martes 18 de junio de 2024 - Edición Nº1618

Sociedad | 17 mar 2022

SOMOS MÚSICA 14 (Parte 3): ELEVÁNDONOS


Ya hemos trabajado bastante sobre esto de “imaginarnos” una Música y hacerla sonar internamente, en nuestra mente, en nuestra cabeza, en nuestro pensamiento o, mejor aún, en algún lugar más intuitivo y misterioso como es aquel en que se ubican las ideas inesperadas, las corazonadas o como cada quien quiera llamarles. Sí, hemos recurrido a músicas conocidas -y esa era la idea- pero el hecho de “hacerlas sonar” sin ningún medio físico no era común para nosotros, o al menos si lo hacíamos, no teníamos consciencia clara y este juego que hemos hecho, se trata -justamente- de tenerla. También, hemos metido mano intencionalmente a esas sonoridades propiciando algún cambio de voces, instrumentos y todo lo que quedara librado a la imaginación. Imaginación que, paso a paso, va a dando a algo más concreto que una simple idea y casi que podemos sentir que esa música provocada o convocada suena realmente como tal. Como primera medida, y tal como hemos dicho para las prácticas anteriores, busquemos un momento tranquilo, donde no haya mucha invasión sonora externa y, siendo muy importante esto, que no esté sonando ninguna música alrededor. Agregaría a esto último una situación ideal: haber pasado un tiempo prudencialmente largo de la última música escuchada a consciencia, para que no sea ésta la que sigue quedándose y poder invitar nuevas músicas al juego. Esto es importante porque hoy vamos a componer. Sí, intentaremos que las músicas que vengan sean inéditas, al menos, para nosotros. Estando así de tranquilos, siempre con los ojos cerrados para evitar distracciones, haremos una primera invitación a esas músicas, desde el cuerpo receptor que somos, a la manera de una radio que sintoniza determinada frecuencia, pero esta vez en lugar de pedir una música determinada, nos concentraremos en algún instrumento que nos sea familiar de escuchar: una guitarra, un piano, una trompeta, cualquiera que sea que podamos decir que lo reconoceríamos si sonara, o que ya hemos escuchado alguna vez. Esa sería la única “manipulación” que haríamos de esa música: proporcionar el instrumento con que queremos que suene. Luego, importantísimo es, volvamos a ese estado de “Tranquilidad Receptora” que habíamos propiciado antes. Cada cual podrá desarrollar la manera de convocar esta música a su gusto: imaginarse un concertista tomando el instrumento y empezando su concierto, o bien con el medio de reproducción que se elija, viéndonos accionar con nuestro dedo tal dispositivo para hacer comenzar la música, o bien, y mucho mejor, simplemente esperar a que esta aparezca. No tiene que ser mucho tiempo. Un fragmento corto en el que logremos sentir todo esto, alcanzará para darnos cuenta que podemos hacerlo. El resto, depende de cada uno y las ganas y el tiempo que considere apropiado dedicar a esta experiencia. Como ya es costumbre en estas prácticas, siempre podemos avanzar un poco más. Seguir elevándonos, que de eso se trata. Podemos ahora disponer de distintas variedades de instrumentos, desde un dúo de flauta y guitarra, hasta una orquesta completa, y ver cuáles son los elegidos por esta música que es invitada a venir, como cuerpo receptor que no debemos olvidar somos. Sí, sí… Claro es que algún conocimiento “físico” voy a tener que ir adquiriendo si quiero ampliar estas posibilidades. Debería saber cómo suena un oboe, un arpa, un sikus, etc. Cuanto más conocimiento “material” por experiencia oída tenga, mejor será, pero eso dependerá del interés de cada uno. Esa música que convocamos, quizás tome instrumentos que hayamos oído pero que no sepamos su nombre. A esta altura del cine, no hace falta ser un melómano calificado para decir “este instrumento ya lo escuché”. Hemos escuchado TODOS en las películas, con seguridad. Y nuestra mente receptora, más allá de la intención que tengamos, en algún rincón los almacena. En síntesis, podemos resumir este “Juego del Compositor” en los siguientes pasos, luego de haber hecho la práctica sugerida en las notas anteriores: 1) Lograr un estado de Tranquilidad Receptora 2) Condicionar la música a escuchar a un solo instrumento conocido. 3) Recibir esta música con el o los instrumentos que ella elija para sonar. Quien pueda ir haciendo esto, con la misma tranquilidad del punto 1), puede, en algún momento, pasar al cuarto paso, un poco más elevado y para el que hay que estar más atento a cuando ocurra: escuchar aquellas músicas que aparezcan de repente, invadiendo amorosamente esa audición interna, pero sin preparación alguna. Si se logra eso, si se siente el momento, si se está atento a recibir esa sorpresa y darle la atención que merece, ya hemos logrado el objetivo buscado: ser Compositor. Ampliaremos. Gustavo Joaquín Hernández
OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias