martes 25 de junio de 2024 - Edición Nº1625

Deportes | 22 may 2024

El último Belasteguín, en la intimidad: "Tuve mucho miedo y me traicioné a mí mismo"

El mejor jugador argentino de pádel de la historia destacó, con El Gráfico, cómo es vivir su último torneo en Argentina como profesional: el Premier Padel Mar del Plata P1 habrá marcado su vida.


MAR DEL PLATA. Esta vez lo huele distinto. El aroma tiene otro sabor. Sabe que atraviesa el epílogo y quiere vivir cada minuto, cada momento, cada instante. Fernando Belasteguín, el imán de los fanáticos, la leyenda absoluta del pádel, el impulsor del deporte en todos los torneos que se propone jugar, sabe que esta vez es diferente. Después de esta semana ya no volverá a jugar, al menos de manera profesional, en la Argentina, su país, su lugar.

Acaba de cumplir nada menos que 45 años. Lo celebró, por primera vez en dos décadas, con su familia en Pehuajó, en su ciudad natal. El domingo estuvo con su gente, acaso como nunca antes y como más. Festejó su día y el mismo lunes viajó a Mar del Plata para jugar su último certamen profesional en el país: el Mar del Plata Premier Padel P1, del circuito Premier Padel, que se disputa en el Polideportivo Islas Malvinas.

"Por el calendario fue mi primer cumpleaños acá después de dos décadas. El último que había festejado en Pehuajó había sido cuando cumplí 25. Hicimos un asado, hubo muchos amigos, fue muy lindo. Por eso me pongo a pensar y esto parece un cuento: en mi último año como profesional pude festejar mi cumpleaños en Pehuajó. Soy un agradecido", cuenta.

Belasteguín es residente, desde hace más de dos décadas, de Barcelona. Sin espacio a dudas es una de las grandes atracciones en Mar del Plata, una figura rutilante en un ambiente que rejuveneció a partir de la creación del circuito Premier Padel, que tuvo sus primeros torneos en 2022. Su imagen habrá resultado clave para el impulso hacia el crecimiento, sencillamente, porque se trata del mejor jugador de pádel de la historia, un hombre que llegó a ser el número uno del mundo durante 16 temporadas consecutivas.

Bela entiende todo: siempre supo que el trabajo del periodismo sería bisagra para difundir el pádel, el deporte que lo encumbró a lo más alto. Finalizada la conferencia de prensa lanzamiento del certamen saludó al cronista de El Gráfico y lo invitó a sentarse en una mesa del complejo Chauvin. Entonces rememoró: "¿Te acordás que en Mendoza te dije que olía el papel de El Gráfico y era único?".

Aquella conversación, en las entrañas del Aconcagua Arena de Mendoza, en el marco del Premier Padel P1, llegó a tocar su fibra más íntima. Con los ojos brillosos le contaba a este medio: "Cuando me fui a vivir a España con 20 años quería jugar con los mejores. Pasaron 24 años de eso y lo que me sigue motivando... A ver, cómo lo explico: cada vez que vengo a ver a mi familia y me voy, cuando voy por la ruta 5 de Pehuajó, los primeros 50 kilómetros lloro como un loco. Voy manejando y llorando. Siempre igual, desde que me fui a los 20".

Entonces, predispuesto como nunca y como siempre, se embarca en una nueva nota, a casi 30 años de su debut profesional justamente en Mar del Plata, cuando jugara el APP (Asociación de Profesionales de Pádel; actual AJPP) de Once Unidos en febrero de 1995. Y lo hace con una pala especial en manos: la edición limitada de su marca personal, con una bandera de Argentina en un costado y con una frase muy particular en el otro. "La gente de Wilson me hizo elegir cuatro torneos al año: España, Italia, Francia y Argentina. Entonces presentamos mi pala edición limitada de cada uno de esos países. Son 500 paletas y yo tengo la número 0. Viene con la bandera de Argentina y en cada país me hicieron poner una frase. En la de acá elegí la frase 'Donde tengo mi corazón'. Me lo hicieron escribir, al lado de mi firma, y lo pusieron al costado de la paleta".

-De Mendoza a Mar del Plata: llegaste para jugar tu último torneo en suelo argentino, ¿cómo lo vivís en lo emocional?

-Soy un jugador distinto porque tengo más años y me duelen cada vez más cosas. Mendoza era un torneo más del calendario, donde tenía ganas de jugar, pero este es especial porque es el último torneo de mi carrera en Argentina. Es en la ciudad en la que debuté de manera profesional, en febrero de 1995, cuando tenía 15 años, y mi emblemático compañero Juan Martín Díaz es de Mar del Plata. Para mí es como un cuento.

- ¿Cómo preparaste esta semana?

-Tenía mucho miedo. Estuve cuatro meses, los primeros cuatro meses de mi último año como profesional, con mucho miedo. La pasé mal; venía mal con el codo, después me rompí el gemelo, tuve miedo de perderme este torneo. Cuando llegué me saqué una mochila muy pesada de encima. Ahora empieza el año deportivo para mí. Siempre fui de entregarme al máximo, pero estos cuatro meses me traicioné a mí mismo: siempre he intentado apretar, pero tuve la sensación fea de no ir al máximo, por miedo a que me pasara algo y que me perdiera Mar del Plata.

- ¿Imaginabas todo lo que vino en el momento en que debutaste en Mar del Plata?

-No, nada. Me acuerdo que hice como tres dobles faltas del cagazo que tenía, porque debuté profesionalmente con 15 años. Hoy aquel niño se retira con un hijo de la misma edad. Claro. Es todo un recorrido.

-En cuanto al juego, ¿cómo es jugar en el drive después de tantos años como profesional del lado de revés?

-Con Agus Tapia llegué a jugar un poco de drive, en 2019, cuando venía de una lesión muy grave en el tendón y e el sóleo. Ahora lo que busco es la manera de ser lo más competitivo posible y, en mi estado, a mi edad, lo mejor es pasar a la derecha con una persona que me cubre toda la cancha como el Gato (Juan) Tello.

- ¿Cómo funciona ese cambio en lo operativo?

-El deporte no es ajeno a la evolución de la vida. Tiempo y espacio en el pádel son dos aspectos clave. Cuanto antes llegues a un espacio acortás el tiempo y mejorás la precisión. Yo me siento muy bien para ser un tipo de 45 años, comparado con otro tipo de mi edad. Pero juego con chicos de 20, 22 años. Entonces, del lado izquierdo, donde tengo que cubrir más la cancha, ese tiempo y ese espacio me quedan más lejos. Si llegás tarde en el pádel son cinco centímetros más con la pelota arriba o abajo. En el lado del drive cubro menos la cancha y eso me permite llegar más rápido en esa pequeña porción de cancha. Llego más rápido adonde tengo que llegar.

- ¿Quién sos hoy y cómo te ves de acá a cinco años?

-Me veo, sin dudas, en el mundo del pádel. Con los proyectos de Bela Padel Center, que es la creación de los clubes de mi marca Wilson Bela. Soy un deportista que supo construir una familia. Soy una persona que se preocupa; tengo las mismas preocupaciones que cualquier persona que quiere a su familia. No quiero que a mis viejos les pase nada; no quiero que a mi hermana le pase nada. Mi vida es eso. Y tuve la suerte de que me haya ido muy bien en el deporte profesional. No soy más que eso.

- ¿Tenés pensado volver más a la Argentina?

-Ojalá, sí, porque aparte quiero hacer cosas en Argentina ligadas a mi marca. Algún club, algún otro emprendimiento. Me fui físicamente de Argentina hace 24 años, pero mi mente y mi corazón están como si viviese en Argentina. Mate, música argentina; es un orgullo que mis hijos se sientan identificados con Argentina. Al final creo que lo estoy haciendo bien.

Por Pablo Amalfitano (El Gráfico)

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