplirse un año de su debut en la categoría. Fue la mejor labor del “Ciudad de Pehuajó”, aunque muchos pehuajenses no pudieron ser testigos ni aún a través de la radio, dado que solo fue transmitida por emisoras locales y zonales. Sin embargo, como la necesidad agudiza el ingenio, algunos consiguieron, de tanto ir y venir con el dial, captar la transmisión de LV 1 Radio Colón de San Juan.

En definitiva y aún con las interferencias propias de la distancia, lograron escuchar que la Chevy de Moro peleaba la punta en la serie y tras un excelente registro, largaba la final en primera fila, junto a Gradassi y Recalde y con toda una inmensa jauría detrás.

Cuando se dio la señal de partida, Gradassi picó adelante por el medio pero Moro se ubicó a su derecha muy cerca, tanto que según para el lado que fuera la curva, quedaba primero uno u otro alternativamente. Así fueron luchando metro a metro.

Cuando comenzó a caer una leve llovizna que humedeció el pavimento, la Chevy, mejor afirmada, sacó ventajas. Los pehuajenses, que escuchaban, vibraron con la noticia pero la llovizna pasó y, al secarse el circuito, los Falcon oficiales se adueñaron de la carrera.

Moro peleó como nunca pero nuevos inconvenientes lo relegaron y finalizó en el octavo lugar. A pesar de ello, ya nada podría borrar el momento en que estuvo primero. De hecho, muchos pehuajenses atesoran el ejemplar de El Gráfico donde en una enorme fotografía se observa al “Ciudad de Pehuajó” largando en primera fila.

Lamentablemente, poco tiempo después, Moro sufrió un accidente en su automóvil particular y ya no pudo volver a competir.

Sobre el final de la temporada se hizo cargo de la máquina el piloto azuleño Luis Saint Germes, quien pretendía comprarla. Participó en un par de competencias sin mayor trascendencia y la Chevy quedó en Azul donde sería acondicionada. Finalmente Saint Germes desistió de adquirirla y se retiró del TC.

En 1978, la máquina fue vendida al veterano piloto platense Antonio Bautista, recordado por haber protagonizado un trágico suceso en Bellocq durante la Vuelta de Pehuajó de 1960. Con él y su hijo, la Chevy corrió en nuestra ciudad en 1979, pero eso es otra historia.

Quedó flotando una pregunta: ¿Por qué Terrón, que era el dueño de la Chevy, no la pilotó? Nunca me lo dijo pero demostró con sus acciones que, distanciado de cualquier interés figurativo, su idea fue darle satisfacciones al pueblo de Pehuajó y por ello siempre pensó en sentar al volante a un piloto experimentado que hiciera posible el sueño de una nutrida y entusiasta afición tuerca pehuajense. Y siempre cumplió.

Roberto F. Rodríguez.

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